domingo, 15 de junio de 2014

España: acción y efecto de descomponer o descomponerse

Siempre hubo un capítulo de la historia contemporánea de España que me pareció intrigante. Mejor dicho, siempre hubo una elipsis entre dos capítulos de la historia de España que me pareció intrigante, quizás por el ímpetu de los historiadores (o de los profesores de historia de los colegios e institutos) en pasar por alto aquello que ocurrió entre aquellos dos capítulos, una invisibilización intencionada que solía concluir con el planteamiento de una cuestión fascinante: ¿qué ocurrió en España para que se pasara de la Restauración a la proclamación de la II República? Quizás ya de más adulto uno cae en la cuenta de que la historia que se nos cuenta de niños y jóvenes en los lugares de Poder, y que insisten en hacernos ver que es historia en mayúsculas, con unos pocos personajes protagonistas sobre los que recae toda la responsabilidad de los acontecimientos que se narran, sea cuando uno empieza a poner signos de interrogación, tanto en las mentiras que se nos contó como en las verdades de lo que se nos ocultó.

¿Qué ocurrió en España para que se pasara de la Restauración a la proclamación de la II República? ¿Qué ocurrió para que del bipartidismo diseñado por la Corona borbónica se descompusiera, dando paso a la sensibilidad republicana? ¿Cuándo y de qué manera el pueblo empezó a cansarse del juego bipartidista entre conservadores y progresistas, entre todos los Cánovas y todos los Sagasta, y demás políticos de ambas ideologías que fueron abarcando el Poder Político a lo largo de los años? Algo ocurrió que no se nos contó. Alguien decidió que ese proceso de cambio formara parte de otra de las elipsis* que tanto abundan en las historias nacionales (y nacionalistas) de todos los Estados y Países.

La cosa es que estos días, quizás desde unos meses a esta parte, he vuelto a plantearme la pregunta de qué ocurrió en España para que se pasara de la Restauración a la proclamación de la II República, qué ocurrió para pasar de un Régimen Monárquico, con una dictadura de por medio (¿nos suena, verdad?) a una República, y la cosa es que he encontrado una respuesta. ¿Qué ocurrió? Lo que está pasando ahora, una serie de acontecimientos que cuando nuestros hijos y nuestros nietos estudien historia, seguramente serán invisibilizados entre el bloque que le precede (el Régimen franquista más la Monarquía de los Borbones, herencia de Francisco Franco, en Régimen democrático parlamentario con dos partidos fuertes que se han ido alternando en el Poder Político -la sombra de Cánovas y Sagasta siempre fue alargada-) y el que le antecede (quizás la III República). El proceso entre uno y otro, y que a duras penas podrá ser narrado en el futuro, es lo que en narratología se llama elipsis, y es lo que en términos políticos se ha llamado siempre la descomposición de un Régimen. En este caso, hablamos de la descomposición (qué poco le gusta este término a los voceros e historiadores del Régimen) del ideario franquista surgido en 1939, tras ganar la Guerra Civil, la imposición de los casi 40 años de Victoria del Movimiento Nacional y la imposición subsiguiente de los otros casi 40 años que llevamos de Nueva Restauración Borbónica, sustentada en el interés de la derecha tradicional postfranquista y en la vergüenza del autodenominado partido socialista.


La descomposición (1. f. Acción y efecto de descomponer o descomponerse) y la decadencia (1. f. Declinación, menoscabo, principio de debilidad o de ruina) suelen ser, entonces, los contextos socio-políticos en los que flota el contenido e(c)lipsado en los libros de historia. Shakespeare lo resume en una sola frase en su Hamlet: 'algo huele a podrido en Dinamarca'. Solamente una persona con el olfato atrofiado (o bien por su ideología interesada, o bien por ser juez y parte de dicha mierda, o bien porque realmente su conservadurismo cotidiano le impide asimilar cambio alguno, en una negación que le haría alucinar otro tipo de olores de los que realmente se respiran en el ambiente) no podría decir lo mismo de España, hoy, en 2014. Algo huele a podrido en España. El Régimen tiene diarrea (1. f. Síntoma o fenómeno morboso que consiste en evacuaciones de vientre líquidas y frecuentes) y es una diarrea mortal como la que en su momento acabó aniquilando al Régimen monárquico de Alfonso XIII. Otra cosa es, uno, que los que cuentan las historias no lo cuenten, y dos, que los cuentan las historias lo cuenten de otra forma.

Porque lo que sí hacen los historiadores oficiales de cada época y lugar, una vez que la descomposición y la muerte por diarrea se han consumado, es echar balones fuera, y diagnosticar el fin como un conjunto de fuerzas ajenas que se han aliado para acabar con lo establecido. Por ejemplo, ¿cómo nos suelen contar que terminó el Imperio Romano? Por las invasiones bárbaras, es el atajo que más usan para dar carpetazo al asunto. Y la verdad es que la primera causa del fin de la era romana no fue otra cosa que su propia putrefacción; los bárbaros aprovecharon que casi no quedaba nada dentro para entrar desde el afuera, de esta forma cruzaron los límites sin apenas resistencia. Pero no fue la presión de los pueblos bárbaros, como nos han dicho, lo que produjo el fin, sino la propia decadencia romana que se había pasado de rosca en su propio ciclo natural. Así que si ahora cae el Antiguo Régimen no será por la presión de lo que ahora se está formando y que podríamos llamar Nuevo Régimen, sino por la descomposición previa de lo Viejo. Precisamente de su hedor, y de su actividad química que construye nuevas reacciones en cadena con diversos agentes políticos y sociales, es de donde está saliendo lo Nuevo. No hay capítulo nuevo de la historia que no se haya construido de los escombros del capítulo anterior, y quien dice escombros dice detritos. Que nadie se confunda: ni los republicanos (entre los que me incluyo), ni los izquierdistas (entre los que también me incluyo) somos los bárbaros del Antiguo Régimen, solamente nos aprovecharemos de que la carcoma ya ha hecho casi todo el trabajo previo. La estructura está tambaleándose; no aguantará semejante masa podrida demasiado tiempo. 

Como en toda ficción, el final tiene que llegar. Y la ficción llamada España monárquica hace tiempo que soporta el relato de una historia cansina que solamente pide finalizar. Otras ficciones piden paso, la ficción republicana, que, por supuesto, no logrará independizarnos del contexto neoliberal mundial, por un lado, y las ficciones nacionalistas, de otro, que, por supuesto, tampoco lograrán independizarnos del mismo contexto que nos atenaza a todos. Solamente que la novedad nos excita, y la ficción nos gusta. ¡Qué importa quién esté siendo el autor de las próximas líneas de la historia! Porque bailamos su música sin importarnos la letra...


BONUS TRACK





*No es una cuestión únicamente de economización del espacio que una historia esté plagada de elipsis interesadas. Cada autor, en la redacción y desarrollo de su historia, elige qué y cómo contarla, y, por descontado, elige qué no contar. Esta decisión nunca es arbitraria: así, cada nación, como escritora de sí misma, se hincha y se respira, sobre todo, del aire narrativo que dejan las elipsis a aquellos que son adoctrinados por la vía del relato histórico.

2 comentarios:

Blue dijo...

Seguramente será una confluencia de las dos cosas. Se invade cuando se ve al enemigo debilitado, nadie ataca sin un mínimo de posibilidades de éxito.
Musutxuak, Kez.

Licantropunk dijo...

Gran cualidad la de mirar hacía atrás para entender lo que tenemos delante. No ha habido régimen político en la historia que no haya tenido sus detractores y sus palmeros. Y en régimen entra todo lo que se te ocurra, cualquier forma de gobierno de un país, de cualquier tendencia ideológica, gobierno de uno o de muchos, de izquierda o de derecha. Bailamos su música sin importarnos la letra... porque la única inquietud verdadera de la mayoría es llenar la nevera. Parafraseo una de mis entradas: "Estaba el filósofo dilucidando en la soledad de su buhardilla enrevesadas angustias existenciales cuando, de repente, llamó a la puerta el cobrador del gas. Y la angustia pasó a ser de la buena."
Saludos.

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