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sábado, 25 de junio de 2011

Los talibanes de la historia

Los talibanes de la historia suelen escribir la palabra historia con mayúsculas. La distinción mayúscula señalaría, sobre todo, una unicidad [existe una historia y es esta, y no puede ser otra] cuyo significado político sucumbe en la imposición de su [única] lectura. Y la imposición de la historia [con mayúsculas] suele travestirse muchas veces con el arma [siempre cargada] de la objetividad. 

Las cosas así, los talibanes de la historia suelen atribuirle al historiador la marca de un cuerpo sin ideología, capacitado como nadie para expulsar relatos sin sujeto, limpios de polvo [ideológico] y paja [mediática]. Para los talibanes de la historia, los historiadores tienen el deber de ser máquinas expendedoras de objetividad.

¿Y los lectores [talibanes] de la historia con mayúsculas? Ellos solamente se embriagan cayendo en la ilusión de que aquello que les están contando sobre el pasado fue realmente así, con esos pelos [impuestos] y con esas señales [objetivas]. Así son los mapas de los talibanes...

Los talibanes de la historia con mayúsculas aborrecen las historias con minúsculas. Primero porque incluyen la interpretación subjetiva del historiador [que no es más que un pobre sujeto ideológico]; segundo, porque ese ejercicio interpretativo dinamita la unicidad sagrada talibán [cada historiador cuenta una historia diferente sobre un mismo hecho]; y tercero, porque todas las historias con minúsculas que se escriben sobre hechos del pasado suelen exhibir, orgullosas, el hedor del presente [no hay hecho pasado que pueda digerirse sin los ácidos estomacales que habitan en el presente].

Estas tres respuestas desembocan en una sola, y que es la mayor de la blasfemias que puedas proferirle a un talibán: el relativismo.

Esta entrada intenta responder a la polémica surgida en los medios de comunicación españoles después de la publicación de la biografía de Franco [y de otras entradas igualmente polémicas] del Diccionario Biográfico Español. Cuando surgió [la polémica], hace unas semanas, me pregunté quién podría [en esta historia] lucir con mayor lustre el adjetivo "talibán". ¿Quién argumentaba la unicidad de la historia? ¿Quién hablaba de imponer la objetividad? ¿Quien acusaba al biógrafo [en este caso, un tal señor facha de nombre Luis Suárez] de estar "infectado" de ideología? ¿Quién hizo los mayores esfuerzos por remachar una "hache" mayúscula al principio de la palabra "historia"? La respuesta es obvia: fueron los medios de comunicación auto-denominados de izquierdas, que ladraron después de haber leído un relato que no concordaba con el suyo propio.

¿Hace falta señalar que a la inversa también ocurre [quizás más, pero ese es otro tema]: cuando los medios de comunicación de la derecha ideológica ladran [e intentan morder] después de leer los relatos históricos que no concuerdan con los suyos propios? Por si acaso, se señala.

En estos casos de absurda batalla entre talibanes de un signo y de otro, en los que unos tratan de imponer a los otros las unicidades de sus historias con mayúsculas, bastaría con que entre el título y el cuerpo de la historia se insertase la marca ideológica del historiador. De esta manera, todas las historias serían subjetivamente válidas. ¡Para qué más ambición...! Más allá de esto solamente hay ruido, ruido mediático. 

¿O hay algo más?



BONUS TRACK
 

viernes, 8 de abril de 2011

La marcha de los cerdos

Salvador Sostres ha vuelto gruñir: ha justificado el asesinato de una mujer por su ingratitud con el macho dominante que terminó matándola. La opinión pública pide su cabeza, en esta época en el que se pide la cabeza de los cerdos a la mínima. Sostienen que, además de todas los gruñidos que han terminado por construir al puerco-personaje mediático que hoy es Salvador Sostres, esta vez ha ido demasiado lejos, porque, dicen, ha incurrido en un delito de apología de la violencia de género.

No entiendo porque se le pide a Pedro J., el cerdo más lustroso de la piara, que despida a Salvador Sostres. Porque considero que los cerdos no están capacitados para ofender a los que no hablan su propia lengua, el gruñido, y no digamos ya para elaborar un complejo sistema comunicativo que, basado en simples gruñidos, logren tejer una estructura gramatical compleja susceptible de parecerse cualquier tipo de apología.

Sí entiendo, no obstante, la carta que los trabajadores de "El Mundo" han remitido al cerdo lustroso para que se expulse al cerdo hasta las cejas rebozado de mierda, tan gustoso de retozarse en sus propias heces una y otra vez, y entre gruñidos cada vez más onanistas, porque la presencia de un cerdo así en su piara seguramente les haga ser conscientes de la verdadera naturaleza de la pocilga en la que se desenvuelven a diario. 

A nadie le gusta ser consciente de su miseria: por eso, los trabajadores de "El Mundo" no es que quieran hacerle el vacío al cerdo más cerdo de todos sus cerdos, sino que solamente quieren salvar su propia dignidad. Me solidarizo con ellos, porque si el cerdo más lustroso de su pocilga no expulsara al cerdo más guarro, el resto de cerdos se replantearía su función dentro de la pocilga, un trabajo siempre demasiado ingrato [y sucio] cuando se ejecuta sobre uno mismo.

Y no entiendo, tampoco, cómo los cerdos de una de las pocilgas contiguas han logrado emitir una suerte de gruñidos con los que han construido una compleja estructura gramatical susceptible de parecerse a una apología de la defensa de la libertad de expresión. No, eso tampoco lo entiendo... Ni cómo los cerdos de la otra de las pocilgas contiguas han logrado emitir una suerte de gruñidos con los que han construido una compleja estructura gramatical susceptible de parecerse a una apología de la lapidación.

En fin.


viernes, 25 de marzo de 2011

Nosotras, las putas intelectuales

Hace unos días se publicó en los medios que el Consejo de Estado apoyaba la prohibición de los anuncios de prostitución en la prensa. De producirse, sería la enésima prohibición de la legislatura de Zapatero, y quizás la más justificable, y no por la cosa en sí [moral] del intercambio comercial entre putas y puteros, sino por la más que probable implicación en los anuncios de negocios propios de mafias de proxenetas sin escrúpulos, amigos de la trata de blancas,  explotadores de mujeres inmigrantes, etcétera. 

Visto desde ahí, nada que objetar, excepto por las bajas colaterales en forma de mujeres que se buscan y se ganan la vida con la prostitución [sin chulos de putas encima ni mafias debajo] y cuya única vía de comunicación con sus clientes es su anuncio en prensa. Para ellas, no obstante, hay una solución y está en Internet, porque Facebook puede ser el futuro de la prostitución.

De un rápido vistazo por la prensa, llama la atención que cuanto más de derechas es un periódico [desde el punto de vista partidista; desde el ideológico casi todos son conservadores], más anuncios para satisfacción de puteros acoge en sus páginas. Es decir, que buena parte de su financiación corre a cargo de las mafias que controlan las redes de prostitución. Paradoja embriagante en la que un señor de derechas compra un periódico de los suyos donde, de forma recurrente, se estigmatiza la prostitución con auténticas sobredosis de moral gruesa, al tiempo que da cobertura al negocio que criminaliza.

Esta es sin duda una de las ventajas del dinero que recauda la prensa procedente de los anuncios de prostitución. Porque ese pagador [por ser pagador atomizado] no determina el contenido informativo; antes al contrario, parece establecerse un vínculo de doble necesidad. Las empresas mediáticas, por su parte, alimentan el mito de la suciedad del oficio del folleteo por dinero, y fomentan la existencia y permanencia de estas prácticas en los márgenes de la sociedad; mientras que las mafias, por la suya, se aprovechan de esa marginalidad que les permite, precisamente por estar ahí, andar a sus anchas en el extrarradio de la legalidad. Además de paradoja embriagante, doble moral repugnante.

Los demás anunciantes que financian a los medios de comunicación [productos fabricados por multinacionales en su mayoría], sin embargo, sí determinan las noticias que nos cuentan. Un periódico o televisión que se atreva a criticar, por poner tres ejemplos, al Corte Inglés, o a Corporación Dermoestética, o a Nike, corre el riesgo de recibir una hostia considerable en su recaudación. Es la ley de la mordaza comunicativa sobre la cual el Consejo de Estado ni se pronuncia ni se pronunciará. 

Y en este sentido, la prostitución intelectual a la que nos someten las mafias oficiales que conforman los medios de comunicación masivos es mucho más peligrosa e influyente que la sexual. Y a diferencia de la carnal, la prostitución intelectual sí repercute en toda la prensa, en la de derechas y en la de izquierdas. Aquí, todas somos putas intelectuales, y nos lo tragamos [su líquido inseminador] enterito.


BONUS TRACK

lunes, 2 de agosto de 2010

¿Es Wikileaks el comienzo de un quinto poder?

En la revista impresa de "Le Monde Diplomatique", monográfico sobre la información de título "Medios de Comunicación en crisis" (Nº 3, septiembre de 2005, edición española), puede leerse un artículo donde Ignacio Ramonet reflexiona sobre la necesidad de crear "un quinto poder que informe sobre la información". En el desarrollo de su artículo (de título, precisamente, "El quinto poder"), Ramonet sostiene que este nuevo poder debería permitir "denunciar el superpoder de los medios de comunicación, de los grandes grupos mediáticos, cómplices y difusores de la globalización liberal [a partir de la construcción de una fuerza cívica ciudadana]".

Esta (nueva) necesidad surge como contraposición a unos medios de comunicación que han traicionando uno de sus estandartes fundacionales: su capacidad de ser y actuar como contrapoder. Porque, según Ramonet, "estos grandes grupos [de comunicación] ya no se proponen, como objetivo cívico, ser un cuarto poder ni denunciar los abusos contra el derecho, ni corregir las disfunciones de la democracia para pulir y perfeccionar el sistema político".
 
Wikileaks difundió en marzo de este año un vídeo en el que se da a ver cómo un helicóptero del ejército de los EE.UU. dispara y asesina a un grupo de varias personas (civiles). Wikileaks ha vuelto estos días a la notoriedad mediática después de publicar 75000 informes (secretos hasta ese momento) que detallan cómo les está yendo (a los norteamericanos en particular y a los demás países integrantes de la ONU y desplegados en suelo afgano en general) en la guerra de Afganistán.

Otra plataforma similar a Wikileaks, y operativa desde hace más tiempo, es Cryptome, cuyo secreto desvelado de más calado mediático fue el "manual de Microsoft en el que la empresa da permiso y explica a las fuerzas de seguridad estadounidenses cómo utilizar sus bases de datos para conseguir información sobre usuarios" (Daniel del Pino, "El secretismo hace aguas en la web", diario Público, 1 de agosto de 2010).

También realizan ejercicios de "esclarecimiento" similares Sun Light Foundation, National Whistelblowers Center y Confidential Informant (listado obtenido también del artículo de del Pino).


ASESINATO COLATERAL (Parte 1) - WIKILEAKS


Dicho esto, ya puede tenderse un puente en forma de pregunta entre lo que afirma y solicita Ignacio Ramonet en el artículo arriba citado y estas (nuevas) plataformas (para)periodísticas: ¿pueden desembocar las prácticas de Wikileaks, Cryptome y otras páginas web similares en el principio de la constitución de un quinto poder? La respuesta requiere más tiempo y más espacio de reflexión de los que va a tener esta entrada, pero en cualquier caso se pueden abrir dos caminos exploratorios, ambos igualmente válidos y que, a pesar de ello, conduzcan a soluciones y destinos diferentes.

Un primer camino se abre a partir de una respuesta cuyo comienzo es "No, pero..." Este "no" encierra la cualidad principal de estas plataformas con respecto a los medios de comunicación dominantes hasta la fecha, porque Wikileaks, Cryptome y otras, antes que pretender vigilar al cuarto poder o, cuando menos, cuestionarlo (no hay que olvidar que Wikileaks, antes de "airear" los documentos concernientes a Afganistán, anticipó el hecho a tres grandes de medios de comunicación; con doble propósito: uno, hincharse de prestigio y dos, no soliviantar a las grandes empresas del sector), se (auto)ubican en la estructura comunicativa como by-pass que fulminan a los intermediarios entre los hechos y las noticias surgidas de tales hechos.

El "pero" seguido de puntos suspensivos arrastra un acto de comunicación indirecto que circula desde estas nuevas plataformas hacia los ciudadanos pero también hacia los medios de comunicación actuales, en una suerte de aviso o de amonestación visible en la que se constata que ellos van a sobrepasar el límite que los medios de comunicación no pueden saltar, o bien por razones de ataduras con la publicidad, o bien por razones de ataduras con los poderes económico y político, o bien por razones de autocensura una vez que cada medio sabe dónde está y quienes son las manos que le dan de comer.

En este punto del camino abierto el "no" se llena de peros, porque Wikileaks, Cryptome y otras webs, de alguna manera, están señalando a las grandes empresas del sector de la comunicación, denunciando hasta que punto los medios de comunicación "oficiales" (los que fabrican la opinión pública y los que nos construyen, en parte, como sujetos políticos) son cómplices de tantos silencios (que comparten con los poderes establecidos) y dueños de múltiples invisibilizaciones intencionadas que tienen como principal misión perpetuar el status quo vigente, y que tantos beneficios da a quienes son los portadores reales del poder.

El segundo camino sería el opuesto al primero en apariencia: una respuesta cuyo comienzo es "Sí, pero...". Aquí el "sí" adquiere toda su importancia cuando se vincula el nacimiento del cuarto poder (la prensa) al avance tecnológico que supuso la imprenta, y que terminó, con el paso de los años, por poner todo lo viejo hasta entonces patas arriba, en beneficio de esa nueva sociedad que fue resultando a partir del poder construido a su medida por la burguesía.

Es cierto que en sus inicios la prensa no fue cuarto poder. Muchas de las primeras gacetas surgidas en diferentes monarquías de la Europa de entonces eran los aparatos de propaganda de sus monarcas. Pero no tardó mucho en ser contrapropaganda, en un ejercicio constante de la pujante burguesía por construirse una opinión pública favorable. Solamente en esa época de transición la prensa fue cuarto poder. Conforme la burguesía fue apropiándose del poder real, tras las diferentes revoluciones sociales surgidas tras sus choques con los Antiguos Regímenes de cada país, el cuarto poder fue diluyéndose hasta llegar a lo que es hoy, un poder simbiotizado con los demás poderes, incapaz de toda resistencia por ser, en sí, parte del mismo poder. 

De aquella dinámica política (que incluye la económico-social) surgieron los Estados, barriendo casi por completo las estructuras medievales dominantes durante tanto tiempo. Y de aquella dinámica surge esta en la que nos encontramos ahora, en un panorama donde los Estados están perdiendo el poder en beneficio de las grandes empresas trans(y multi)nacionales y sus juegos donde se prioriza la supremacía del mercado sobre cualquier otra variable. Es ahí, en su pretendida globalización económica donde surge una tecnología capacitada para conectar a todo el mundo, Internet, y es ahora precisamente, en este momento de transición que va desde donde estábamos hasta donde vamos donde la tecnología Internet puede generar brechas de contrapropaganda (y resistencia) contra los poderes establecidos.

Entonces, si de la invención de la imprenta surge la prensa y con ella, aunque fugaz, un cuarto poder que vigila a los otros tres, del surgimiento y consolidación de Internet surge Wikileaks, Cryptome y otras plataformas-webs, donde basta un simple acceso directo de la ciudadanía para ser puesta al corriente de lo que nos ocultan los otros cuatro poderes. Aquí sí puede vincularse la potencialidad de Internet, con cobertura mundial, con un supuesto quinto poder con capacidad de señalar, vigilar y denunciar la prácticas abusivas de los demás poderes.

El "pero" de detrás del sí y seguido de puntos suspensivos lo conformaría la necesidad previa de redefinir los poderes reales actuales. Porque si hasta ahora los poderes definidos como tales eran los poderes legislativo (Parlamento), ejecutivo (Gobierno) y judicial (Tribunales), al día de hoy dichos poderes sustentan más una naturaleza anacrónica cada vez más fosilizada que presente y activa. Por poner un ejemplo, los estados de la Europa unida han perdido su soberanía económica delegándola sobre el Banco Central Europeo, que es quien fija los tipos de interés. Es dedir, que el modelo de poder político basado en el Estado (y en los tres poderes que ya dejó señalados Montesquieu) está perdiendo fuelle; y que viene otra cosa que tiene que ver más con el poder económico y que se ejerce desde estancias supranacionales.

De este nuevo poder económico emanarían y estarían vinculados (en subordinación) todos los demás, incluidos los tres propios de los estados, el fugaz e intermitente cuarto y ahora, el quinto, surgido de la era Internet. Bastaría esperar su tiempo para que el poder que viene asimile los recursos y herramientas contrapropagandísticas (Wikileaks, etcétera) para asimilarlo en su estructura y para que trabajase en su beneficio, en la lucha por erradicar las cada día más viejas estructuras propias del Estado.

Esto es, en el nuevo patrón o paradigma del nuevo poder económico, el Estado sobra. Para el Mercado el Estado es un intermediario prescindible. Sus clientes (nosotros) cada día somos más siervos del poder económico globalizado que del poder que emana de cada Estado. Y en la eliminación de los molestos intermediarios también sobran los medios de comunicación tal y como los hemos entendido hasta ahora, como correas de transmisión, como "interpretadores" de la realidad y de los hechos que en ella acontecen, o como fabricantes de la opinión pública.

El nuevo orden económico se basta a sí mismo (sin los siempre molestos intermediarios) para construirse una clientela. Porque precisamente nosotros, hasta ahora ciudadanos con una nacionalidad determinada, somos sus intermediarios, o, dicho de otra manera, esos cuerpos (no libres) por los que circula el capital (libremente). En esa fácil ecuación no hacen falta los Estados. Porque ahora somos consumidores, o esas mercancías cuyo cometido es recibir un dinero mensual a cambio de hacerlo circular lo más rápidamente posible para que la máquina capitalista esté engrasada a perpetuidad.

Y en este panorama donde se vislumbra el ejercicio paulatino de eliminar a los intermediarios por parte del nuevo poder económico, el camino se llena de maleza, y no hay machetes ni hachas suficientes para despejar la incógnita sobre la verdadera naturaleza de webs como Wikileaks, Cryptome y otras páginas webs similares, que, imitando el patrón del poder económico emergente, puentean a los intermediarios para ofrecernos información en bruto. La pregunta que subyace aquí es si esta práctica ha sido generada por la fuerza cívica ciudadana a la que se refería Ramonet en su artículo o si esa fuerza cívica está por construirse a partir de estas nuevas prácticas (para)periodísticas.



ASESINATO COLATERAL (Parte 2) - WIKILEAKS




Pero una cosa es incontestable: Wikileaks, Cryptome y otras páginas webs similares, al día de hoy, y sin tener en cuenta otros abordajes de análisis a sus prácticas, devuelven (y dan a ver) a la opinión pública unos documentos después de que los demás poderes (sean cuales sean) y sus gabinetes de prensa (los medios de comunicación oficiales y oficialistas) nos los hayan hecho tragar en formato ficción. Y esto es, de alguna manera, devolvernos a las audiencias de noticias, o a los consumidores de "realidad", a un estatus de espectador respetado que ya habíamos perdido o que quizás nunca habíamos tenido.

Sabíamos que el género propagandístico preferido por los poderes para autopublicitarse era la ficción. Y sabemos que lo seguirá siendo. Sabíamos que el género contrapropagandístico de esos poderes era el documental. Y sabemos que lo seguirá siendo. También sabíamos donde estaba la CNN y donde seguirá estando. Y ahora sabemos donde está Wikileaks, pero no sabemos donde estará pasado un tiempo.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Crónica de una entrevista fallida a un pirata somalí

La cita es en el paseo marítimo de Mogadiscio, enfrente de la mezquita mayor, a las 10 de la mañana. Según acordamos, el pirata Black Bart y su grupo vienen a buscarme en una lancha para realizar la entrevista en alta mar.

El pirata Black Bart posa con un gesto amenazante característico.

La noche ha sido muy mala: no he pegado apenas ojo. Aquí los disparos no cesan ni de día ni de noche. La mañana también ha arrancado mal: he tenido que esperar en el hotel veinte minutos, el tiempo que han tardado unas treinta unidades de las fuerzas leales al gobierno somalí en repeler un ataque de las milicias de la Unión de Tribunales Islámicos (UTI). Desde la ventana de mi habitación he sido testigo de la batalla campal. Los policías, o los militares, yo no sé qué son, han tenido que salir huyendo, dejando sin atender a los cuerpos de cuatro de sus unidades. La sangre alrededor y su inmovilidad me hacen suponer que estaban muertos. No obstante, un terrorista barbudo ha ido uno por uno rematándolos. Después de diez minutos de calma, he salido. 

El trayecto que hay entre el hotel, en la vieja Mogadiscio, y la mezquita mayor, en la nueva, tiene unos dos kilómetros. Nada más salir a la calle, cuando doblo la primera esquina, cuatro terroristas de la UTI persiguen y alcanzan a tres mujeres jóvenes que huyen clamando perdón. Les patean en el suelo, llamándolas indignas y gritando repetidas veces "Alá en su sabiduria es grande". Como periodista de raza que soy me intereso por el caso, me introduzco en el grupo pateador y le pregunto qué ocurre a uno de los terrroristas. Me pide que participe en este ancestral ritual socio-religioso, porque Alá en su sabiduria es grande. Como periodista de raza que soy, vuelco sobre el acontecimiento todo lo que apredí en "Callejeros" como reportero becario. Por lo visto, y de esto llego a enterarme mientras agredimos a las infieles, las mujeres no pueden hablar en público en grupos sin la presencia de un terrorista. 

Cuando terminamos, los cuatro terroristas deciden arrodillarse para ofrecerle una plegaria a Alá: dos se arrodillan mirando hacia una dirección y otros dos hacia la contraria. Discuten sobre la dirección de La Meca. Uno de ellos amezana con disparar a otro si no se arrodilla en su dirección, pero no se amedrenta y dice: "Me da igual morir ahora mismo, yo tengo razón, La Meca está hacia allí". Antes de levantar la mano para señalar la dirección recibe un tiro en la cabeza de su compañero. Ahora los tres rezan en la misma dirección, la contraria a La Meca por cierto, según la brújula que acabo de sacar del bolsillo, de la colección por fascículos "Grandes aventureros" que me regaló mi madre. No les digo nada del error: es el punto uno del manual de estilo de "Callejeros", no llevarle la contraria a los personajes conflictivos como drogadictos, síndromes de Diógenes, gitanos, islamistas, etcétera.

Todos los hombres con los que me cruzo antes de llegar al lugar de la cita con Black Bart son terroristas que van armados hasta los dientes. Cuando me estoy acercando a la puerta de la mezquita, a la altura del puerto, empiezo a notar un alboroto fuera de lo común. Conforme me voy acercando me voy enterando: una masa de entidades terroristas (hombres, mujeres, niños y algún perro) se arremolina contra un hombre que ha sido enterrado de cintura para abajo. Le están lapidando, acusado de ser adúltero con una joven. Un terrorista me ofrece una piedra angulosa. Me hago el tonto. Los nervios casi delatan mi occidentalidad, pero mi barba de seis meses disuade al terrorista de seguir sospechando. No obstante, cogo la piedra, apunto al ojo derecho del adúltero y fallo. Después cogo otra, y otra. A la cuarta acierto de lleno en la parte de arriba: "así cualquiera, ya estaba muerto", me dice un terrorista que me recuerda al del cuñao de Jesús Quineto cuando se rie.

En este momento doy gracias a mi santa madre, que me puso en aviso cuando se enteró de que tenía que desplazarme a Somalia para entrevistar a un pirata; me dijo "déjate mucha barba, hijo, que allí son muy guarros". Ahora parezco Bakunin, pero interactuo con cierta dignidad en los juegos y con los habitantes de Mogadiscio, por los que me ha bastado un día para cogerles una gran simpatía. 

La masa lapidadora se disuelve cuando desde una lancha que viene haciendo eses hacia el puerto se producen varias ráfagas de disparos. Es Black Bart, que llega junto a su banda de cuatro hombres a tierra. Me invitan a subirme; antes le pido a Black Bart que pose para la fotografía.

Nada más subir a la embarcación me ofrecen todo tipo de bebidas alcohólicas: botellas de whisky, de ron, de cerveza, incluso de un Rioja alavesa. No tengo costumbre de beber mientras trabajo pero accedo a una copita de ron. Es el punto dos del código deontológico de "Callejeros": si hace falta beber se bebe, si hace falta drogarse se droga, no hay que obsesionarse con las malas dicciones y los malos encuadres, total, luego todo se arregla en el picadito del montaje. 

Uno de los lugartenientes de Black Bart introduce una cinta de cassette en un viejo reproductor. Salimos pitando al tiempo que empieza a sonar a todo trapo la canción de Julio Iglesias "Soy un truhan":

Confieso que a veces soy cuerdo y a veces loco,
y amo así la vida y tomo de todo un poco.
Me gustan las mujeres, me gusta el vino,
y si tengo que olvidarlas, bebo y olvido.

El pirata Black Bart me hace el gesto de que le gusta la canción con el pulgar; dispara varias veces al aire y se traga medio litro de qué sé yo. Y me invita a sentarme a uno de los lados de la embarcación.

El pirata Black Bart se acerca hasta mí y me dice, tartamudeando, a voz en grito, borracho y en francés, "empieza la entrevista, amigo". Saco la grabadora y le doy al REC. ¿Por qué sois piratas?, le pregunto a bocajarro. Black Bart cambia su gesto alegre y me apunta con el cañón de su arma en la frente. Yo trago saliva. Black Bart me responde secamente: "Como vuelvas a llamarme pirata te vuelo la tapa de los sesos". En ese momento se deja caer lentamente sobre mis piernas. Black Bart se ha quedado dormido, su dedo índice derecho está a punto de darle al gatillo, y su arma sigue apuntándome a la cabeza.

Mujeres en mi vida hubo que me quisieron,
pero he de confesar que otras también me hirieron.
Pero de cada momento que yo he vivido
saqué sin perjudicar el mejor partido.
 

Otro de los piratas se acerca y me dice: "No entendemos porque nos llamais piratas, ya somos mayorcitos para merecer el trato de terroristas. Enténdelo, nos duele esa discriminación que nos haceis los occidentales". 

Me quedo quieto: la situación me parece, cuando menos, embarazosa. ¿Tú no bebes?, le pregunto. No, soy un infartado, me responde, y el médico me ha prohibido el alcohol, el tabaco y las drogas. Otros dos de la pandilla, que se han sentado enfrente, están inhalando el contenido de una bolsa de plástico. El pirata Black Bart empieza a roncar. El subidón de los otros dos les hace disparar al aire mientras pronuncian frases ininteligibles y sueltan risas a trompicones. El conductor de la embarcación baila de manera muy animada la canción de Julio Iglesias, me hace el signo de la victoria entre risas. Le hago con el brazo el gesto de dar media vuelta; él me devuelve un "ok" con el pulgar pero sigue para adelante, con una sonrisa de oreja a oreja.

Y es que yo
amo la vida y amo el amor.
Soy un truhán, soy un señor,
algo bohemio y soñador.

Intento zafarme del cuerpo del pirata Black Bart hasta que me quito el fusil del mentón. Black Bart se sobresalta y dispara su arma accidentalmente; acto seguido vuelve a dormirse, otra vez con su arma apuntándome, esta vez al estómago. Vuelvo a tragar saliva. Me he quedado en una posición desde la que no puedo girarme para mirar al conductor. De repente, el motor de la embarcación se para. El conductor llega a donde estamos todos y se chuta heroína en una vena del cuello. 

Y es que yo
amo la vida y amo el amor.
Soy un truhán, soy un señor,
y casi fiel en el amor. 

Le pregunto al infartado si él sabe conducir. No me responde. Fuerzo la posición de mi cabeza sin apenas mover el cuerpo: el infartado tiene la cabeza destrozada de un disparo. El conductor me señala un atunero vasco que se ve en la línea del horizonte y antes de recostarse para dormir la mona me dice: "un día de estos, iremos a por aquel".

 Confieso que a veces soy cuerdo y a veces loco,
y amo así la vida y tomo de todo un poco.
Me gustan las mujeres, me gusta el vino,
y si tengo que olvidarlas, bebo y olvido.

La situación es límite. Me pregunto qué hacer. Pero no obtengo ninguna respuesta. En estos casos solamente se me ocurre llamar a mi madre. Su sordera le provoca una fantasía desbordante que siempre termina por contagiarme.

- Mamá, soy yo. ¿Me oyes?
- ¿Estás es una fiesta, hijo? Oigo una canción de Julio Iglesias.
- No estoy en una fiesta, mamá.
- No te oigo hijo, díle al Diskjokey que baje la música o sal tú de la discoteca.
- No estoy en una fiesta, mamá. Estoy con los piratas, ¿recuerdas?

Me gustan las mujeres, me gusta el vino...
Y si tengo que olvidarlas, bebo y olvido.

Black Bart hace "Schhhh" con la boca, y repite enfadado "como vuelvas a llamarme pirata te vuelo la tapa de los sesos".Y vuelve a dormirse.

- Hijo, esa canción le encantaba a tu padre. ¿También la escuchan los barbudos?
- No son barbudos, mamá. Son... son terroristas - le grito desesperado.
- ¿Pensionistas? Yo pensaba que te ibas al extranjero.

Y es que yo
amo la vida y amo el amor.
Soy un truhán, soy un señor,
algo bohemio y soñador.

- ¿Y que tal por Benidorm?
- Bien tirando a muy mal. Te tengo que colgar.
- Muy bien hijo, tráeme un recuerdo.

La conversación con mi madre me ha inyectado la temeridad que se precisa en este momento. La canción "Soy un truhan" termina. En un rápido movimiento dejo caer mi cuerpo para atrás, hacia el agua. El arma de Black Bart vuelve a dispararse: y el tiro le vuelve a dar al infartado. 

Empieza a sonar "La vida sigue igual"...

Hasta la costa hay unos ciento cincuenta metros. De nuevo, me acuerdo de mi madre, que tanto le insistió a mi padre en que hiciera las extraescolares de natación. 

La entrevista se me ha ido a tomar por el culo porque la grabadora no es sumergible. Después pienso que la cámara de fotos tampoco. Pero no me vengo abajo. Asumó la parte de ficción de este relato: la fotografía de arriba no pertenece a Black Bart, sino a una que he cogido al azar en Google sobre unos resultados después de haber tecleado en el motor de búsqueda "pirata somalí armado". Que la ficción tenga lugar en beneficio de la audiencia. Pienso que así es como piensan los periodistas de raza.

Unos que nacen, otros morirán;
unos que ríen, otros llorarán.
Aguas sin cauce, ríos sin mar,
penas y glorias, guerras y paz.