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lunes, 1 de abril de 2013

Viaje de redención

No recuerdo con exactitud un aforismo de Nietzsche, que decía algo así como que más vale una afirmación rotunda que cualquier demostración; o que donde hay una afirmación fuerte no cabe su demostración; o que cualquier demostración siempre debilita toda afirmación ya expresada; o que cuidado con malograr una rotunda afirmación con baldías demostraciones... No recuerdo... Intenté rescatarlo de la memoria el sábado por la noche, mientras veía a Ada Colau, la portavoz de Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), en el programa "La Sexta Noche", explicando [e intentando demostrar, también, su legalidad] qué es el escrache; y he intentado rescatarlo también hoy, mientras escribo esto, sin suerte, ni siquiera por la vía de la búsqueda en Internet. Aún así, comienzo con este aforismo, cualquiera que sea, porque en él reside la idea sobre la que va a orbitar todo lo que se va a decir a partir de aquí.

En agosto del año pasado, miembros del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), liderados por el alcalde de Marinaleda, José Manuel Sánchez Gordillo, asaltaron dos supermercados, Mercadona y Carrefour, en Écija y Arcos de la Frontera, respectivamente . Se llevaron varios carros de alimentos, que después repartieron para varias familias sin recursos. No hay mayor afirmación, o, dicho de otra forma, no cabe mayor rotundidad en una afirmación, que un acto en sí, cualquiera que sea la naturaleza del acto en sí. En este caso, el acto en sí del SAT encierra toda la potencia comunicativa necesaria en este contexto determinado, de crisis económica que golpea, sobre todo, a los más desfavorecidos... 

Este acto en sí del SAT dibujó un relato simple, como lo son casi todos los relatos que consumimos en los medios; con dos personajes gruesamente perfilados, ricos y pobres; y un objeto cuya no pertenencia resalta la magnitud del conflicto, la comida. Es decir, que el acto en sí del SAT, de por sí, ya tenía la fuerza comunicativa y, no olvidemos, espectacular, necesaria para que los medios de comunicación se interesasen por darle cierto recorrido en sus espacios informativos. Una vez que el SAT puso su acto en sí sobre la mesa, los medios (esos buitres que nosotros alimentamos) hicieron todo lo posible por destrozarlo, darle la vuelta, encontrarle el punto débil, para, finalmente, reconducirlo de tal manera que los buenos iniciales se conviertan en los malos finales, y viceversa. Sabemos que los medios de comunicación tienen la capacidad de reescribir estos relatos revolucionarios (digámoslo así para entendernos) hasta amoldarlos a la fuerza contrarrevolucionaria que necesita nuestra mirada, domesticada ya hasta ese extremo, acostumbrada a dejarse morir una vez que todo ha vuelto a su sitio, o al principio. Es la muerte (cotidiana) después del deseo (subversivo); no más.  

Lo interesante en el caso del SAT es comprobar de qué forma, algo que ya de por sí nace de forma póstuma (cualquier hecho revolucionario) y que, una vez en el mercado de los informativos, solamente cabe esperar a su proceso de trituración selectiva que convierta el producto en apto para el consumo seguro, eso..., lo interesante aquí es comprobar de qué forma y hasta qué punto los propios protagonistas del acto en sí aceleran el proceso de desvirtuación del acto en sí, postulándose como sus cabezas visibles en los medios de comunicación. ¿Cabe mayor patetismo que el de José Manuel Sánchez Gordillo explicando en Tele 5, frente a Jordi González y la piara de tertulianos alrederor, por qué se hizo el acto en sí? ¿Por qué los protagonistas del acto en sí necesitan volver a ser los protagonistas, pero esta vez del "making of"? Semejante pretensión de ser el centro post-propagandístico del acto en sí solamente puede operar como neutralizador del acto en sí, cuya potencia propagandística está fuera de toda duda. De esta forma, quien hace el acto en sí, termina participando, de forma activa, en la negación del acto en sí. Es la lógica esquizoide del tardocapitalismo, en la que todos, sin excepción, andamos metidos hasta las trancas. En aquella aparición televisiva, Sánchez Gordillo anunció en exclusiva que habría más asaltos. ¡Hasta hoy...!

El sábado, viendo como una aplicada Ada Colau se movía como pez en el agua entre los tertulianos del programa de "La Sexta Noche", también recordé la lucha, hace unos meses, de los mineros leoneses y asturianos, cuyo acto en sí supuso temporalmente un monumento colosal a la resistencia. Y recuerdo como entonces un amigo me dijo que para que los mineros tuvieran más opciones de lograr sus objetivos debían salir más en los medios. Me puso el ejemplo del programa de Ana Rosa Quintana; van allí dos o tres y exponen sus reivindicaciones; de esta forma su voz llega a más gente. Yo no estaba de acuerdo, por supuesto, porque las escopetas que te ofrecen para disparar en la televisión tienen un retroceso formidable, incontrolable lo mires por donde lo mires.

El acto en sí de los mineros, visto hoy, fue la crónica de una lucha perdida; pero con una dignidad mayúscula que radicó en aguantar, aun sabiendo que el final más amargo y triste estaba por llegar, más pronto que tarde. No sé si los mineros llegaron a ir a Tele 5 a exhibir y explicar su acto en sí; pero sí los vi en un reportaje de un magazine semanal de los que acompañan los periódicos cada domingo. Allí estaban, no los mineros, sino unos personajes caracterizados como mineros; con sus caras manchadas a conciencia, maquilladas para la ocasión; posando en actitud de trabajo unas veces, o de modelo que mira a la cámara, otras. Un reportaje donde la resistencia había dado paso a la decadencia; donde los personajes que actuaban como modelos frente al periodista, intentaban explicar el porqué de su lucha, de su acto en sí. Otra vez, la mirada del espectador, o del lector de los medios, podía respirar tranquila: la poca mecha revolucionaria había sido ya revertida, hasta lograr que el espectáculo salvaje de los disparos con mortero, las barricadas de fuego en las carreteras y los mineros de verdad enfrentándose a los cuerpos armados y represivos del Estado, habían sido denigrados hasta ser protagonistas de un espectáculo domesticado en forma de reportaje apto para todos los públicos. Es otro ejemplo de como los propios protagonistas terminan jugando al juego esquizoide que les obliga a ser sus propios antagonistas. En el reportaje, los mineros se mostraron convencidos de que seguirían luchando hasta conseguir sus objetivos, pero la resistencia minera murió pocos días después.

La pregunta es, entonces, ¿para qué explicar un acto en sí, si se explica por sí mismo? Si el acto en sí es una afirmación rotunda, sin concesiones... ¿por qué desvirtuarla en los medios? Si el escenario natural del acto en sí es la calle... ¿por qué someterlo a la dictadura de los platós de televisión? Y vuelvo a Ada Colau, la portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca; ¿qué necesidad hay de explicar el escrache? Yo, por ejemplo, no tengo ninguna duda en asimilar el escrache como una forma directa de comunicación con quien sea que sea el objeto de la protesta, pero si empiezo a analizar los pormenores legales..., seguro que empiezan a entrarme las dudas, porque enseguida cada uno de nosotros activamos nuestras alarmas contrarrevolucionarias; estamos programados para eso. 

En "La Sexta Noche", unos y otros hablaron sobre el escrache (práctica) y todo fueron palabras (teoría)... Con contertulios a favor y contertulios en contra; la ilusión de un dispositivo televisivo que se autodenomina democrático. Que si legalidad para arriba, que si legalidad para abajo; que si acto de protesta sí, pero acto violento no; que si la libertad de unos frente a la necesidad de otros, y un largo y penoso etcétera que solamente puede emponzoñar lo que sea que sea el escrache, que, en cualquier caso, solamente es un acto en sí que se basta a sí mismo como relato espectacular. Y efectivo al cien por cien, desde el punto de vista comunicativo. Si Ada Colau entra en el debate de si el escrache es violento o no, lo que hace es legitimar el debate que lo cuestiona, no al acto en sí que intenta explicar. 

El sábado, Ada Colau, como otros personajes que nos está dando la crisis a los telespectadores, fue un Sánchez Gordillo autodevaluado, caricaturizado, o no más que unos mineros entre bambalinas, con sus monos de trabajo aptos para cualquier photocall, personajes, todos, más pendientes de gustar a sus padres que de dar ejemplo a sus hijos. El espectáculo les y nos subyuga. Y las luces de los platós de televisión continúan siendo la última atracción de los insectos de carretera, que mueren estampados contra los parabrisas de los coches. La diferencia entre los insectos y nosotros es que nosotros sí sabemos que la luz es la muerte, y aún así, seguimos eligiendo la luz. Porque damos nuestra vida por el Imperio, el espectáculo.

Quiero terminar subrayando que también Ada Colau dijo el sábado en televisión que los actos de escrache continuarán haciéndose...

(Murmullos en la sala)


BONUS TRACK

jueves, 11 de octubre de 2012

Los fascistas carroñeros, valga la redundancia

La maquinaria fascista está en marcha: el endurecimiento de las penas que contempla la reforma del Código penal constata el ultrapopulismo de un gobierno que se mueve al son de los programas televisivos de Ana Rosa Quintana y de Susana Griso.

¿Quién duda ya de que "El programa de Ana Rosa" (Tele 5) y "Espejo público" (Antena 3) soportan una densidad ideológica infinitamente superior a la que se destila en cualquier contenido político de cualquier informativo? Esos programas son auténticas máquinas de crear opinión, y su peligro radica precisamente en que su ideología pasa desapercibida bajo la apariencia vistosa y, entretenida, de un patio verdulero.

Cada día, en estos programas, se inyectó la necesidad de una Justicia Social; y ahora Gallardón se la regala, como perro condescendiente con su amo. El gobierno sabe muy bien sobre qué tipo de gente ejecuta sus decisiones, sobre esa chusma anónima o esa audiencia millonaria que mira la televisión pensando que se está entreteniendo cuando en realidad está siendo adiestrada. La ideología ultraconservadora se mueve bien en la salsa sensacionalista, verdadero caldo de cultivo del populismo que no tiene por menos de acabar en fascismo

No debemos olvidar que en todo principio de fascismo, la gente quiere venganza, amparándose en deseos siempre primarios y viscerales: el gobierno obedece, y le da cuerpo racional en forma de ley. Así es como de forma casi imperceptible, el fascismo se va legitimando.

Los fascistas son animales carroñeros; después de comerse el cuerpo muerto y podrido que hoy Gallardón les ha puesto sobre la mesa, pedirán más: su voracidad responde a un hambre de siglos, continuamente insatisfecho.




NOTA: Esta entrada es el resultado de sumar un texto publicado hoy en el Muro de Facebook y un vídeo ["In Ictu Oculi", Greta Alfaro] que ya se vio en el Blog Abisal en abril de 2011.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

¿En qué clase de animal se está convirtiendo Tele 5?




Tele 5 se nutre a sí misma de sus propios contenidos. Ella misma se fabrica a sus personajes y ella misma los explota, exhibiéndolos como personajes de feria en cada uno de sus programas. La cadena entera ha ido asumiendo el modelo de su programa estrella, Gran Hermano, hasta convertirse en una gran casa donde la mayoría de personajes hacen de su vida una experiencia tele-realizada. No, a la cadena de Basile no le hace falta una realidad [externa] para interpretarla; ella misma se construye la suya [interna] con la que alimentarse a sí misma y dar de comer a su audiencia.

El hecho de no interpretar la realidad para convertirla en contenido, convierte a Tele 5 en otra cosa muy distinta a un medio de comunicación. Una de las funciones principales de un medio de comunicación es la de construir opinión pública; y lo único que hace Tele 5 con la opinión pública es neutralizarla. No se puede obviar que es la cadena de mayor audiencia en España, de la misma forma que no se puede obviar que la inmensa mayoría de españoles vota al PP y al PSOE. ¿Casualidad?, no, las casualidades solamente existen en los guiones de Almodovar.

Una de las excepciones, o cuando Tele 5 sale al exterior a mirar qué pasa y para cazar aquello que va a ofrecer a su audiencia, son sus informativos [por llamarlos de una manera que los identifique]. Aquí es donde nos dibuja una realidad hostil, desagradable, oscura, en un ejercicio innegable de sensacionalismo. Casi la mitad de las noticias suelen ser de sucesos; casi la otra mitad, de deportes; el resto, de política y de hechos absurdos... Tele 5, cuando fotografía el exterior, invita constantemente a su audiencia hacia el interior, hacia el repliegue, hacia la zona de seguridad, porque todo ahí afuera parece estar descomponiéndose. Y ni que decir tiene qué tipo de voto [conservador] activa ese mensaje sostenido de miedo...

Tele 5 es ya la viva imagen de su mentor Berlusconi, ese señor atrapado en su falla narcisista, incapaz de dejar de mirarse a sí mismo. Monumento al onanismo patológico, Berlusconi no puede fantasear con otro objeto que no sea él mismo. No hay vida más allá de Berlusconi, de la misma forma que cada vez hay menos vida más allá de Tele 5. Y no deberíamos olvidar que un país no se berlusconiza si previamente no se han berlusconizado sus medios.

Lo dicho, Tele 5 es una escolopendra comiéndose a sí misma...

miércoles, 20 de abril de 2011

In ictu oculi (Greta Alfaro, 2009)

He descubierto esta pieza en el último número de Blogs&Docs. La autora [Greta Alfaro], en su blog, In praise of the best [visita recomendable] escribe lo siguiente:

Trabajo sobre lo oculto y lo inesperado. Vivimos nuestras vidas gobernados por reglas creadas para controlar el caos y la vulnerabilidad. Pero lo que a mí me interesa son los hechos que tratamos de esconder o reprimir, las diferencias entre lo privado y lo público, la visibilidad de nuestra hipocresía cotidiana.

A mi me ha recordado a la audiencia televisiva..., porque también se come [nos comemos] todo lo que le [nos] echan. También ha sido inevitable acordarme de una frase que salía en un disco de Sr. Chinarro [no sé si en el primero o en el segundo]: "No acudieron buitres pues también habían muerto". Que también, claro, puede aplicarse a la audiencia...
 
¡A ver que os parece...!

 

jueves, 18 de noviembre de 2010

La mujer de tres metros

lunes, 15 de noviembre de 2010

Algo más que mujeres ricas


Resultado de la II Encuesta a los lectores abisales: ¿Contra qué programa de La Sexta quieres que escupa próximamente el Blog Abisal? [sobre 133 votos totales]. Y el escupitajo es para [...(redoble de tambores)...] MUJERES RICAS.

1ª.- Mujeres ricas / 73 votos
2ª.- La Sexta Noticias / 23 votos
3ª.- El intermedio / 18 votos
4ª.- Buenafuente / 12 votos
5ª.- Sé lo que hicisteis... / 7 votos

NOTA: He vuelto a perder. Mis preferencias eran, primera, "Sé lo que hicisteis..." y segunda, "La Sexta Noticias". Así que en cuanto a lo de manipular encuestas todavía tengo muchas cosas que aprender.

A los [muchos] que votasteis, muchas gracias por participar. 



"Mujeres ricas" es un programa que responde al formato híbrido televisivo llamado "docu-reality". En este caso, la parte "docu" intentaría reflejar la vida de estas mujeres dentro de sus contextos sociales, mientras que la parte "reality" la conformarían todas las situaciones que el programa fuerza [tres ejemplos vistos en el último programa: que la mujer rica cocine, que la mujer rica limpie la mierda de los caballos, que la mujer rica vaya a comprar al mercado] para sacar a las protagonistas de esos contextos favorables para ubicarlas en escenas y escenarios proclives a la espectacularización narrativa [por puro contraste].

La mitad del mérito de los "docu-realitys" procede del casting. El objetivo de todo casting es la búsqueda de buenos personajes que puedan ejecutar fielmente los papeles propuestos al servicio de la historia que quiere contar la empresa que convoca el casting. Y "Mujeres ricas" no es una excepción: hubo un guión previo al casting, donde quedaron escritos qué perfiles de personajes eran los ideales para que fluyera la historia que querían contarnos. Y en vista de los personajes que escogieron para "Mujeres ricas", la ideología previa del programa buscaba algo más que mujeres ricas; también deberían responder a otros perfiles como el ser frívolas, extrovertidas, presumidas, pendientes de su imagen, etcétera, y, lo más importante, que además de todo fueran un poco tontunas, para facilitar el manejo o la manipulación prevista por el programa. 

Porque una cosa es evidente: no hay personaje de "reality" ni de "docu-reality" que carezca del perfil tontuno que precisa la maquinaria televisiva para lanzar sus historias a la audiencia. Y aquí no hay distinción de clase, raza o religión: el personaje de "reality" se define porque le falta, cuando menos, un hervor. Y todas la televisiones y las productoras que trabajan para las televisiones lo saben, saben que la materia prima de los "realitys" es la tontuna que habita en unos humanos más que en otros. En resumen, que las televisiones y las productoras se aprovechan de esos humanos que albergan mayores niveles de estupidez que la media, para ubicarlos como personajes que tienen la capacidad de creer interpretarse a sí mismos al tiempo que son incapaces de ver el guión al que están siendo sometidos.

En este sentido, "Mujeres ricas" ofrece una novedad con respecto a "Callejeros" [se recomienda la lectura, sobre todo, de los últimos tres párrafos de otra entrada del Blog Abisal: "La auténtica dimensión y profundidad de Callejeros"] y es que ubica a sus personajes [mujeres ricas en la vida real] en la misma posición de salida que los personajes [pobres en la vida real] de "Callejeros", es decir, en un uso y abuso interesado de las circunstancias vitales de los personajes para exprimir de ellas la mayor cantidad de espectáculo posible. Sobre esto habría que añadir a favor de "Mujeres ricas" que ostenta mayor dosis de "verdad", en tanto que asume [y no esconde] la espectacularidad de la parte "reality" de su formato, mientras que "Callejeros" [con formato de reportaje periodístico 2.0] continua esforzándose por hacernos creer que su producto tiene vocación de denuncia social cuando en realidad es carnaza sensacionalista.

Pero... ¿qué proyección de la riqueza propone "Mujeres ricas"? Por un lado propone una riqueza susceptible de ser envidiada; una vida ociosa, en la que se puede materializar casi cualquier capricho; un mundo sin apenas preocupaciones y en el que casi todo es posible gracias a la sobreabundancia económica de sus personajes. Por otro lado, se propone una riqueza hueca, un mundo insolidario y la minusvalía humana en la que viven estos personajes, proyección conseguida a partir de las situaciones forzadas por el equipo de guionización.

De esta manera, la audiencia recibe el impacto de un discurso esquizofrénico sobre esos personajes y sobre su riqueza, esto es, ni revolucionario ni reaccionario, pero sí en cualquier caso paralizante, tanto que con toda seguridad se podría decir que "Mujeres ricas" logra que gran parte de los espectadores que siguen las aventuras de sus protagonistas odie y quiera a partes iguales a todas ellas. Y esto, en conjunto, solamente ha sido posible gracias al perfil tontuno [un tesoro en manos de los ideólogos de este programa así como de cualquier "reality"] de estas mujeres ricas en la realidad que se [re]interpretan a sí mismas en el programa que protagonizan.

La proyección, aquí y ahora, claro, recae sobre una audiencia [la amplia clase media española] con el aliento de la crisis económica más cerca de la nuca que nunca. Pero lo que transcurre en sus pantallas, como se ha dicho, tiene un efecto paralizante, porque el producto final es puro espectáculo, y en realidad el espectador asiste a un simulacro de riqueza, vaciado [en la superficie del relato] de todo signo ideológico susceptible de hacer tomar partido hacia un lado [el odio] u otro [el amor].

Llama la atención que sea La Sexta con "Mujeres ricas", cadena de televisión que orbita sobre un magma ideológico progresista, la que juegue a ofrecer esta proyección de la riqueza hacia la audiencia, con un efecto claramente narcotizante sobre el tema en cuestión. Lo cual abre el debate sobre a qué tipo de espectador va dirigido el programa así cómo qué tipo de espectador nuevo quiere construir La Sexta. La respuesta es obvia: La Sexta se dirige a la misma audiencia que las demás cadenas; es decir, que asume el juego competitivo de bailar al son que marcan los pocos audímetros repartidos por España. Y jugar al mismo juego que las demás coloca a La Sexta en su órbita real [donde están todas] y que no es otra que la órbita cuya fuerza gravitatoria principal está provocada por el magma padre, el poder económico, sobre el que giran tanto las televisiones autodenominadas progresistas como las televisiones autoabanderadas de la libertad [liberal].

La unidad mínima de fuerza gravitatoria que une a las televisiones con sus dueños [las multinacionales] es el "spot" publicitario. A veces se nos olvida a qué estamos jugando y qué lugar ocupamos como espectadores cuando vemos la televisión. El juego es el siguiente: las grandes multinacionales pagan a las televisiones para que hagan el ejercicio de retener al mayor número de espectadores para que se mantenga expuesto a sus anuncios de venta. Luego podemos quedarnos en la superficie [o en el contenido de los programas] y debatir sobre tal y cual programa, o de si somos libres o no para ver tal o cual cadena, o de si merecemos la mierda que nos ponen o de si vemos mierda porque es lo único que hay en la parrilla... El contenido de los programas, los programas mismos, incluso las televisiones, son el pretexto, de la misma forma que los partidos políticos y el sistema democrático que los sustenta lo son en relación al poder económico [invisible], que es quien ha marcado las reglas y quien ha repartido las cartas del juego.

Lo dicho sintetiza que la audiencia [y las cadenas] lejos de separarse en bloques ideológicos, solamente lo hace en bloques de mayor o menor poder adquisitivo, bloques, eso sí, ubicados en el amplio espectro que forma la clase media española. Es lo que el mundo publicitario denomina "target". De esta manera, "Mujeres ricas" estaría destinado a un público femenino de clase media casi baja, un "target" donde es más fácil colar contenido espectacular-sensacionalista vía "reality" ["target" de lo centrífugo: en el que esa parte de la audiencia pueda desaguar emociones a partir de la proyección de la riqueza y bienestar ajenos], mientras que, por ejemplo, "Mujeres desesperadas" [cuyas protagonistas también son ricas] estaría destinado a un público femenino de clase media casi alta, un "target" donde es más fácil colar un contenido de ficción racionalista ["target" de lo centrípeto: en el que la audiencia pueda auto-proyectarse, con las miserias y los líos emocionales de los protagonistas que bien pudieran ser los suyos propios].

Propongo el ejercicio de comprobar qué tipos de productos de consumo se anuncian antes, durante, y después, de "Mujeres ricas". Seguro que no faltan, por ejemplo, productos cosméticos asequibles para el bolsillo de la espectadora, en una incitación a la belleza de la mujer real [pobre o medio pobre] después de haber asistido a una sesión de rejuvenecimiento de la piel de alguna de las protagonistas, mujer de ficción [rica o casi rica]. Es la materialización de la proyección que se ha descrito más arriba, o de como en la parálisis esquizoide que nos propone "Mujeres ricas" se abre una grieta por el que asoma un movimiento futuro: el viaje ritual al supermercado, ese lugar que, a ciencia cierta, también se habrá publicitado antes, durante, o después, del producto televisivo en cuestión.

El juego de "Mujeres ricas" [como en el resto de programas] tiene lugar en el fuera de campo, y somos nosotros los espectadores [la mercancía y los intermediarios en la circulación de los pequeños capitales] quienes estamos en juego. Porque las tontunas son solamente unas pobres personas que sobreactúan en su papel de personajes ricos y que, sin ni siquiera ellas saberlo, nos distraen lo suficiente como para que no nos veamos a nosotros mismos como los tontunos de un juego que desconocemos.

lunes, 25 de octubre de 2010

Intereconomía: el miedo y la risa


Resultado de la I Encuesta a los lectores abisales: ¿Contra qué televisión quieres que escupa próximamente el Blog Abisal? [sobre 28 votos totales]. Y el escupitajo es para [...(redoble de tambores)...] INTERECONOMÍA TV.

1ª.- Intereconomía TV / 12 votos
2ª.- La Sexta / 11 votos
3ª.- Tele 5 / 4 votos
4ª.- Veo TV / 1 voto
5ª.- La 10 / Ningún voto

NOTA 1: Esta entrada se va a elaborar con dos condicionantes previos: no usar ningún insulto y no escribir la palabra ultraderecha [ni sinónimos como fascismo, ni ninguna de sus palabras derivadas]. Ya que me habéis sometido a este castigo, amigos/as lectores/as, dejadme, por lo menos, jugar un poquito.

NOTA 2: Tengo que reconocer que yo quería que ganase La Sexta. Eso explica por qué la ubiqué en el último lugar de las opciones y por qué fue la única con una línea editorial "progresista" de entre todas las que se podían votar. ¿Intento de manipulación? Sí. Pero al final, como veis, he perdido; por contra, Intereconomía TV ha ganado. En la próxima encuesta [que ya está en la columna derecha del Blog Abisal] agudizo el ingenio para orientar vuestro voto hacia mis necesidades narrativas.

A los que votasteis, muchas gracias por participar.


Recuerdo como hace unos años hacía el ejercicio de sintonizar la COPE en sus años más pasados de rosca [me pregunto en qué se convierte un delirio cuando se pasa de rosca] para escuchar a Jiménez Losantos. En aquella época solamente él y algún compañero de la cadena episcopal [sobre todo Cristina López Schlichting y César Vidal] tenían la virtud de hacerme reír al mismo tiempo de hacerme sentir miedo. Entonces solamente la COPE albergaba este tipo de showmans y charlatanes capaces de ofrecerte esas dosis tan potentes de ideología-espectáculo; pero ahora al circo mediático [gracias a las concesiones de las licencias del gobierno Aznar] le han crecido los enanos, ¡y de qué manera! Intereconomía TV en pleno y gran parte de Veo TV asume ya este tipo de perrodismo radical [saludos, José Luis Ibáñez, un antiguo profesor de Universidad].

Intereconomía TV hace de la opinión su estandarte. Ante esto no habría nada que objetar si no fuera porque esa opinión [legítima] se produce en un vacío informativo. A decir verdad ningún grupo mediático antepone la información a la opinión. De manera sutil todas las cadenas de televisión salpican su parte informativa con la línea editorial [la ideología] propia de la cadena. Pero hay grados y grados, e Intereconomía TV está en el extremo más sucio de la escala. Lo peligroso de esta dinámica empresarial comunicativa [que antepone la creación de una opinión pública cargada de opinión mucho más que de información] es que, dinamitando el paso intermedio [la información con pretensiones de objetividad] que hay entre los hechos y las opiniones, lo que haces es generar una opinión pública pseudo-analfabeta, que se mueve como pez en el agua en el terreno de las emociones pero que naufraga en el terreno de los razonamientos. Sí, lanzar a tus espectadores un sinfín de torpedos opinativos sin un impulso informativo previo [contexto, antecedentes, previsiones, con fuentes contrastadas, etcétera], es una estrategia sensacionalista elevada a la enésima porquería. El propósito es evidente: mantener cargada [ideológicamente] a su audiencia, sin respiro, y, por supuesto, desinformada.

La RAE define el término debate [en su segunda acepción] como contienda, lucha, combate [la primera deja escrito el sinónimo controversia: discusión de opiniones contrapuestas entre dos o más personas]. Si nos atenemos a la definición de la RAE, entonces, en Intereconomía TV no hay lugar para el debate, y mucho menos para el debate ideológico. En Intereconomía TV a falta de debates, buenas son las tertulias [tertulia: reunión de personas que se juntan habitualmente para conversar o recrearse]. Y cierto también, es legítimo hacer de la tertulia tu formato televisivo estrella, pero cuando en vez de poner a tertulianos sueltas a los perros para ladrar su perrodismo, su perroverdad o su perrolibertad, la cosa cambia, y mucho.

Pongamos como ejemplo "El gato al agua", la tertulia de prime-time de Intereconomía TV, en la que cada noche se produce una orgía homo-onanista-intelectual, pero una orgía sin tocamientos, que ellos son muy católicos. Cada uno desde su sitio se la sacude bajo la atenta mirada de los demás, que asisten expectantes al ejercicio de amor propio del que ladra. La competición no tarda en parecerse a una serie de pajas por turnos, en el que gana quien ha expulsado su semen más lejos: es el que se lleva el gato al agua, el trofeo de esta tertulia, gracias a la inestimable ayuda de los cachorros espectadores, que han llamado para votar por la sacudida más espectacular.

Se trata sin duda del triunfo de la libertad individual [uno de los valores sagrados de la cadena]. Porque en el "El gato al agua" nadie folla con nadie, nadie da placer a nadie, y porque nadie está interesado en escuchar algo que no le sea propio y que pudiera conducir al roce o al acto intelecto-sexual entre diferentes, en lo que sería realmente un debate, según la definición de la RAE y lo que entendemos casi todos. Cosas de los inter-profetas católicos...

Otras dos figuras, además de los tertulianos, que no pueden faltar en este tipo de programas, son la del moderador y la del tertuliano sado-masoquista. Sobre el moderador sobra con decir que es un homenaje de la cadena al viejo formato de tertulia, que incluía al moderador. Dicho de forma rápida, en "El gato al agua" y en otras party-[tea]rtulias de Intereconomía TV no se precisa de la figura del moderador; porque quien dice serlo se masturba igualmente. La otra figura es la del sado-masoquista, una figura que, todo hay que decirlo, cada vez se ve menos en Intereconomía TV, para desgracia del espectáculo que ofrece [véase este espectáculo todavía en las tertulias de Veo TV]. El tertuliano sado-masoquista suele ser un señor socialista con cara de pringado, al que todos los tertulianos onanistas apuntan con sus pistolas para convertirle en doblemente pringado. El juego que da [valga la redundancia] un socialista sadomasoquista en estas tertulias resulta esperpéntico, similar al que podría derivarse de la acción de llevar a una prostituta a una fiesta de adolescentes borrachos descerebrados que llevan meses sin follar. Por qué lo hará, por qué accederá a perder la dignidad de tal manera. La respuesta en ambos casos de prostitución es la misma: por dinero. Cosas de los sadomasoquistas socialistas...

Lo dicho hasta ahora estaría en el plano de la orgía. El contraplano, por su lado, arrojaría una tercera figura, no menos importante: el espectador en su casa. El espectador-tipo de Intereconomía TV también es ultra-onanista [seguramente ya lo fuera antes de la aparición de la cadena] y se la menea con orgullo patrio. Se ríe con estruendo de las gracias y peripecias manuales de los que piensan como él. Lo más asombroso del espectador-tipo de Intereconomía TV es que para reírse no le hace falta el cerebro.

Es la embriagante rotación sobre sí misma de la libertad, la libertad que tienen en la boca constantemente los dueños, productores, periodistas, tertulianos y espectadores de Intereconomía TV, y que les convierte en auténticos animales rumiantes.


PLANO



CONTRAPLANO


sábado, 4 de septiembre de 2010

La televisión es cultura: ¡viva la perversión!

Se está celebrando estos días (del 31 de septiembre al 5 de agosto) el II Festival de Televisión y Radio de Vitoria-Gasteiz (FesTVal). El folleto del festival donde se presenta esta segunda edición empieza con el eslogan que han escogido los organizadores: "La televisión es cultura". Entre las diferentes informaciones de interés (qué es FesTVal, cuándo y dónde tienen lugar los diferentes eventos que lo componen, qué actividades, qué premios, quiénes organizan y quiénes patrocinan) han insertado tres citas que hacen hincapié en el eslogan, justificándolo, completándolo. La primera es del multi-artista Andy Warhol (muerto en 1987): "La inspiración es la televisión"; la segunda, del dramaturgo Bertolt Brecht (muerto en 1956): "El arte si es bueno es entretenimiento"; y la tercera, del cineasta Federico Fellini (muerto en 1993): "Condenar la televisión sería tan ridículo como excomulgar la electricidad o la teoría de la gravedad".

Se ha puesto entre paréntesis (a conciencia) el año de la muerte de los tres citados para contextualizar lo justo a qué época histórica pertenecen y a qué televisión se estaban refiriendo cada uno de ellos con sus palabras. En la televisión parece dar igual eso del contexto: meten todo en la coctelera y venga mueve que te mueve. Y si bien la cita de Brecht es indirecta (está insertada para establecer un acceso directo entre la palabra arte [cultura] y la televisión a partir del click del entretenimiento), las otras dos aluden directamente a la televisión, y ambas se refieren a otra televisión, a la del pasado, no a ésta, no a la que señalan los responsables del FesTVal. Y eso es trampa, amigos.

La televisión, además de otras cosas, es una gigantesca máquina de perversión (pervertir, según la RAE: "viciar con malas doctrinas o ejemplos las costumbres, la fe, el gusto, etc.") y si para autoproclamarse cultura tiene que subvertir los dos términos, televisión y cultura, lo hace. En fin, que su fantasía no sea jodida con la realidad que limita amargamente su ánimo de pervertir. 

Este juego incesante de perversiones a partir de las redefiniciones me recuerda un día que Jalís de la Serna (reportero de "Callejeros") vino el año pasado a dar una charla sobre "Guión visual" (o guión de montaje) al Máster en el que yo era alumno. En una de las preguntas saqué el espinoso tema de el ética en "Callejeros", en especial de cómo terminaban siendo personajes personas con escasa cultura, muchos de ellos "enfermos mentales", y que acceden fácilmente a ser grabados ellos y a sus entornos vitales. El periodista de "Callejeros" se defendió argumentando que esa gente no eran enfermos mentales y que más bien eran unos "frikis" deseosos de salir en la televisión. Mi siguiente pregunta fue... ¿entonces todos los síndromes de Diógenes que sacáis no son enfermos mentales? Y no recuerdo si se lo dije o lo pensé: ...porque vamos buenos si el umbral de enfermedad mental lo establece la televisión.

Pero es un hecho que así es: la televisión en general y "Callejeros" en particular han redefinido el término "enfermedad mental", lo han subvertido (hacia los parámetros del "frikismo") para regalarnos otro ejercicio de perversión. Y el caso de "Callejeros" es paradigmático de dicha transvaloración: algo presentado a la audiencia como denuncia social termina convirtiéndose en un circo del espectáculo degradante que es la clase muy baja, habitantes de las periferias chavolistas o de los centros marginales y cochambrosos, visto todo con ojos de clase media (que es uno de los target de "Callejeros").

Volviendo al FesTVal y a su eslogan "La televisión es cultura" claro, que debe ser muy jodido encontrar citas más o menos contemporáneas que alaben o que les rían las gracias a la televisión. Cuando los responsables del asunto le dieron al motor de búsqueda de Google después de teclear "citas sobre televisión" tuvieron que toparse, irremediablemente, con estas otras tres citas: "Hoy no salir en televisión es un signo de elegancia" (Umberto Eco, semiólogo); "La televisión puede darnos muchas cosas, salvo tiempo para pensar" (Bernice Buresh, escritora); y "La televisión será la base de la opinión pública, ha creado un mundo esquizofrénico en el que entre el individuo y lo global no hay nada" (Alain Touraine, sociólogo). ¡Bah!, intelectuales ingratos, qué aburridos...

En fin, la cosa es que intentar vincular la cultura a la televisión supone siempre recorrer un camino lleno de trampas para terminar patinando y cayendo. Y no solamente cuando es la televisión más mierda, más insustancial, más rosa y más sensacionalista, la que se apropia del término. También cuando, por ejemplo, La 2 de TVE se auto-atribuye el calificativo de cultural, añadiéndolo al sustantivo televisión: la televisión cultural. Desde luego que es fácil dar cuenta de la perversión que pueda tener un Jorge Javier Vázquez diciendo que su programa "Sálvame" es cultura... pero quizás no lo es tanto atribuirle esa perversión a la televisión cuando hablamos de La 2, la cadena de las minorías, la televisión de los "pichi-guays". Que conste que quien escribe ve La 2; no solamente cree que es necesaria, sino que además es la cadena que más ve. Bien, esto no me impide iniciar una crítica a La 2, que no es sino también una auto-crítica a mi consumo televisivo en la ilusión perversa de pensar que estoy consumiendo cultura.

La 2 es un pesebre individualizado, sí, dentro de un establo limpio. Es la única diferencia con respecto a esos abrevaderos donde todos los animales se disputan la comida, dentro de establos embadurnados de mierda. Pero ambas formas de dar de comer coinciden en que sus acciones están despojadas de cualquier atisbo de cultura. La cultura tiene que ver con la maleza, con las malas hierbas, con un jardín que una vez tuvo dueño y que ahora está abandonado, y cuyas plantas salvajes ya invaden los caminos que una vez fueron transitables. Para atravesar la cultura es preciso estar dispuesto a perder sangre en el camino. En esta definición, por supuesto, las tijeras de podar no se contemplan. Lo cultural debe tener algo de salvaje, algo de peligroso, algo de transgresor y, sobre todo, y volviendo al jardín, una esencia indómita, cuya violencia resulte seductora y temible al mismo tiempo. Según esto La 2 está lejos, muy lejos, de ser una televisión cultural, pero en fin, a falta de pan buenas son tortas. Uno se alivia con los simulacros de cultura de La 2, al tiempo que se escandaliza con los simulacros de cultura de Tele 5.

En cualquier caso, la televisión, esa máquina expendedora de imágenes y de discursos que está en todos los hogares ocidentales y que no invita a ninguna transformación ni a ninguna acción transgresora de lo establecido sino justamente a todo lo contrario, esto es, a la pasividad total, a la inanición social y al consumo por el consumo, es incompatible con la cultura. Es cuestión de asumir esa derrota.

Pero la televisión, sus productores, sus personajes, sin embargo, están lejos de asumirlo y subvierten la derrota en espectáculo verbal y visual. Y como resultado de dicha perversión proclaman la victoria: milagros de la televisión, esa cajita mágica donde todo es posible. El eslogan del FesTVal de este año, "La televisión es cultura", acompañado de las citas arriba mencionadas de Warhol, Brecht y Fellini, tuvo su continuidad en la primera jornada del festival, cuando se organizó un debate que debía lanzar un veredicto definitivo sobre la culpabilidad o no culpabilidad de la televisión. En el juicio-teatrillo que escenificaron Joseba Fiestras, director del Festival, hizo las veces de abogado defensor; Javier Padilla, jefe de producción, hizo las veces de fiscal; y personajes televisivos como Agustín Bravo, Xabier Deltell, Risto Mejide, Mayra Gómez Kemp, Ángel Llácer y Jorge Fernández fueron llamados en calidad de testigos; finalmente el actor José Carabias, interpretando el papel de presidente del tribunal, tuvo que lanzar un veredicto. Embriagante máquina del espectáculo autocaníbal televisivo.

El juicio no tenía por menos que tener un final feliz. Lo ponía en el guión (el guión: esas tijeras de podar): la televisión fue declarada inocente. Así se ponía fin a la polémica y se depejaba con claridad toda la magnitud de la moraleja: que tres despojos intelectuales (Eco, Buresh y Touraine) no se atrevan a privarle a la televisión de sus brillantes perversiones.

sábado, 14 de agosto de 2010

La publicidad, o cuando la acción y el silencio son palabras sinónimas

El discurso audiovisual publicitario es mudo. Son muy pocos los anuncios cuyas imágenes hablen, excepto aquellos en los que se produce un diálogo entre los personajes. El esquema básico más común resulta de sumar imagen silenciada más música y/o voz en off más grafismo más contenido verbal escrito.

Un ejemplo, que se pone tras la invitación de la gente del blog Antimarketing, el videoclip promocional de la campaña de verano de Estrella Damm:


En vez del bullicio de un grupo de gente bailando alrededor de una hoguera, silencio. En vez de la presencia de las gaviotas revoloteando el puerto, silencio. En vez de la algarabía propia de una fiesta popular en las calles de un pueblo, silencio. En vez del estruendo de los chapuzones de unos cuerpos en el agua, silencio. En vez de las palabras, las risas y otras interjecciones de los personajes interactuando, silencio... Y en vez de todos estos sonidos, manifestaciones de la vida y de las acciones que de ella emanan, una canción que en dos ocasiones se coordina con la imagen, en un concierto (igualmente silencioso) que no deja de ser un "playback" al uso, en el que un grupo de pop centro-reformista hace que toca y canta la banda sonora del anuncio. 

¿Por qué este empeño por la naturaleza muerta? ¿Desde cuando la publicidad ha optado por el cine mudo? ¿Quién opta por el silencio, los creativos, los anunciantes o es el la constatación de una tendencia estética audiovisual? No sé...

Lo cierto es que el discurso dominante publicitario asume el modelo narrativo del videoclip. En el ejemplo expuesto todo, absolutamente todo es acción visual, movida por un guión que ha tejido una historia de amor al servicio del eslogan que aparece al final: "A veces lo que buscas está tan cerca que cuesta verlo". Y mientras llega el beso final, que es ese momento orgásmico de la historia donde el sujeto protagonista abraza a su objeto de deseo, la chica, al mismo tiempo que el espectador (este masculino no es genérico, porque la historia visual se cuenta desde el punto de vista del protagonista masculino) acaba de "abrazar" al suyo, la cerveza anunciada, casi nada o mucha paja  (también hay que decir que la versión del ejemplo es la larga y poco común). Un grupo de pijos se ha divertido por los pueblos costeros de la costa menorquina y por sus aguas al timón de una embarcación clase media-alta. 

Y poco más, excepto lo de siempre, y que es la tipología de personajes "desideologizados" tan recurrente en la publicidad de hoy: personajes que no tienen ideología quizás porque se divierten, o que son divertidos precisamente porque no tienen ideología. Es decir, que estamos, de nuevo, ante la proyección del buen rollo elevado a la enésima tontería. Así construyen a sus personajes las multinacionales que ofrecen sus productos en televisión, quizás porque así nos quieran a nosotros los espectadores.

Volviendo al tema, rescato una entrevista publicada en la revista sobre cine de no-ficción "DOCS. Observaciones de lo real" (Nº 2, año 2008), en la que Martín Sola, realizador del documental "Caja Cerrada" afirma (sobre su forma de entender el lenguaje audiovisual) que "las imágenes son el cuerpo de la película, y el sonido el alma". Si lo aplicamos a la publicidad estaríamos ante un panorama en el que se nos atiborra de historias sin alma. 

Pero como el alma no sabemos si no existe o si es un gas o si es una supraentidad de 21 gramos de peso..., yo (en la frase de Sola) la cambiaría por poesía. Y la cosa sigue siendo poco alentadora. La publicidad, los creativos de las agencias, las multinacionales... nos quieren mucho, pero sin poesía.

En fin.

lunes, 12 de julio de 2010

El coaching en televisión

¿Qué puedo decir? Que somos perros que mueren. (Tierno Galván, en el funeral de un amigo)

Empecemos sin atajos. El Coaching, como terapia, bebe directamente de una fuente llamada conductismo (véase en este blog una vieja entrada titulada "Todos tranquilos, dios es conductista"), que es el método preferido por la mayoría de los psicólogos que forman esa (siempre dudosa) especialidad médica llamada Psicología Clínica. Para los no iniciados, el conductismo es esa terapia que ha logrado igualar a perros y humanos, y que se centra en las actuaciones sobre una conducta que puede ser cambiada a través de estímulos positivos o negativos. 

Sí, se está siendo deliberadamente simplista... pero es que se está hablando de una terapia que iguala a perros y humanos: imposible, de momento, profundizar más... Ilustración.

Cámbiese al canino por un homosapiens y se obtendrá la magia del conductismo

A ver ahora... La teoría básica del Coaching puede retratarse en dos frases: la primera es la que define al ser humano como un sujeto que es el dueño y el creador de su propio destino. Bonito, ¿verdad? ¡Qué lastima que a los que se mueren de hambre en África no les haya dado tiempo a empaparse, antes de morir y de coger las riendas de su vida, de estas sabias enseñanzas que sintetizan en pocas palabras la filosofía del Coaching.

La otra frase, también rebosante de sabiduría, es esta: "Cuando eres feliz, estás relajado, te lo pasas bien y haces lo que te gusta, atraes el éxito de un modo natural". Atraer el éxito de un modo natural, retengamos esta frase en la memoria... y sus tres palabras clave: felicidad, éxito y natural. Nos van a hacer falta porque entramos en el territorio natural del Coaching, que no es otro que el mundo empresarial. El Coaching triunfa en la empresa y de ahí, como muchas otras cosas, explota en todas las direcciones. ¡Qué difícil está siendo este comienzo!: ilustración.

Obreros de la empresa manos a la obra: que no decaiga el encaje de las piezas del sistema (el coach es el que dirige con su mano)

Desde la empresa, es decir, desde las aspiraciones empresariales de beneficios económicos y desde sus tácticas y estrategias para superar obstáculos que conduzcan al éxito, el Coaching se ha extendido a otros ámbitos, entre los que destacan el mundo individual y, también, el familiar. Ambos conceptos, el individual y el familiar tienen un contenedor natural: la televisión, esa máquina expendedora de imágenes y modelos, y de imágenes-modelo.

El Coaching coge su nombre de coach (entrenador) y que en este caso es lo mismo que tutor o guía espiritual. El ejercicio del Coaching precisa de un coach que, sin decirte en ningún momento lo que tienes que hacer, te reubica en tu vida para que tú mismo actúes sobre ella para alcanzar el éxito de forma natural; la conjunción mágica del éxito y de la naturalidad, claro que sí.

También, el coaching puede enmarcarse en esa otra categoría postmoderna del self-service llamada autoayuda (vale lo mismo decir Psicología del Bricolaje). Uno necesita un armario y le paga a una persona para que le proporcione el modo de instalarlo sin ayuda de nadie. Es decir, uno acude al delineante que le proporciona las instrucciones de uso, prescindiendo del carpintero, siempre tendente al molesto intervencionismo. La multinacional Ikea hace tiempo que lleva a la práctica la técnica del Coaching aplicada al bricolaje doméstico. Ilustración.

 Un ejemplo de coaching o de self-service tutorizado

A ver como se gira esto hacia la televisión... Si se introducen todas estas premisas, promesas y demás variables en un coctel formateador de contenidos televisivos, se obtiene el formato que se llama, también, Coaching. Programas como "Supernanny" (actuación sobre problemas de conducta infantil), "Es fácil" (actuación sobre problemas de tabaquismo), "Soy lo que como" (actuación sobre problemas de obesidad), "¡Qué desperdicio!" (actuación sobre problemas de ecología), "Sin miedo" (actuación sobre problemas de fobias), "Ajuste de cuentas" (actuación sobre problemas económicos)..., entre otros muchos, han sido y son ejemplos de este formato televisivo que cada vez tiene más presencia en las parrillas de televisión.

A pesar de la aparente dispersión temática de este tipo de programas, todos ellos están enganchados por una misma cadena-denominador común: la promesa continua de que se puede mejorar y de que todo es susceptible de ser cambiado a mejor. De esta manera, todos los programas de Coaching asumen una misma estructura narrativa: algo está desequilibrando el devenir cotidiano de unas personas y hay que actuar con urgencia para restablecer un orden, que, efectivamente, es la felicidad naturalmente obtenida.

La ezquizofrenia capitalista (pasada de rosca hasta el delirio) se embriaga aquí de tal manera que, al tiempo que es foco de todas las "enfermedades del exceso" (la obesidad, el despilfarro, etcétera) nos proporciona los medios (condustistas) para combatirlas, a través de eternas promesas de cambio que, por pura supervivencia del sistema, jamás llegan a su fin. Es como si el sistema fuera un supermercado del bricolaje que te vende unas maderas encarcomidas para que levantes una casa y que te vende al mismo tiempo un tratamiento eterno anti-carcoma, en cuyas advertencias puede leerse algo parecido a que "si usted no hace lo que tiene que hacer... asume el riesgo de que la casa se le caiga encima". Y claro, lo compramos. Falsas necesidades, dijeron los críticos de la Escuela de Frankfur.
 
Un cuento. Ocurre que el sistema-hormiga-reina no tolera el presente y por eso proyecta continuamente una promesa de futuro a sus obreros. El futuro nunca llega y la vida consumista termina siendo un interminable y estéril camino donde nada se consuma mientras todo se está consumiendo. Y en todo lo que se compra prevalece un valor (simbólico) que va más allá de la funcionalidad misma del objeto, y ese valor se convalida cien por cien con la promesa infinita de estar cada vez mejor gracias a las compras que satisfacen todas y cada una de las (falsas para los ingratos críticos) necesidades... Ilustración.

Sesión de "Coaching", en círculo (la sustancia blanca es una promesa)

Si nos centramos en las estrategias comunes de puesta en escena de los programas-coaching y que remiten de manera directa a los condicionantes conductistas encontramos, principalmente, tres:


1. La inyección de miedo por la ficción

La técnica del Morphing, aplicada a estos programas, tiene que ver con la ficcionalización-proyección negativizadora, o bien de una persona (morphing corporal, por ejemplo en "Soy lo que como", donde se ficcionaliza el proceso de envejecimiento de una persona a partir de la imagen actual, y que en el caso de la persona obesa protagonista, tiene como resultado un muy mal aspecto) o bien de una geografía (morphing geográfico, por ejemplo en "¡Qué desperdicio!", donde se ficcionaliza el proceso de degradación de un territorio por culpa de la escasa conciencia ecológica de la familia protagonista).



2. La cámara "oculta" como medida coercitiva disuasoria

Estas herramientas de ficción, recurrentes en gran parte de los programas de Coaching, además, dentro del relato asumen una función capital: el estímulo negativo conductista necesario para el cambio de conducta de los personajes protagonistas.

Un ejemplo de esto es el uso de cámaras "ocultas" (se entrecomilla porque funcionan como ocultas al servicio del espectador y de la historia que se cuenta, pero los actores son conscientes de que allí hay cámaras) puestas en escena como medidas coercitivas disuasorias, o como trampas, o como cepos que saltan al mínimo despiste.

En "Ajuste de cuentas", la cámara se ubica dentro de una caja fuerte donde el coach ha obligado a una familia a meter las tarjetas de crédito. Por su parte, en "Soy lo que como", la cámara vigilante se sitúa dentro del frigorífico, a la espera de que el protagonista sea cazado en un renuncio.

En el uso de este tipo de cámaras es donde mejor se percibe como el conductismo y el coaching conjugan un mismo verbo donde dos objetos, un perro por un lado, y un humano por otro, son ubicados en la misma categoría conductual.


3. La espectacularización del derroche

Quizás más agarrada a la necesidad de hacer espectacular una aventura con tendencia a aburrir (aunque también opera como estímulo conductista), estos programas también recurren a la exageración visual.

En "Soy lo que como", por ejemplo, la exageración espectacular consiste en hacer ver al protagonista todo el azúcar que consume en un mes, volcando todo su contenido sobre un recipiente que termina desbordándose. En uno de los programas de "¡Qué desperdicio!", la organización decidió llenar el salón de la casa de la familia protagonista con los casi mil pañales que consumían en seis meses. Y en un "Ajuste de cuentas" se llegó a tirar por la ventana todo el dinero que una familia había derrochado en un mes.

Estas acciones, presentadas a los protagonistas como "datos documentales" en realidad son recursos de ficción, sobre todo por el ejercicio brutal de descontextualización que realizan sobre la realidad, omitiendo el factor tiempo. Y de nuevo, la doble función del mecanismo: entretenimiento (basado en la ficción) para el espectador; estímulo negativo conductista sobre el objeto cuya conducta hay que cambiar.

El doctor energúmeno Estivill o el conductismo salvaje contra los niños

Al contrario que "Callejeros", en donde las historias que nos cuentan están protagonizadas por terceros (o bien las clases muy bajas o bien las clases muy altas; en ningún caso, contenido coincidente con el público masivo de la televisión), en los programas de Coaching los protagonistas son sujetos o familias pertenecientes a la gran clase media. Es decir, que los que sufren dentro de la televisión somos nosotros, los que vemos la televisión. Sus historias son similares a las nuestras; sus problemas, sus angustias, sus sueños; incluso sus salones, sus casas, sus vestidos, se parecen a los nuestras. Ellos somos nosotros: el grado de identificación personaje-espectador es directo.

Estos personajes en apuros, que somos nosotros, se presentan ante nosotros como un modelo vital en riesgo. Ellos, nosotros, debemos cambiar nuestra conducta. De esta manera el conductismo, salta de la televisión hasta nuestros salones y se posa sobre nosotros. Cada uno de estos programas de Coaching se convierte, para la audiencia clase m(i)edi(st)a, en un metaestímulo conductista. Descubrimos entonces que se nos trata como perros, pero nos aliviamos cuando descubrimos que los protagonistas no son esos "pobres" que vemos como putean en la televisión, sino nosotros mismos. Nos aliviamos cuando descubrimos que la televisión quiere "curarnos". Ilustración.

Todos tranquilos: Dios es conductista

Por último, de este tipo de programas resulta interesante comprobar el silencio que hay detrás (al final) de cada historia. Pongamos el ejemplo de "Supernany", donde la coach llega a un hogar donde los niños presentan problemas de conducta, y que abandona una vez, más que menos, se han solucionado dichos problemas...

¿Qué ocurre después? ¿Qué ocurre cuando en la casa no está la coach acompañada por dos cámaras y dos sonidistas? ¿Es el espectador consciente de todo lo que hay metido en una casa (recursos técnicos y humanos) para que esa historia sea contada? ¿Es consciente el espectador hasta qué punto el observador (y aquí hay cinco) modifica el hecho que está observando y grabando?

Pero en fin... ¿qué importa todo esto cuando se nos está tratando como perros?

sábado, 10 de julio de 2010

Chapuza morada sobre fondo blanco

La periodista de Antena 3 Mónica Carrillo interpreta a una actriz que hace el papel de una periodista. Ha terminado su trabajo diario, seguramente un informativo. Está vestida de un blanco inmaculado que irradia luz brillante. Un actor que hace el papel ayudante le está quitando el micrófono. Su nombre real, Mónica Carrillo aparece debajo a la izquierda, en un rótulo hecho con unas letras blancas que se someten a un contraste preciso sobre un fondo morado. También en letras blancas sobre fondos morados, varios rótulos informan sobre las diferentes noticias que se están transmitiendo es diferentes pantallas que están ubicadas en la parte de atrás del plató, justo detrás de la periodista que hace de periodista.

Mientras se levanta, la personaje Mónica Carrillo habla por vez primera y dice: "como periodista busco la verdad". El movimiento de la periodista, al tiempo que la intención del cámara, han logrado un plano medio. Y así termina el PLANO 1 del anuncio.

De repente, una sala de reuniones, un lugar vacío. Nos encontramos en el PLANO 2 del anuncio. Todo es aséptico. Todo está limpio. Todo es blanco, excepto tres carpetas que hay depositadas encima de la mesa y una pantalla (con predominio del negro) ubicada en la pared frontal que proyecta imágenes de lo que parece ser un bote blanco que entra en contraste ingravitorio sobre un fondo morado. La actriz Mónica Carrillo haciendo el papel de periodista entra en la imagen por la derecha (según miramos nosotros) y se acerca hasta la pantalla central. Se gira lo justo para decirnos lo siquiente: "Fui a L´Oréal a conocer su última innovación...". 

(De momento dos planos, dos frases: correlación directa que no se va a romper en ningún momento). 

El PLANO 3 logra componer un juego de contrastes entre blancos y negros sazonados por el morado morado (que, también, es el color que va a estar en cada uno de los planos). La imagen se parte en dos mitades. En la derecha, la actriz sobre fondo blanco, que termina la frase anterior "... Código Juventud"; en la izquierda, el fondo negro de la pantalla, donde chispean, radiantes, brillantes motas moradas que surgen alrededor de las palabras (blancas) que pueden leerse. Arriba, la empresa, L´Oréal. Más abajo, en posición centrada, subrayada, la frase-eslogan, nacido de la ciencia de los genes. Y debajo, en mayúsculas sobre fondo morado, la palabra NUEVO, que introduce, en mayúsculas mayores el atributo principal del producto: CÓDIGO JUVENTUD.

Aquí el montaje retoma el plano 2, cuando la imagen se desplaza desde la actriz que hace de periodista hacia la pantalla que tiene a su derecha. Ahora solamente el producto protagoniza la imagen, por primera vez, y lo hace ya en todo su esplendor. Un bote blanco, en cuyo recipiente leemos L´Oréal arriba y Código Juventud abajo, gira de forma autónoma sobre un fondo morado. El producto no está sometido a las leyes de la gravedad: es una sustancia blanca que flota mágicamente sobre el magma morado. El tapón negro, sin embargo, cae de forma precisa, mecánica, y plana, hasta cerrar el producto en un ensamblaje no menos mágico. Este plano (PLANO 4) dura lo que tarda la actriz en hacer su comentario (en off): "Diez años de investigación sobre los genes concentrados en esta crema antiarrugas".

El PLANO 5 rompe (aunque sea fugazmente, por su extrema brevedad) la historia. Es un plano general muy picado, de una zona de trabajo, y donde una mujer rubia vestida de negro le pasa unos papeles, en pleno tránsito de un lugar a otro, a la actriz Mónica Carrillo, que, como sabemos, es morena y viste de blanco. De nuevo, los contrastes. En la zona de trabajo predominan los colores blancos y claros, si exceptuamos la impetuosidad de una enorme columna de color morado, que está a juego con algunos objetos que se dejan ver en el entorno, igualmente morados. Algunos figurantes hacen el papel de trabajadores en sus puestos o de trabajadores en tránsito.

La actriz que hace de periodista se acerca un paso hasta la cámara para decirnos: "Nunca había llegado tan lejos". Es el PLANO 6, también brevísimo, como si fuera también una transición. Apenas da tiempo a ver que la actriz tiene detrás la impetuosa columna morada que hemos visto en el plano anterior.

Después de estos dos últimos planos que casi ejercen función de transición, la historia vuelve a la pantalla donde el producto tiene vida propia. Este PLANO 7 es la continuación natural (espacio-temporal) de los planos 2 y 4 (esta vez el movimiento es inverso: desde la pantalla la cámara retrocede hasta encuadrar a la actriz Mónica Carrillo). Las imágenes de la pantalla son unas imágenes creadas por ordenador donde se ilustra gráficamente una extraña red morada que se mueve al tiempo que leemos "Tecnología pro-gen". ¿Que qué es la tecnología pro-gen? La actriz nos resuelve la duda: "La tecnología Pro-Gen despierta los genes de juventud".

Ahora (PLANO 8) la actriz Mónica Carrillo está sentada delante de un ordenador cuyas imágenes tienen continuidad con las imágenes de la pantalla anterior. Al lado del ordenador hay dos botes del producto, y dos objetos, apilados uno encima de otro, morados. Entre la actriz y el ordenador, otra vez la enorme columna morada. Ella se gira, junta sus manos en un empeño claro de convencimiento y dice (refiriéndose a los genes): "Vuelven a trabajar como en una piel joven".

El producto se muestra a continuación fuera de la imagen de la pantalla. Ha dado el salto desde estar siendo visto en una pantalla dentro de otra pantalla (nuestra televisión) hasta estar siendo visto en nuestra televisión. Es decir, que el producto ahora es real, porque ha salido de una representación interior del relato. Y está bañado en una inmensidad morada, y brilla. Su tapa se apoya, elegante y pasiva, sobre el recipiente. Estamos en el PLANO 9: volvemos a leer mensajes ya leídos (la empresa, el eslogan y el atributo), al tiempo que una mano desciende, rebosante de armonía, y coge con la punta del dedo índice una pizca de crema.

El PLANO 10 recupera un plano medio de la actriz, que mientras se acaricia la mejilla, nos dice: "En una hora la piel se alisa". 

Esta frase continua en el plano siguiente (PLANO 11), en el que la actriz que hace de periodista concluye: "Y en un mes, reducción drástica y visible de las arrugas". Ella nos mira. Le da la espalda al ordenador (que hemos visto por primera vez en el plano 8), en cuya pantalla el producto sigue sin gravedad sobre un fondo morado y en donde puede leerse, además de CÓDIGO JUVENTUD y el nombre de la empresa, L´Oréal, la información 71%* arrugas reducidas. Abajo a la derecha, insertado en postproducción, con letras blancas sobre fondo blanco, se nos informa de qué significa el asterisco: Autoevaluación 52 mujeres. Por lo visto, aquí no interesa el juego de contrastes de color: letras blancas sobre fondo blanco.

Acto seguido (PLANO 12), nuestra actriz en el anuncio y periodista en nuestra televisión, Mónica Carrillo, en un plano medio, flanqueada por una columna morada a la izquierda del encuadre y por otra mancha vertical morada difusa a la derecha nos dice, completamente convencida: "No creo en los milagros: creo en la ciencia".

Finalmente, la actriz concluye: "Por eso eligo Código juventud de L´Oréal París", mientras que la imagen retoma el plano 9, donde el producto es real, con empresa, eslogan y atributo. Es el PLANO 13, y último.

Además de la voz de Mónica Carrillo, que está tan cosmetizada (limpia, estándar, blanca) como su cuerpo para la ocasión, una música neutra (tan neutra que podría ser la banda sonora de una película porno) nos ha amenizado con sus notas a lo largo del medio minuto que dura el anuncio:


Vamos a empezar por el mensaje que la multinacional francesa L´Oréal (23.39 billones de dólares de facturación durante el pasado año) no ha querido someter a contraste, con el objeto, sin duda, de hacerlo pasar casi desapercibido, además de por ser letras blancas sobre fondos blancos, por su fugaz duración en pantalla (poco más de dos segundos).

Es de suponer que la inclusión de este tipo de mensajes debe ser obligatoria para este tipo de anuncios en el que se vende un producto amparándose en "evidencias científicas". Para la multinacional francesa, el sello de validez científica queda otorgado ante una evaluación que 52 mujeres se han hecho a sí mismas. Este mensaje es la información extra de un asterisco que en el plano apenas se ve, y que está ubicado, dentro de una pantalla de ordenador, al lado de un porcentaje (71%) de eficacia sobre las arrugas reducidas. Los tamaños, los nulos contrastes y la brevedad de exposición, convierten al mensaje en cualquier otra cosa que en un mensaje porque, dicho sencillamente, el receptor no puede asimilarlo.

Pero en fin, ahora que lo sabemos, porque nos hemos detenido lo justo para advertirlo, la "evidencia científica" made in L´Oréal cotiza a la baja: aproximadamente 37 mujeres (el 71%) de esas 52 que se autoevaluan ven sus arrugas reducidas. Con este dato (científico) sobre la mesa, la última sentencia que los creativos de L´Oréal le han dicho que diga a Mónica Carrillo ("No creo en los milagros, creo en la ciencia"), arrastra otras dos evidencias: la primera es la comprobación de cómo un discurso que nace con la pretensión de ser científico, en menos de medio minuto hace aguas y se convierte en un artefacto paracientífico promilagrero; y la segunda es que, efectivamente, cuando la ciencia es presentada así, con una evidencia científica tan vergonzosa y vergonzante, al consumidor no le queda otra que "creer", creer como acto de fe, igual que se cree en los milagros y otras cosas de carácter mágico.

Este anuncio de L´Oréal consigue que la coherencia de su discurso se vaya desintegrando conforme van transcurriendo los planos; y finalmente, lo que logra comunicar es justo lo contrario de lo que se propone como premisa inicial. ¡Ya tiene mérito hacer las cosas tan mal!

Si el principio es la mitad de todo, como diría Pitágoras, la primera frase es ya la mitad de la desintegración total: "Como periodista busco la verdad", le han dicho los creativos de L´Oréal que diga Mónica Carrillo mientras se levanta. ¡Cómo no enganchar esta boca a la cola de la pescadilla! Es ahora donde la mentira emerge elevada a su máxima porquería, una vez que hemos visto el final y lo podemos unir, sin mucho esfuerzo, a ese principio. Es ahora cuando sabemos en qué lugar coloca L´Oréal al periodismo, a la verdad y a la ciencia, en una nadería donde mandan el rumor, la mentira y la magia, o lo que es lo mismo, las falsas promesas.

A poco que se rasque el discurso de la multinacional L´Oréal en este anuncio, sea desde la disciplina que sea, pronto se descubre que está lleno de agujeros. Detrás de todo ese cuidado universo aséptico, limpio, blanco, cosmetizado de la forma, morado sobre blanco, no hay nada. Rilke decía que la belleza es el último velo que cubre el horror; aquí, la belleza es la única forma que esconde la mentira, que nos despista de ella al tiempo que nos la presenta como verdad. No, mayor perversión no puede darse.

Más o menos, lo que llega a afirmar este anuncio es que L´Oréal ha estado 10 años investigando en los "genes de juventud" para fabricar, a partir de lo que llaman tecnología Pro-gen, una crema que logra rejuvenecer la piel porque pone a trabajar a los genes "viejos" de la piel como si fueran "jóvenes". L´Oréal contruye este relato, que es ciencia-ficción pura y dura, y lo formatea de tal manera que parece documental, que en este caso si que llevaría asociada su par de credibilidad. Y lo logra (el formateo), además de por el discurso verbal en sí y de por los apoyos (ficcionales también) de programas de recreación virtual por ordenador, por la inclusión en el anuncio de la periodista de Antena 3 Mónica Carrillo.

Morfing de Mónica Carrillo en TVE


Morfing de Mónica Carrillo en Antena 3. Obsérvese cómo los estilistas, maquilladores y peluqueros de Antena 3 llegaron al Pro-Gen antes que TVE y que L´Oréal

Otra cosa es como las multinacionales, es decir, el Poder, han contribuído en hacer dominante en las conciencias humanas el predominio de lo genético sobre cualquier otro asunto y sobre cualquier otra explicación. Con la ficción del ADN y su desciframiento paulatino (el discurso, atención, es tecnológico-informático; también L´Oréal ha logrado descifrar el código de juventud...), de un tiempo a esta parte han cogido ventaja las tesis genetistas que explican cualquier complejidad humana amparándose en la sencilla teoría genética que lo resume casi todo en un "casi todo es genético y lo que no es genético, será epigenético". 

El determinismo de la ciencia genética es ultraconservadora, en tanto que amordaza al individuo en la quietud de un destino ya escrito y que solamente busca ser descifrado. Le niega toda acción transformadora, igual que hace el budismo, por ejemplo. Y además va con la verdad por delante, como cualquier otra religión. Y ahí es donde nos ha colocado el Poder a través de sus distintas plataformas de acción, entre las que destaca la Ciencia. Pero ese es otro tema...

En este anuncio de L´Oréal, el Poder (una multinacional) hace uso del discurso propio de última hora (el genetista) para vender una promesa incumplible: la eterna juventud. El resultado, una chapuza...

¡Esta la cosa como para no creer en milagros, o ya puestos, en la ciencia!