martes, 14 de septiembre de 2010

Papá-Zizek nos hace purés



Escribir sobre Slavoj Zizek (filósofo y psicoanalista esloveno, nacido en 1949) es un ejercicio jodido; pero escribir y reflexionar, al mismo tiempo, sobre Slavoj Zizek, es una auténtica putada. He sido consciente de esta dificultad en los preparativos de la elaboración de esta entrada. Curiosamente había apuntado como nota previa a desarrollar la idea "filosofía del desencallamiento"; y desde que inicié el proceso de redacción una sola palabra ha definido la situación: encallamiento.

Lo mejor que uno puede hacer con Zizek, sin mancharse demasiado, es citarlo para apoyar una de tus ideas o para ubicarla en tus textos para que trabaje como contraste o como enriquecedor cosmético de lo escrito. Para ese fin las reflexiones de Zizek son una joya. Pero más allá de eso y si uno no quiere traicionar demasiado el objeto de la escritura (en este caso Zizek) adentrarse en Zizek, escribir sobre él, reflexionar con él, es admitir jugar en un juego de reglas difusas cuyo suelo resbala, y cuyos límites no son los siempre agradables (por visibles) cercos de alambre de púas, sino peligrosos (por invisibles) precipicios que no dan opción a una mínima rectificación. El juego de Zizek incluye el goce y su aniquilador, y el aniquilador, aquí, no es el aburrimiento sino una enorme fuerza castradora, tan excitante como temible. 

Para quien escribe, la provocación esquizoide de Gilles Deleuze, "escribir es limpio y hablar es sucio", adquiere en Zizek su máxima efectividad; así, leer a Zizek se convierte en un placer, mientras que verlo y escucharlo añade al placer la cosa de un auténtico sufrimiento. Gran parte del sufrimiento viene de la constatación, siempre triste, de que el filósofo es un pobre hombre, como cualquiera de nosotros, con caries, que también tose y se tira pedos, con alguna brecha psíquica indisimulable y con sus miedos a flor de piel, lejos, en cualquier caso, de la imagen de pulcritud y pureza que proyecta la figura clásica del filósofo incorruptible, casi santo, que escribe desde su pequeña celda. Zizek no, Zizek ha preferido la libertad, asumiendo el riesgo de ensuciarse (en la acepción de Deleuze) y de mancharse íntegramente (sujeto más discurso) para nuestro placer y sufrimiento.

En la última entrevista a Slavoj Zizek que he leído (Sin aliento), el filósofo esloveno se queja de que sus mayores detractores le ataquen por el flanco de sus tics nerviosos, o por el barroquismo que conforma la cantidad ingente de citas que usa para airear sus reflexiones; también pone en evidencia que esos mismos que le zancadillean desde la burla infantil son incapaces de establecer una crítica seria desde otro discurso en el que al menos se intentara neutralizar sus postulados. Así es...

Y lo cierto es que el Zizek-orador es un charlatán, en el sentido medieval del término, con las características principales que definen a los charlatanes: verborrea a toda hostia, púlpito mediante, con toques agresivos en las formas... Pero otra característica de los charlatanes es su capacidad de convertir en digestible lo que de otra manera provocaría un empacho seguro. Aquí Zizek se convierte en un chef experto en cocinar purés con alto contenido proteínico. Solamente esta forma de preparar sus menús le salva de ser quemado por el resto de formalidades que le convierten en un charlatan multihemorrágico verbal.

Sí, inocente: ese es mi veredicto. Y eso a pesar de haberse convertido en el filósofo más mediático de lo que va de siglo XXI. Porque... ¿cómo se puede ejercer de filósofo en este siglo si no es siendo un filósofo espectacular? Y... ¿cómo no amar a un kamikaze que salta a la arena mediática exponiéndose a los insultos, ataques y burlas de los espectadores del espectáculo postmoderno?

Entre otras cosas, Zizek se ha empeñado en hacernos digerible a Hegel. Solamente este ejercicio de deconstrucción de la dialáctica hegeliana, inaccesible para el 99% de los mortales, a partir de un lenguaje popular, coloca a este señor en un lugar destacado, pero... ¡cuidado!, quiere decirse en un lugar destacado a pie de calle, no en su pedestal correspondiente. Es posible que Zizek, en vista del panorama, haya querido invertir la frase mahometana, y si la gente no se acerca hasta la filosofía, pues que sea la filosofía la que se acerque hasta la gente. En este proceso comunicativo, Zizek es un mediador, o, mejor aún, un medium a través del cual la grasa de Hegel, Lacan, Marx y Freud, entre otros, es transmitida al "populacho" en un lenguaje corriente, de andar por casa.

Entonces Zizek nos da comer. Sí, es un padre nervioso al que le tiembla el pulso cuando nos acerca la cucharadita de puré en la boca. Como hijos suyos, eso no puede por menos que provocarnos cierta inseguridad en la deglución, con el fantasma del atragantamiento presente en cada momento. Es un padre problemático en tanto que no suele ofrecernos soluciones pragmáticas. Zizek no tiene soluciones, pero a cambio te facilita una herramienta de cambio. Y para Zizek el cambio solamente tiene un camino de floración: la reformulación de las preguntas con las que se han construído el problema en cuestión. La reformulación te desencalla pero no garantiza que no vuelvas a encalllar. Desde este enfoque filosófico, la vida sería una secuencia de encallamientos sucesivos. Mayor incerteza no cabe.¡Excitante! ¿no?

Sus detractores también le golpean por esto, por no ofrecer soluciones, pero sus detractores obvian (quieren obviar) que Zizek no es un político, es un filósofo que mercadea con las ideas y que no quiere saber nada de promesas... En este punto Zizek es el antipolítico, una figura que seduce a los jóvenes universitarios como demuestra el aforo de los auditorios donde Zizek se llena de barro y suciedad hasta las cejas.

Pero de entre todos los grupos y colectivos que critican a Zizek (que se autodefine como marxista de la vieja escuela), destacan los socialdemócratas, que enseguida le catalogaron como reaccionario y como bufón oficial de las gracias liberales. Y es que los progre-pop se excitan cuando les atacan desde la derecha, pero se engatillan cuando las hostias les vienen desde la izquierda.

Pero este tema, el Zizek-polémico y un tercero, el Zizek-analista de cine, tendrán cabida en sendas entradas venideras, toda vez que logre sacudirme del cuerpo parte de la inseguridad que he tenido escribiendo esta. Que sirva como calentamiento previo el siguiente vídeo que ya ofrece algunas pistas del porqué del gatillazo que sufren los progre-pop con algunas reflexiones de Slavoj Zizek:

viernes, 10 de septiembre de 2010

Cómo ser Michael Haneke



Para ser como Michael Haneke es preciso aprender a querer a los amigos de la forma que sugería Nietzsche. Ante un problema donde tu amigo se enfrenta a un abismo, tienes que ayudarle a enfrentarse a su horror; hacer todo lo posible para arrojarle hacia el lugar donde habitan sus fantasmas; respetarle hasta el punto de dejarle que se debata entre la supervivencia y la caída al fondo del pozo del que está colgado; que llore, que grite, que luche contra sus demonios... Y solamente en el preciso instante en que su fuerza le abandone y empiece su vuelo hacia el vacío, cogerle fuerte la mano, llevarle donde estás tú y abrazarle con todas tus fuerzas.

Un rescate precipitado habría sido una trampa, un atajo en el que le habrías devaluado como ser humano, un mecanismo cristiano de compasión que solamente busca mitigar el dolor, huir de la verdad o correr hacia otra farsa. Un abrazo antes de dejarle caer habría supuesto una traición a la naturaleza de tu amigo, le habrías desviado de sí mismo...


Para ser un cineasta como Michael Haneke es preciso amar a tus espectadores de la forma que Nietzsche defendía el amor entre los amigos. Es preciso que los pongas al borde del precipicio, en posición de indefensión y girarles el espejo para que recuperen la frontalidad perdida... Y solamente rescatarlos al final, siempre y cuando el rescate sea posible...

Es preciso, también, amar a los personajes que construyes de la misma manera que amas a tus espectadores, sin compasión, despejándoles el camino hacia su perdición para que soporten, sin prótesis compasivas, el hecho de salvarse a sí mismos, siempre y cuando la salvación sea posible...


Pero no es suficiente con asumir que el amor es incompatible con la compasión..., porque, sobre todas las cosas, para ser como Michael Haneke es precio ser Michael Haneke, ese señor canoso de 68 años que sale en la entrevista, sonriendo amablemente mientras habla del horror que ha intentado retratar.

Puedo escuchar las canciones más tristes esta noche


"Song to the siren", This Mortal Coil (1984)



"Atmosphere", Joy Division (1980)



"Katty Song", Red House Painters (1993)

"Plainsong", The Cure (1989)



"Roads", Portishead (1994)

martes, 7 de septiembre de 2010

El vídeo de ETA la extraterrestra

ETA lo ha vuelto a hacer. Y políticos, tertulianos, la vecina del primero, todos, se vuelven locos preguntándose cosas y conceptos sobre la naturaleza de la declaración. ¿Tregua es lo mismo que alto el fuego? Sea lo que sea...¿es indefinido? No parece haber condiciones, pero... ¿quizás entre líneas haya algún mensaje cifrado? ¿Y si lo ponemos al revés? El euskera reproducido al revés puede ofrecernos pistas sobre qué hostias significa eso de proceso democrático... En fin... un sinfín de incógnitas y frases hechas acaparan los medios de comunicación, y las escaleras de los patios, y los taxis y los ascensores de toda España, todo porque ETA ha vuelto a hacerlo.

Y basta con analizar lo justo el vídeo para darse uno cuenta de que ETA ha hecho el mismo vídeo de siempre, con lo cual una cosa está clara: ETA, en su discurso audiovisual no se ha movido ni un milímetro y nos ha vuelto a castigar con un vídeo infame. Esta señal da poco pie a la esperanza: ETA continua clavada en 1895: en un plano-secuencia fijo frontal.

En cuanto al material técnico usado para la grabación les sobra con una cámara (estaría por determinar si la han anclado a un trípode o sencillamente la han apoyado en una mesa), con dos focos (que, por cierto, proyectan unas sombras horribles en la pared del fondo) y con un micrófono de corbata (en este caso, micrófono de palestino).

Y sobre la post-producción... ¿qué decir sobre la edición del vídeo y esa  raquítica música que enmarca la declaración? Cierto es que el fundido a negro resulta menos violento que un corte seco a negro. ¿Será esto una concesión, una señal de ablandamiento? Y qué créditos más sosos... No me explico tanta austeridad porque dinero no les falta. Tienen a buena parte de las medianas y grandes empresas vascas como financiadoras de sus proyectos, incluido esta pieza audiovisual, a través de los cómodos plazos mensuales que reciben en concepto de impuesto revolucionario. ¿Tanto cuesta dedicarle unos minutos a una buena edición que incluya, por ejemplo, el nombre de los tres actores? ¿O, por eso de mantener el anonimato (aunque Rubalcaba ya sepa quienes son estos y los tres que figurarán en la décima tregua) incluirlos a modo de guiño humorístico del tipo "Actor de la izquierda: E.; actriz de el medio: T.; actor de la derecha: A."?

Pues nada de eso, ni humor ni creatividad; una pena. Y la cosa es que teniendo pasta para hacer un corto de mediano presupuesto y aceptable calidad técnica, por no hacer no hacen ni el balance de blancos antes de grabar...


Entonces... si por dinero no es... ¿qué hostias pasa? Me cuesta pensar que detrás de esa puesta en escena haya una idea previa según la cual uno de los etarras diga: "¿Qué, gente, hacemos otro plano-secuencia-fijo-frontal a lo Lumière en la salida de los obreros de la fábrica?". Esta hipótesis ubicaría a los etarras en la retro-vanguardia minimalista cuyo axioma es "menos es más", con lo cual queda descartada de primeras. ¿No será más bien una prueba de anquilosamiento artístico (que en este caso también vale decir anquilosamiento ideológico)?

De todos los vídeos de las treguas de ETA (copias unos de otros desde el punto de vista audiovisual) siempre lo que me ha parecido más interesante, mucho más que el contenido verbal, es el "making of" que uno se imagina que hay detrás de cada escenificación. En ese ejercicio de imaginación me pregunto, por ejemplo, si ETA tiene un Departamento Audiovisual, es decir, alguien que hiciera las veces de brazo audiovisual del brazo armado. ¿Y habrá un cámara que diga acción? ¿Usarán una claqueta donde ponga, por ejemplo "Tregua 9, Toma Indefinida"? Mi teoría sostiene el peor de los escenarios artísticos, que consiste en creer que no hay un cámara y que son los tres mismos que salen en la imagen los que se lo han guisado y se lo han comido todo, como buenos currantes polivalentes que son, que igual le dan al "rec" que aprietan un gatillo.

Me los imagino poniéndose el despertador y levantándose temprano, llamándose entre ellos y repartiéndose las tareas. Tú coges la "ikurriña" y yo cojo la bandera de Navarra. Por cierto, ¿conoces a alguien que todavía guarde en su casa nuestro poster de "Bietan Jarrai" (trad: continuar en las dos [luchas, la militar y la política])? No, pero en el tercer monte, segundo camino a la izquierda, primer zulo..., tenemos la remesa que sobró de la última impresión... También es posible que tuvieran algún imprevisto de última hora: ¡Joder, que no hay chinchetas para el "Bietan Jarrai"! Y como no hay tiempo para bajar a comprar chinchetas en la tienda de abajo (la BBC y sus exigentes plazos de entrega) terminan solucionando el problema a lo McGiver troceando el chicle de nicotona de uno de ellos, que ha dejado de fumar hace poco, en cuatro cachos, uno para cada esquina del "Bietan Jarrai"...

Y cómo no adivinar la desesperación de actor figurante (nunca hasta las treguas de ETA la categoría "actor figurante" estuvo tan valorada) de los dos encapuchados de la izquierda y de la derecha ante los errores de lectura de su compañera la del centro. ¿Cuántas veces repitió la toma la etarra? ¿Cuántas veces discutieron el de la derecha y el de la izquierda por escaquearse de la labor de levantarse y hacer de claqueta? Por cierto, quizás sí que hayan tenido la destreza de comprar en el mercado negro un telepronter (telepronter, para los no puestos en terminología técnica televisiva, es ese aparato que se coloca junto a la cámara para que el periodista lea sin que se note que lee [def.1]; aparato de cuya existencia empezó a darse cuenta la audiencia cuando Iñaki Gabilondo empezó a dar las noticias en "Cuatro" [def.2]). Porque si además de todas las chapuzas técnicas y de dirección, me dices que la que habla ha tenido que aprenderse de memoria el texto que verbaliza, yo me quito le sombrero... En este caso, esta etarra, con esa memoria portentosa, tendría muchas oportunidades de reinserción preparándose, por ejemplo, alguna oposición para funcionaria del Estado. 

Los los otros dos, los figurantes, sin embargo, tendrían un peor encaje en el mercado laboral. Lo que sabemos de ellos por el vídeo es que se han tenido que aprender un guión de una complejidad similar al de las películas porno e incluso más fácil, con dos posturas, una, estar quietos y dos, levantar el puño izquierdo. Así que, a bote pronto, podemos presuponerles el itinerario cinematográfico porno en un mercado donde este sector es uno de los más jodidos (y perdón por la antimetáfora) del panorama vasco. Pero en fin, la conjunción metafórica de pistolas y penes siempre ha funcionado en el cine porno como fantasía masculina...; sería cosa de abrir las piernas del mercado por ahí, a ver si así puede haber reinserción. Otra opción que tienen es ganarse la vida por las fiestas patronales haciendo de mimos que levantan el brazo izquierdo cuando los niños les echan monedas... Y como última alternativa, pueden mandar el "Currículum" a "Vaya Semanita". ¡Quién mejor que ellos para interpretarse a sí mismos!

domingo, 5 de septiembre de 2010

El país de los sordos (Nicolas Philibert, 1992)

Diez años después de realizar "El país de los sordos" (1992) Nicolas Philibert sorprendió al público y a la crítica con el documental “Ser y tener”, donde la historia que se nos cuenta nos introduce en la escuela rural francesa y en la labor e interrelación cotidianas de un profesor con sus alumnos.

“Ser y tener” (2002) constituyó desde su estreno en salas todo un milagro económico del cine de no-ficción. Durante varias semanas pudo presumir de tener cifras recaudatorias de ficción. En Francia, nacionalidad de la película, tuvo un millón y medio de espectadores, mientras que en los países más grandes de Europa los espectadores rondaron los 200.000 por país.


El modus operandi de Philibert con “Ser y tener” es el mismo que en "El país de los sordos" y que en otros de sus anteriores trabajos: ubica al espectador en un nivel muy similar (el mismo, obviamente, sería imposible) en el que se encuentra el propio autor. Philibert argumenta que no busca “instruir al espectador desde una atalaya de un saber preexistente, de una posición de experto”. (en BRESCHAND, J. El documental: la otra cara del cine). Más bien, el director francés milita en la posición contraria:

Antes de hacer una película, cuanto menos sepa yo sobre la cuestión, mejor. Esta actitud tiene una ventaja: deja el campo libre al surgimiento de mi subjetividad, al encuentro y, finalmente, al cine. 

Esta aproximación a un tema, desde una posición de poder alejada del saber previo ubica a Philibert en una concepción cinematográfica bien distinta a la de otros autores, necesitados de empaparse meses, incluso años, del tema en cuestión, antes de empezar el rodaje. Bien es cierto que este riesgo previo de aventurero explorador deviene después en horas extra en el proceso de tejer el discurso definitivo en la sala de montaje, en un trabajo minucioso de vaciado de contenido desde la ingente cantidad de horas filmadas en esa espera y búsqueda del encuentro, que citábamos más arriba con la reflexión del propio Philibert.

Es evidente que Philibert siembra en el rodaje y cosecha en el montaje; es decir, que en el rodaje busca, pero que hasta el montaje no encuentra. En "El país de los sordos", el autor nos acompaña de la mano en una incursión bella, sugerente y apasionante, al mundo de las personas sordas. Una delicia, se mire por donde se mire. 

Lo que buscó Philibert durante el rodaje y lo que encontró durante el montaje tuvo este resultado: "El país de los sordos"...

sábado, 4 de septiembre de 2010

La televisión es cultura: ¡viva la perversión!

Se está celebrando estos días (del 31 de septiembre al 5 de agosto) el II Festival de Televisión y Radio de Vitoria-Gasteiz (FesTVal). El folleto del festival donde se presenta esta segunda edición empieza con el eslogan que han escogido los organizadores: "La televisión es cultura". Entre las diferentes informaciones de interés (qué es FesTVal, cuándo y dónde tienen lugar los diferentes eventos que lo componen, qué actividades, qué premios, quiénes organizan y quiénes patrocinan) han insertado tres citas que hacen hincapié en el eslogan, justificándolo, completándolo. La primera es del multi-artista Andy Warhol (muerto en 1987): "La inspiración es la televisión"; la segunda, del dramaturgo Bertolt Brecht (muerto en 1956): "El arte si es bueno es entretenimiento"; y la tercera, del cineasta Federico Fellini (muerto en 1993): "Condenar la televisión sería tan ridículo como excomulgar la electricidad o la teoría de la gravedad".

Se ha puesto entre paréntesis (a conciencia) el año de la muerte de los tres citados para contextualizar lo justo a qué época histórica pertenecen y a qué televisión se estaban refiriendo cada uno de ellos con sus palabras. En la televisión parece dar igual eso del contexto: meten todo en la coctelera y venga mueve que te mueve. Y si bien la cita de Brecht es indirecta (está insertada para establecer un acceso directo entre la palabra arte [cultura] y la televisión a partir del click del entretenimiento), las otras dos aluden directamente a la televisión, y ambas se refieren a otra televisión, a la del pasado, no a ésta, no a la que señalan los responsables del FesTVal. Y eso es trampa, amigos.

La televisión, además de otras cosas, es una gigantesca máquina de perversión (pervertir, según la RAE: "viciar con malas doctrinas o ejemplos las costumbres, la fe, el gusto, etc.") y si para autoproclamarse cultura tiene que subvertir los dos términos, televisión y cultura, lo hace. En fin, que su fantasía no sea jodida con la realidad que limita amargamente su ánimo de pervertir. 

Este juego incesante de perversiones a partir de las redefiniciones me recuerda un día que Jalís de la Serna (reportero de "Callejeros") vino el año pasado a dar una charla sobre "Guión visual" (o guión de montaje) al Máster en el que yo era alumno. En una de las preguntas saqué el espinoso tema de el ética en "Callejeros", en especial de cómo terminaban siendo personajes personas con escasa cultura, muchos de ellos "enfermos mentales", y que acceden fácilmente a ser grabados ellos y a sus entornos vitales. El periodista de "Callejeros" se defendió argumentando que esa gente no eran enfermos mentales y que más bien eran unos "frikis" deseosos de salir en la televisión. Mi siguiente pregunta fue... ¿entonces todos los síndromes de Diógenes que sacáis no son enfermos mentales? Y no recuerdo si se lo dije o lo pensé: ...porque vamos buenos si el umbral de enfermedad mental lo establece la televisión.

Pero es un hecho que así es: la televisión en general y "Callejeros" en particular han redefinido el término "enfermedad mental", lo han subvertido (hacia los parámetros del "frikismo") para regalarnos otro ejercicio de perversión. Y el caso de "Callejeros" es paradigmático de dicha transvaloración: algo presentado a la audiencia como denuncia social termina convirtiéndose en un circo del espectáculo degradante que es la clase muy baja, habitantes de las periferias chavolistas o de los centros marginales y cochambrosos, visto todo con ojos de clase media (que es uno de los target de "Callejeros").

Volviendo al FesTVal y a su eslogan "La televisión es cultura" claro, que debe ser muy jodido encontrar citas más o menos contemporáneas que alaben o que les rían las gracias a la televisión. Cuando los responsables del asunto le dieron al motor de búsqueda de Google después de teclear "citas sobre televisión" tuvieron que toparse, irremediablemente, con estas otras tres citas: "Hoy no salir en televisión es un signo de elegancia" (Umberto Eco, semiólogo); "La televisión puede darnos muchas cosas, salvo tiempo para pensar" (Bernice Buresh, escritora); y "La televisión será la base de la opinión pública, ha creado un mundo esquizofrénico en el que entre el individuo y lo global no hay nada" (Alain Touraine, sociólogo). ¡Bah!, intelectuales ingratos, qué aburridos...

En fin, la cosa es que intentar vincular la cultura a la televisión supone siempre recorrer un camino lleno de trampas para terminar patinando y cayendo. Y no solamente cuando es la televisión más mierda, más insustancial, más rosa y más sensacionalista, la que se apropia del término. También cuando, por ejemplo, La 2 de TVE se auto-atribuye el calificativo de cultural, añadiéndolo al sustantivo televisión: la televisión cultural. Desde luego que es fácil dar cuenta de la perversión que pueda tener un Jorge Javier Vázquez diciendo que su programa "Sálvame" es cultura... pero quizás no lo es tanto atribuirle esa perversión a la televisión cuando hablamos de La 2, la cadena de las minorías, la televisión de los "pichi-guays". Que conste que quien escribe ve La 2; no solamente cree que es necesaria, sino que además es la cadena que más ve. Bien, esto no me impide iniciar una crítica a La 2, que no es sino también una auto-crítica a mi consumo televisivo en la ilusión perversa de pensar que estoy consumiendo cultura.

La 2 es un pesebre individualizado, sí, dentro de un establo limpio. Es la única diferencia con respecto a esos abrevaderos donde todos los animales se disputan la comida, dentro de establos embadurnados de mierda. Pero ambas formas de dar de comer coinciden en que sus acciones están despojadas de cualquier atisbo de cultura. La cultura tiene que ver con la maleza, con las malas hierbas, con un jardín que una vez tuvo dueño y que ahora está abandonado, y cuyas plantas salvajes ya invaden los caminos que una vez fueron transitables. Para atravesar la cultura es preciso estar dispuesto a perder sangre en el camino. En esta definición, por supuesto, las tijeras de podar no se contemplan. Lo cultural debe tener algo de salvaje, algo de peligroso, algo de transgresor y, sobre todo, y volviendo al jardín, una esencia indómita, cuya violencia resulte seductora y temible al mismo tiempo. Según esto La 2 está lejos, muy lejos, de ser una televisión cultural, pero en fin, a falta de pan buenas son tortas. Uno se alivia con los simulacros de cultura de La 2, al tiempo que se escandaliza con los simulacros de cultura de Tele 5.

En cualquier caso, la televisión, esa máquina expendedora de imágenes y de discursos que está en todos los hogares ocidentales y que no invita a ninguna transformación ni a ninguna acción transgresora de lo establecido sino justamente a todo lo contrario, esto es, a la pasividad total, a la inanición social y al consumo por el consumo, es incompatible con la cultura. Es cuestión de asumir esa derrota.

Pero la televisión, sus productores, sus personajes, sin embargo, están lejos de asumirlo y subvierten la derrota en espectáculo verbal y visual. Y como resultado de dicha perversión proclaman la victoria: milagros de la televisión, esa cajita mágica donde todo es posible. El eslogan del FesTVal de este año, "La televisión es cultura", acompañado de las citas arriba mencionadas de Warhol, Brecht y Fellini, tuvo su continuidad en la primera jornada del festival, cuando se organizó un debate que debía lanzar un veredicto definitivo sobre la culpabilidad o no culpabilidad de la televisión. En el juicio-teatrillo que escenificaron Joseba Fiestras, director del Festival, hizo las veces de abogado defensor; Javier Padilla, jefe de producción, hizo las veces de fiscal; y personajes televisivos como Agustín Bravo, Xabier Deltell, Risto Mejide, Mayra Gómez Kemp, Ángel Llácer y Jorge Fernández fueron llamados en calidad de testigos; finalmente el actor José Carabias, interpretando el papel de presidente del tribunal, tuvo que lanzar un veredicto. Embriagante máquina del espectáculo autocaníbal televisivo.

El juicio no tenía por menos que tener un final feliz. Lo ponía en el guión (el guión: esas tijeras de podar): la televisión fue declarada inocente. Así se ponía fin a la polémica y se depejaba con claridad toda la magnitud de la moraleja: que tres despojos intelectuales (Eco, Buresh y Touraine) no se atrevan a privarle a la televisión de sus brillantes perversiones.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Publicidad pro-vinilo heavy-yonky, yonky-punk o gothic-horse

Esta mañana he recibido por correo un catálogo general de vinilos. El remitente es una empresa importadora de productos musicales a la que estoy suscrito, especializada en música rock (sobre todo heavy, punk y gótica). Dentro me he encontrado con dos formas (publicitarias) de fomentar el uso del vinilo.

La primera corresponde a una manera moderna de hacer propaganda, en positivo, con la cosa del buen rollo por delante. Ideología blanda, digamos. Es un mensaje que aparece en una camiseta especial que ofertan con motivo del tema central del catálogo (venta de vinilos y accesorios) y que hace uso de la coletilla "Save the...", tal y como hicieron en su momento los eslóganes "Save the children", "Save the planet" o "Save the quebrantahuesos".



Y la segunda..., en fin, la segunda no precisa ningún comentario. ¿O sí? Vosotros diréis.