martes, 16 de marzo de 2010

Otras reflexiones sobre "The hurt locker", después de haber visto la película

Después de ver "The hurt locker" lo primero que me pregunté es qué le está comunicando Hollywood (y su principal aparato propagandístico que es la ceremonia de entrega de los Oscar) al mundo, sobre todo cuando la película más valorada (mejor dirección y mejor película) es de bajísimo presupuesto, comparada por ejemplo con "Avatar", una de sus competidoras.

No he visto "Avatar" pero ante la sospecha (en estos momentos me da igual que sea infundada) que Hollywood haya supeditado una historia ("The hurt locker") frente al aparato industrial y a la rentabilidad económica del producto ("Avatar"), no tengo por menos que aplaudir. No sé, quizás Hollywood esté pensando en importar el modelo europeo de festivales (Cannes, Berlin, Venecia, San Sebastián), donde la alfombra roja y el glamour, la cosmética y las estrellas, coexisten sin problemas con las películas pequeñas que muchas veces suelen ser las premiadas, firmadas por autores muchas veces desconocidos.

Al grano. Si tuviera que definir el producto "The hurt locker" desde su punto de vista comunicativo y con un solo adjetivo, el adjetivo sería entretenido: casi dos horas de acción-no acción psico-emocional de las peripecias de un grupo militar estadounidense especializado en la desactivación de bombas en territorio iraquí (que, efectivamente, es la tierra hostil, según el título de la película en castellano). Lo que destaca del binomio acción-no acción es, sin duda, la no-acción, es decir, los puntos muertos, las esperas, los vacíos de acontecimientos, que mantienen la atención y surten de expectativas constantes a los espectadores ávidos de acción.

 El protagonista de "The hurt locker": auténtico sabor a rubio americano.

Sin salirnos del contenido de la historia de "The hurt locker", la trama dramática príncipal está compuesta por el conflicto que genera la suicida personalidad de un militar norteamericano experto en desactivar bombas y minas con sus propios compañeros, acostumbrados a otra forma de trabajar en equipo. Otras tramas son la del propio protagonista y la vida que ha dejado en EE.UU.; el compañero blanco y su miedo; el compañero negro y su frustración; el protagonista y el niño iraquí llamado Beckham, como el futbolista... En este punto surge una pregunta capital... ¿porque habrá ubicado Bigelow su película en Irak con este abanico de tramas dramáticas?

También habría que hablar de la construcción del personaje que el trailer calificaba como loco, valiente y el mejor: el protagonista de la película. Este personaje, que podría haber protagonizado hace dos décadas cualquier anuncio de tabaco de Marlboro o Winston (de hecho es el único personaje que fuma en la película, y este es un acontecimiento digno de mención en el contexto anti-tabaco yanqui que afecta incluso a la caracterización de los personajes de las películas, en las que ya casi nadie fuma) recuerda al arquetipo de yanqui que lleva hasta el extremo su individualidad como único camino a la consecución real de la libertad. Es decir, el protagonista representa el viejo modelo del "american way of life". Hay un momento en la película en la que otro de los militares destinados en Irak, que siente el orgullo de estar delante de alguien que es casi copia idéntica de ese ideal americano, se acerca al protagonista y le dice que se comporta y habla como un salvaje...

Pero ese héroe de antaño que ha colocado Bigelow en la historia, que es pura ideología dura, cigarro en mano, solitario, y hombre muy hombre, ha devenido en nuestros tiempos en un cuerpo que también alberga en su interior a su anti-héroe y en el que habita, al menos en la historia que nos cuenta Bigelow un, todavía pequeño, conflicto interior. Digamos que el conflicto del arquetipo heterosexual reside en cómo asumir la metrosexualidad que viene, metrosexualidad entendida aquí no como estética sino sobre todo con las diferentes éticas que amenazan al hombre heterosexual, entre ellas, la ética de su valentía u hombría, la ética del amor o del compromiso afectivo, y otras similares.

Entonces, un acierto de "The hurt locker" podría ser la ubicación de ese cuerpo ideológico duro en el único contexto donde ese cuerpo puede ser un héroe, una guerra, también ideología de la dura. Bigelow deja claro que fuera de ahí nuestro héroe deviene en anti-héroe. Dicho solamente esto, "The hurt locker" no puede presumir de anti-belicista, puesto que acomoda a nuestro héroe en su contexto natural. Lo anti-bélico, si es que existe, queda retratado en el difícil encaje que los otros dos protagonistas, dos jóvenes occidentales de hoy portadores de ideología blanda y que ya han recorrido parte del trayecto hacia la metrosexualidad (ejemplos: el uno tiene miedo a morir y el otro exterioriza sus sentimientos) tienen en un escenario de guerra que hasta hace pocos años había pertenecido al mundo de los hombres muy hombres.

 
Tenemos un conflicto: jóvenes de hoy en las guerras de siempre.

Reformulación de la pregunta anterior... ¿porque habrá ubicado Bigelow su película en Irak con este personaje protagonista duro y arquetípico del viejo ideal norteamericano y con esos otros dos personajes blandos y postmodernos? Quizás se podría empezar a contestar a la pregunta anteponiendo otra cuestión... ¿Qué hacen los personajes iraquíes en "The hurt locker"? La respuesta de la pregunta planteada en pasado es evidente: los iraquíes han puesto las bombas que en el presente de la historia tiene que desactivar nuestro héroe-antihéroe protagonista.

La respuesta en presente presenta más peligros de interpretación. La cosa es que abundan los planos en los que los iraquíes miran la acción desde las azoteas y las ventanas de sus casas, desde lo alto de los minaretes de las mezquitas, o desde la misma calle. Es decir, que los personajes iraquíes, asisten al espectáculo ubicados en una posición similar a la nuestra como espectadores. Y escribo espectáculo porque la puesta en escena de las actuaciones de la brigada anti-bombas es, ciertamente, espectacular, con el desalojo de todas las personas a un número de metros a la redonda, el operativo de los militares armados, los carros de combate, y ese traje anti-impacto que casi convierte al personaje en un buzo o en un astronauta.

¿Dónde están los personajes iraquíes?

Sin embargo hay una diferencia clave entre nuestro rol de espectadores occidentales y el rol de espectadores de los personajes iraquíes dentro de la historia de la película. Y esta diferencia queda marcada a fuego por la mirada de los personajes militares norteamericanos, cuyos miedos e impulsos paranoicos extremos les hacen sospechar en todos y cada uno de los personajes espectadores iraquíes como potenciales detonadores de bombas, o francotiradores, o terroristas.

Esta mirada de los soldados norteamericanos que nos separa como espectadores de los personajes espectadores (iraquíes) que hay dentro de la historia responde sólo parcialmente a la pregunta sobre la ambientación de la historia en Irak, porque Irak es un lugar real, asumible y creíble en tanto que en ese lugar, paradójicamente, es fácil conseguir una suspensión de la incredulidad (de los espectadores occidentales) que consiste en envolver las acciones de los (nuestros) protagonistas norteamericanos en un clima de miedo extremo (que tiene lugar, efectivamente, en tierra hostil), alimentado diariamente por nuestros medios de comunicación occidentales. Y creo que este detalle, esta diferencia entre nuestra mirada y su mirada, no habla mucho en favor del anti-belicismo de "The hurt locker".

 Aguanta el plano ahí, Bigelow. Aguanta el plano...

Continuando el hilo de las miradas..., las dos o tres veces fugaces en los que la cámara (y la historia) cambia de punto de vista y nos ubica en la mirada del personaje iraquí provocan una sensación de extrañeza. Resulta cuando menos confuso el propósito de esas rupturas del discurso y tono narrativos. Incluso se podría decir que dichas rupturas son gratuitas o, en el mejor de los casos, un capricho formal y estético. Ni siquiera en esa secuencia del desierto en la que los protagonistas se enfrentan a un grupo de francontiradores se puede entender que de repente estemos dentro de la caseta desde la que disparan los iraquíes. De repente, el espectador salta esa barrera invisible del miedo que envuelve a los personajes protagonistas (y a nosotros los espectadores),  en un movimiento caprichoso por improductivo para la historia y para el drama. Acto seguido Bigelow nos vuelve a colocar en el sitio desde el que no debimos salir, porque la excursión a la que nos ha empujado ha sido un viaje y una aventura a través de un vacío narrativo. Estas maniobras circenses me irritan lo justo como espectador porque a nadie le gusta que le hagan salir de un sitio para nada. Y en suma, suponen una falla en la credibilidad de la apuesta narrativa de la película y que desequilibran el conjunto.

También se resiente esa apuesta narrativa (la historia dentro del envoltorio del miedo) en el final de la historia, con la vuelta del protagonista a casa, y con la aparición en escena de su mujer y de su hijo. De repente, ubicar al espectador en un hogar de EE.UU. consigue deshinchar ese fuera de campo, hasta ese momento potentísimo, del protagonista y, también, desmontar la película mental que el espectador se había hecho sobre la vida de este hombre en su país. 

Para ver esto hubiera sido mejor no haber visto nada.

Y para el final, algunas flores. Me agrada el aspecto desaliñado de la película, porque los movimientos de cámara, la sucesión de planos y las descuidadas, a veces, fotografía e iluminación, logran documentalizar la ficción. Y los caminos de vuelta siempre me parecen interesantes.

Para los que hubieran preferido una crítica al uso en vez de una reflexión indigerible como esta, ahí va la nota que le pongo a "The hurt locker": un 4 sobre 10; o, para los amantes de la evaluación por estrellitas, 2 estrellas sobre 5; o, para los amantes del digitalismo, un dedo pulgar hacia abajo.

(En la tercera entrega sobre "The hurt locker" se intentará dilucidar si la película tiene o no discurso moral. En caso de tenerlo, se intentará descubrir su naturaleza y vincularla a su pretensión anti-belicista).


NOTA: Esta entrada corresponde a una segunda parte de tres reflexiones sobre "The hurt locker". Los enlaces de las otras dos partes son los siguientes:


4 comentarios:

Gonzo Pip dijo...

"En la tercera entrega sobre "The hurt locker" se intentará dilucidar si la película tiene o no discurso moral. En caso de tenerlo, se intentará descubrir su naturaleza y vincularla a su pretensión anti-belicista"

¿De este párrafo hay que deducir que crees que la película tiene una pretensión anti-belicista?

zabala azkez dijo...

PREGUNTA: ¿De este párrafo hay que deducir que crees que la película tiene una pretensión anti-belicista?

RESPUESTA: No.

Incomunicado dijo...

Vamos, que al final te ha gustado.

zabala azkez dijo...

Un 4, señor Incomunicado. Esa nota es un lujo. Usted sabe que solamente unas pocas películas de las pocas que yo he visto superan esa nota bajo mi torcido criterio... Jajaja.

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