En la revista impresa de "
Le Monde Diplomatique", monográfico sobre la información de título "
Medios de Comunicación en crisis" (Nº 3, septiembre de 2005, edición española), puede leerse un artículo donde
Ignacio Ramonet reflexiona sobre la necesidad de crear "
un quinto poder que informe sobre la información". En el desarrollo de su artículo (de título, precisamente, "El quinto poder"), Ramonet sostiene que este nuevo poder debería permitir "
denunciar el superpoder de los medios de comunicación, de los grandes grupos mediáticos, cómplices y difusores de la globalización liberal [a partir de la construcción de
una fuerza cívica ciudadana]".
Esta (nueva) necesidad surge como contraposición a unos medios de comunicación que han traicionando uno de sus estandartes fundacionales: su capacidad de ser y actuar como contrapoder. Porque, según Ramonet, "estos grandes grupos [de comunicación] ya no se proponen, como objetivo cívico, ser un cuarto poder ni denunciar los abusos contra el derecho, ni corregir las disfunciones de la democracia para pulir y perfeccionar el sistema político".
Wikileaks difundió en marzo de este año un vídeo en el que se da a ver cómo un helicóptero del ejército de los EE.UU. dispara y asesina a un grupo de varias personas (civiles). Wikileaks ha vuelto estos días a la notoriedad mediática después de publicar 75000 informes (secretos hasta ese momento) que detallan cómo les está yendo (a los norteamericanos en particular y a los demás países integrantes de la ONU y desplegados en suelo afgano en general) en la guerra de Afganistán.
Otra plataforma similar a Wikileaks, y operativa desde hace más tiempo, es
Cryptome, cuyo secreto desvelado de más calado mediático fue el "
manual de Microsoft en el que la empresa da permiso y explica a las fuerzas de seguridad estadounidenses cómo utilizar sus bases de datos para conseguir información sobre usuarios" (Daniel del Pino, "
El secretismo hace aguas en la web", diario Público, 1 de agosto de 2010).
ASESINATO COLATERAL (Parte 1) - WIKILEAKS
Dicho esto, ya puede tenderse un puente en forma de pregunta entre lo que afirma y solicita Ignacio Ramonet en el artículo arriba citado y estas (nuevas) plataformas (para)periodísticas: ¿pueden desembocar las prácticas de Wikileaks, Cryptome y otras páginas web similares en el principio de la constitución de un quinto poder? La respuesta requiere más tiempo y más espacio de reflexión de los que va a tener esta entrada, pero en cualquier caso se pueden abrir dos caminos exploratorios, ambos igualmente válidos y que, a pesar de ello, conduzcan a soluciones y destinos diferentes.
Un primer camino se abre a partir de una respuesta cuyo comienzo es "No, pero..." Este "no" encierra la cualidad principal de estas plataformas con respecto a los medios de comunicación dominantes hasta la fecha, porque Wikileaks, Cryptome y otras, antes que pretender vigilar al cuarto poder o, cuando menos, cuestionarlo (no hay que olvidar que Wikileaks, antes de "airear" los documentos concernientes a Afganistán, anticipó el hecho a tres grandes de medios de comunicación; con doble propósito: uno, hincharse de prestigio y dos, no soliviantar a las grandes empresas del sector), se (auto)ubican en la estructura comunicativa como by-pass que fulminan a los intermediarios entre los hechos y las noticias surgidas de tales hechos.
El "pero" seguido de puntos suspensivos arrastra un acto de comunicación indirecto que circula desde estas nuevas plataformas hacia los ciudadanos pero también hacia los medios de comunicación actuales, en una suerte de aviso o de amonestación visible en la que se constata que ellos van a sobrepasar el límite que los medios de comunicación no pueden saltar, o bien por razones de ataduras con la publicidad, o bien por razones de ataduras con los poderes económico y político, o bien por razones de autocensura una vez que cada medio sabe dónde está y quienes son las manos que le dan de comer.
En este punto del camino abierto el "no" se llena de peros, porque Wikileaks, Cryptome y otras webs, de alguna manera, están señalando a las grandes empresas del sector de la comunicación, denunciando hasta que punto los medios de comunicación "oficiales" (los que fabrican la opinión pública y los que nos construyen, en parte, como sujetos políticos) son cómplices de tantos silencios (que comparten con los poderes establecidos) y dueños de múltiples invisibilizaciones intencionadas que tienen como principal misión perpetuar el status quo vigente, y que tantos beneficios da a quienes son los portadores reales del poder.
El segundo camino sería el opuesto al primero en apariencia: una respuesta cuyo comienzo es "Sí, pero...". Aquí el "sí" adquiere toda su importancia cuando se vincula el nacimiento del cuarto poder (la prensa) al avance tecnológico que supuso la imprenta, y que terminó, con el paso de los años, por poner todo lo viejo hasta entonces patas arriba, en beneficio de esa nueva sociedad que fue resultando a partir del poder construido a su medida por la burguesía.
Es cierto que en sus inicios la prensa no fue cuarto poder. Muchas de las primeras gacetas surgidas en diferentes monarquías de la Europa de entonces eran los aparatos de propaganda de sus monarcas. Pero no tardó mucho en ser contrapropaganda, en un ejercicio constante de la pujante burguesía por construirse una opinión pública favorable. Solamente en esa época de transición la prensa fue cuarto poder. Conforme la burguesía fue apropiándose del poder real, tras las diferentes revoluciones sociales surgidas tras sus choques con los Antiguos Regímenes de cada país, el cuarto poder fue diluyéndose hasta llegar a lo que es hoy, un poder simbiotizado con los demás poderes, incapaz de toda resistencia por ser, en sí, parte del mismo poder.
De aquella dinámica política (que incluye la económico-social) surgieron los Estados, barriendo casi por completo las estructuras medievales dominantes durante tanto tiempo. Y de aquella dinámica surge esta en la que nos encontramos ahora, en un panorama donde los Estados están perdiendo el poder en beneficio de las grandes empresas trans(y multi)nacionales y sus juegos donde se prioriza la supremacía del mercado sobre cualquier otra variable. Es ahí, en su pretendida globalización económica donde surge una tecnología capacitada para conectar a todo el mundo, Internet, y es ahora precisamente, en este momento de transición que va desde donde estábamos hasta donde vamos donde la tecnología Internet puede generar brechas de contrapropaganda (y resistencia) contra los poderes establecidos.
Entonces, si de la invención de la imprenta surge la prensa y con ella, aunque fugaz, un cuarto poder que vigila a los otros tres, del surgimiento y consolidación de Internet surge Wikileaks, Cryptome y otras plataformas-webs, donde basta un simple acceso directo de la ciudadanía para ser puesta al corriente de lo que nos ocultan los otros cuatro poderes. Aquí sí puede vincularse la potencialidad de Internet, con cobertura mundial, con un supuesto quinto poder con capacidad de señalar, vigilar y denunciar la prácticas abusivas de los demás poderes.
El "pero" de detrás del sí y seguido de puntos suspensivos lo conformaría la necesidad previa de redefinir los poderes reales actuales. Porque si hasta ahora los poderes definidos como tales eran los poderes legislativo (Parlamento), ejecutivo (Gobierno) y judicial (Tribunales), al día de hoy dichos poderes sustentan más una naturaleza anacrónica cada vez más fosilizada que presente y activa. Por poner un ejemplo, los estados de la Europa unida han perdido su soberanía económica delegándola sobre el Banco Central Europeo, que es quien fija los tipos de interés. Es dedir, que el modelo de poder político basado en el Estado (y en los tres poderes que ya dejó señalados Montesquieu) está perdiendo fuelle; y que viene otra cosa que tiene que ver más con el poder económico y que se ejerce desde estancias supranacionales.
De este nuevo poder económico emanarían y estarían vinculados (en subordinación) todos los demás, incluidos los tres propios de los estados, el fugaz e intermitente cuarto y ahora, el quinto, surgido de la era Internet. Bastaría esperar su tiempo para que el poder que viene asimile los recursos y herramientas contrapropagandísticas (Wikileaks, etcétera) para asimilarlo en su estructura y para que trabajase en su beneficio, en la lucha por erradicar las cada día más viejas estructuras propias del Estado.
Esto es, en el nuevo patrón o paradigma del nuevo poder económico, el Estado sobra. Para el Mercado el Estado es un intermediario prescindible. Sus clientes (nosotros) cada día somos más siervos del poder económico globalizado que del poder que emana de cada Estado. Y en la eliminación de los molestos intermediarios también sobran los medios de comunicación tal y como los hemos entendido hasta ahora, como correas de transmisión, como "interpretadores" de la realidad y de los hechos que en ella acontecen, o como fabricantes de la opinión pública.
El nuevo orden económico se basta a sí mismo (sin los siempre molestos intermediarios) para construirse una clientela. Porque precisamente nosotros, hasta ahora ciudadanos con una nacionalidad determinada, somos sus intermediarios, o, dicho de otra manera, esos cuerpos (no libres) por los que circula el capital (libremente). En esa fácil ecuación no hacen falta los Estados. Porque ahora somos consumidores, o esas mercancías cuyo cometido es recibir un dinero mensual a cambio de hacerlo circular lo más rápidamente posible para que la máquina capitalista esté engrasada a perpetuidad.
Y en este panorama donde se vislumbra el ejercicio paulatino de eliminar a los intermediarios por parte del nuevo poder económico, el camino se llena de maleza, y no hay machetes ni hachas suficientes para despejar la incógnita sobre la verdadera naturaleza de webs como Wikileaks, Cryptome y otras páginas webs similares, que, imitando el patrón del poder económico emergente, puentean a los intermediarios para ofrecernos información en bruto. La pregunta que subyace aquí es si esta práctica ha sido generada por la fuerza cívica ciudadana a la que se refería Ramonet en su artículo o si esa fuerza cívica está por construirse a partir de estas nuevas prácticas (para)periodísticas.
ASESINATO COLATERAL (Parte 2) - WIKILEAKS
Pero una cosa es incontestable: Wikileaks, Cryptome y otras páginas webs similares, al día de hoy, y sin tener en cuenta otros abordajes de análisis a sus prácticas, devuelven (y dan a ver) a la opinión pública unos documentos después de que los demás poderes (sean cuales sean) y sus gabinetes de prensa (los medios de comunicación oficiales y oficialistas) nos los hayan hecho tragar en formato ficción. Y esto es, de alguna manera, devolvernos a las audiencias de noticias, o a los consumidores de "realidad", a un estatus de espectador respetado que ya habíamos perdido o que quizás nunca habíamos tenido.
Sabíamos que el género propagandístico preferido por los poderes para autopublicitarse era la ficción. Y sabemos que lo seguirá siendo. Sabíamos que el género contrapropagandístico de esos poderes era el documental. Y sabemos que lo seguirá siendo. También sabíamos donde estaba la CNN y donde seguirá estando. Y ahora sabemos donde está Wikileaks, pero no sabemos donde estará pasado un tiempo.