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domingo, 30 de enero de 2011

Selección 18 / Puedo escuchar las canciones más tristes esta noche

"Big day comming", Yo la tengo (1993)




"Decomposing trees", Galaxie 500 (1989)




"Transatlanticism", Death cab for cutie (2003)




"In silence", Low (2007)




"Diamond sea", Sonic youth (1995)

domingo, 26 de diciembre de 2010

1991: the year punk broke (Sonic Youth, 1991)






ESPACIO NO COMERCIAL










ESPACIO NO COMERCIAL





lunes, 13 de diciembre de 2010

Enrique Morente (1942-2010) y yo (1972-)

 
"Somos los que se van" (Jorge Luis Borges, antes de marchar)
 

viernes, 23 de abril de 2010

Ese extraterrestre hedoroso llamado Lino Portela

Hasta ayer no conocía a Lino Portela, uno de los periodistas (o colaboradores) musicales de "El País". Lino Portela escribió este martes 20 de abril una crítica del concierto que Sonic Youth hicieron un día anterior en la sala La Riviera, en Madrid. El Pez Abisal tiene casi toda la discografía de Sonic Youth y, además, estuvo en el concierto que critica Lino Portela. La situación sugiere este ejercicio de contra-crítica: véamos qué escribe y cómo lo escribe este tal Portela.

 
Sobre el título y subtítulo de la crítica
 
Este tal Portela títula su crítica "La contradicción de Sonic Youth". Nada que objetar a la subjetividad de estas cinco palabras, aunque una vez leída la crítica enseguida se desvela que la contradicción, en este caso, está en el sujeto que habla, que termina proyectando sus cualidades sobre el objeto de estudio.
 
El subtítulo, por su parte, ahonda y extiende la noción de contradicción que el tal Portela ha introducido desde la primera línea: "La banda exhibe en Madrid su intensidad guitarrera sin muchas sorpresas".

 
Cuerpo de la crítica: primer párrafo
 
La primera vez que el guitarrista de Enrique Morente vio a Sonic Youth, antes de colaborar con ellos, se acercó a su jefe y le dijo al oído. "Maestro, estos parece que tienen las guitarras destemplás". Es lo mismo que podría haber pensado un extraterrestre si hubiese aterrizado ayer en la sala La Riviera, de Madrid, donde el grupo de Nueva York agotó las entradas -lo mismo hizo anteayer en Barcelona; hoy repetirán en Madrid-. Destemplás, desafinadas... Lo curioso es que ese supuesto visitante alienígena, al igual que el guitarrista del cantaor, se quedaría embobado con la artillería guitarrera que el grupo desplegó anoche en la capital. Hay grupos que amas o que odias. Con Sonic Youth pueden ocurrir las dos cosas. Y al mismo tiempo.
 
Tres ideas para un comienzo dudoso: el guitarrista de Morente, un extraterrestre y la contradicción creciente. El tal Portela tiene que citar a un tercero para empezar su crítica y explicar, en un ejercicio de mutilación mucho más que de síntesis, el estilo de Sonic Youth: guitarras destempladas o desafinadas.
 
Cuando el tal Portela pretende volver en su relato a la primera persona, su incapacidad recurre a la invención de un extreterrestre y en las tribulaciones que este tal visitante alienígena hubiera tenido ante la música de Sonic Youth. El tal Portela se autorretrata a partir de esta pirueta escapista. Resulta evidente que el tal Portela se sentía como un extraterrestre en medio de este concierto, un extraterrestre que termina escribiendo que "hay grupos que amas o que odias. Con Sonic Youth pueden ocurrir las dos cosas. Y al mismo tiempo".
 
¿Quién te dijo el título de la primera canción del concierto, Portela?


Cuerpo de la crítica: segundo párrafo
 
El cuarteto es una de esas bandas aparentemente intocables con un repertorio irregular y un directo extraño sólo apto para oídos que, sin complejos, han aceptado el rollo arty y ruidista del que hacen gala. Es un grupo que ha hecho del amateurismo y del ruido un arte. Vienen a Madrid, tras años sin tocar en la capital, bajo un aura intelectual avalada por la exposición sobre recuerdos y memorabilia que hasta el 2 de mayo se mantiene abierta en el Centro de Arte Dos de Mayo de la Comunidad de Madrid, con sede en Móstoles. Pero lo cierto es que a Sonic Youth hay que hacer un esfuerzo para escucharlo. Hay que creérselo. Si no, estás fuera. Hay que entenderlo, si no te parecerán un timo. Anoche las 2.500 personas que llenaron la sala se lo creyeron. Y no sólo porque habían pagado 36 euros de entrada sino también porque el grupo centró su repertorio en sus grandes éxitos y en un más que digno último disco, The Eternal: una segunda juventud que, pese a que todos los integrantes pasan de los cincuenta, es bastante creíble.
 
... y desde el párrafo dos cualquiera que conozca un poco el trabajo de Sonic Youth ya es consciente de que este tal Portela no tiene ni puta idea de lo que está escribiendo.
 
El pobre Portela, ante tan extraño concierto (que es como se seguiría sintiendo su personaje el extraterrestre), se enmaraña en una retahíla de etiquetas (rollo arty, ruidismo, amateurismo, aura intelectual) de la que ya no va a ser posible salida alguna: "lo cierto es que a Sonic Youth hay que hacer un esfuerzo para escucharlo. Hay que creérselo. Si no, estás fuera. Hay que entenderlo, si no te parecerán un timo". Este ejercicio de voluntarismo y, en fin, de esfuerzo, que el tal Portela generaliza es - este señor no deja de hacerse autorretratos - el ejercicio de voluntarismo que él necesitó para imaginarse como un humano más poco después de aterrizar en La Riviera con su nave interespecial...
 
Pero lo gordo de este segundo párrafo llega casi al final. Porque hasta ahora el tal Portela, en su relato, ha hecho literatura, de la mala pero literatura al fin, con sus personajes y con sus miserias propias proyectadas sobre sus personajes, y hasta esto es perdonable. El tal Portela da el salto de la opinión a la información sin red y se mete la gran hostia, porque Sonic Youth no tocó ni una de las canciones de su último disco "The eternal".
 
El tal Portela ni se ha documentado (musicalmente) ni ha contrastado su información.


Cuerpo de la crítica: tercer párrafo
 
Arrancaron con Schizophenia, uno de sus temas estrella que el público recibió sin mucha euforia (o sería alegría interior). Porque reconozcámoslo: Sonic Youth no son la alegría de la huerta. Tampoco lo pretenden. Con Hey Joni o Silver Rocket, en media hora, el público empezó a entrar en calor, pero con esa excitación contenida de como-son-unos-clásicos-mejor-prestar-atención-que-bailarlos. Pocos se desmelenaron.
 
¿Qué ocurre entonces? Que cuando nos encontramos con el tercer párrafo (una vez que se sabe que el tal Portela no tiene ni puta idea de Sonic Youth, que no conoce su repertorio y que ni siquiera se ha documentado para contrastar lo que escribe) sus opiniones, que hasta ahora solamente eran un tanto molestas (para quien escribe, degustador de la música de Sonic Youth), empiezan a resultar asquerosas.
 
Entonces sus cuñitas despectivas del tipo "sería alegría interior" o "como-son-clásicos-mejor-prestar-atención-que-bailarlos" refiriéndose a la respuesta emocional del público - el extraterrestre, en vista de que no entendía lo que estaba ocurriendo arriba miró abajo y siguió sin entender nada - adquieren una dimensión putrefacta, y, en su justa medida, proporcional a su falta de credibilidad.
 
Es el momento de decir que el tal Portela huele mal. Sus sucesivos autorretratos le definen como uno de esos enteradillos que tanto pueblan en las páginas de "El País" en asuntos relacionados en eso que ellos y otros medios masivos llaman cultura. Y claro, la suma de unos cuantos hedores dan como resultado ese hedor gigante que se llama Grupo Prisa.


Cuerpo de la crítica: cuarto párrafo
 
Guste o no, Sonic Youth se ha convertido en un dinosaurio del rock -alternativo, pero dinosaurio al fin y al cabo-, y son grandes representantes del punk o noise adulto. ¿No me creen? Un ejemplo de cómo cambian las cosas con el tiempo: hasta la marca Fender, como regalo por su 30 cumpleaños como grupo, ha comercializado dos guitarras del modelo Jazzmaster con los nombres de los guitarristas Lee Ranaldo y Thurston Moore. A 1.900 euros del ala. Si se lo cuentan cuando empezaron, en los ochenta, ni ellos hubieran dado crédito.
 
El hedoroso Portela, preso de su telaraña de etiquetas, pretende abrir ahora una salida a su propia cárcel, precisamente con más etiquetas: dinosaurios del rock, alternativos, representantes del punk, noise adulto (¡noise adulto!, ¡hace falta ser gilipollas para decir esto!) para terminar este párrafo con una anécdota fetichista.


Cuerpo de la crítica: quinto y último párrafo
 
No hubo excesivas sorpresas durante las dos horas de concierto. Sí intensidad guitarrera y también momentos de desorden musical y desesperación. Así suenan estos estadounidenses: ruidosos (recuerden que a esto en los noventa se le llamó noise) y emocionantes. A ratos excitantes, brillantes, profundos, intensos y melódicos. A ratos ásperos, caóticos, reiterativos y cansinos. Pero siempre profesionales y como un tiro (Death Valley '69 sonó brutal). Quizá ahí resida el genio de Sonic Youth: en la contradicción. O no.
 
El tal Portela concluye con un párrafo apoteósico donde vuelca toda una artillería puesta ahí para justificar la contradicción que protagoniza el título de la crítica. La contradicción que proyecta sobre Sonic Youth escribiendo el "A ratos excitantes, brillantes, profundos, intensos y melódicos. A ratos ásperos, caóticos, reiterativos y cansinos" da paso a la propia contradicción del comentarista con el "quizá ahí resida el genio de Sonic Youth: en la contradicción. O no".
 
Definitivamente este "o no" final es lo más verosimil de todo el relato que escribe este tal Portela.
 
Otra entrada de blog que escribe sobre este mismo tema es Sonic Youth y El País. Y otra entrada de blog que escribe sobre otras pajas mentales de este hedoroso extraterrestre es Lino Portela en El País de las mentirijillas.
 
En fin, diríase que "El País" no deja de darnos ejemplos de buenas y serias prácticas periodísticas.
 
19 de Abril de 2010. Sonic Youth abren su concierto en La Riviera con "Schizophenia". El Pez Abisal se la dedica a Lino Portela, para que la vea, tranquilamente sentado, y sin humanos alegres interiormente alrededor, a los mandos de su nave interespacial, en busca de nuevos y contradictorios lugares habitados: