miércoles, 4 de agosto de 2010

Artefacto audiovisual anarquista a la vista

Esta mañana, leyendo la versión digital del Diario de Noticias de Álava, me he encontrado en su sección de Opinión con un artículo titulado De la servidumbre moderna. Se trata de una reflexión donde su autor, Manuel Millera, escribe una crítica (amable) sobre la película "De la servidumbre moderna", firmada por Jean-François Brient y Víctor León Fuentes.

La película en cuestión es un torpedo anarquista en toda regla. Es una película autoproducida y autodistribuida, es decir, autogestionada en todo su proceso de construcción. Diríase que empieza casi como si hubiese escrito el texto algun integrante de la Escuela de Frankfurt (de gran influencia marxista) y que termina casi como si lo hubiese escrito Bakunin. Y el final de la película sintetiza este trayecto desde el socialismo-comunismo hasta el anarquismo, cuando se dice que el poder no hay que conquistarlo (conquistarlo sería de naturaleza marxista) sino que hay que destruirlo (proclama anarquista).

De todo esto resulta curioso que un periódico local como el Diario de Noticias de Álava, por mucha línea editorial de izquierdas que tenga, dé cobertura, desde su sección de Opinión, a una película de esta naturaleza. Esto no es una crítica; solamente, la expresión de un asombro.

Tal y como puede leerse en la página web donde está alojado este artefacto audiovisual (desde donde se puede ver y descargar) "el objetivo central de esta película es poner al día la condición del esclavo moderno en el marco del sistema totalitario mercantil y dar a conocer las formas de mistificación que ocultan esta condición servil". Quien escribe no puede estar más de acuerdo con el objetivo y con el discurso mismo de la película, aunque la forma del relato caiga demasiadas veces en las trampas propias de lo que critica (consumo rápido) haciendo uso de varios recursos audiovisuales que trabajan al servicio del sensacionalismo (la música, sobre todo).

Objeciones aparte, hay otros aspectos de la película que merecen ser tenidos en cuenta. De algunos ya se hace cargo también Manuel Millera en su artículo del Diario de Noticias de Álava. Por ejemplo, la coherencia que guarda la distribución (la autogestión) con el mensaje de la película: "El texto y la película están libres de derechos, y pueden ser copiados, difundidos y proyectados sin la menor duda" (Web de la película). Pero hay más...

Hay un patrón de discurso audiovisual en el que caben muchas de estas películas, piezas, vídeos, etcétera, que pueden catalogarse como activistas, antisistema o anarquistas. La principal es la voz en off, cuyo comentario es casi siempre dogmático, pedagógico y altamente moralista, variables que construyen un relato verbal duro desde el punto de vista ideológico. Y esta aspereza (verbal) es una seña de identidad (ideológica) de esta película, como también lo es en "La hora de los hornos", película estandarte del cine militante; y también, por poner otro ejemplo, de "La sociedad del espectáculo", aunque en este caso el relato verbal de Guy Debord (al que se cita al principio de "De la servidumbre moderna") tenga más aspiraciones intelectuales que morales y dogmáticas.

Otra característica recurrente de este tipo de propuestas es el uso (y muchas veces abuso) de los intertítulos, de origen propio o de naturaleza de cita, que suelen, además de añadir información, hacer las veces de separadores de bloques temáticos. La arriba citada "La hora de los hornos" también alberga en su recorrido visual continuos insertos escritos, aunque en este caso fueran usados como elementos de ruptura del discurso o en un juego, mucho más atractivo formalmente, de alternancia con las imágenes, más que de simple transición, como ocurre en "De la servidumbre moderna".

Finalmente hay que apuntar que la película "De la servidumbre moderna" está construida enteramente con imágenes "robadas", y que han sido extraídas de sus relatos originales de otras películas documentales y de ficción. Este ejercicio de construir discursos nuevos (casi siempre contradiscursos) haciendo uso de imágenes que en sus relatos de origen significan otras cosas es también, si quizás menos que las dos características anteriores, bastante recurrente en las acciones audiovisuales antisistema. En esto "De la servidumbre moderna" recuerda mucho a "La sociedad del espectáculo" y, sobre todo, a Zeitgeist, una película pensada desde Internet para Internet, igual que la película de la que se está hablando.

La cosa es que con esta manera se prescinde del rodaje; se le hace, digamos un by pass (sobre todo por limitaciones económicas), para pasar directamente desde el proceso de documentación, redacción del texto y búsqueda de imágenes, en acceso casi directo, hasta el montaje. También, matar al rodaje supone una ruptura de índole revolucionaria en el proceso creativo. Y focalizar casi todo el trabajo en el montaje (lugar donde se hila el discurso para construir la ideología del film) da una pista más que fiable de las intenciones políticas de la producción que se tiene entre manos.

Aquí habría que retomar la coherencia entre forma y contenido de esta película, y entre acción y discurso, en tanto que una película que ataca y que pretende destruir el totalitario sistema mercantil ("La lucha contra la propiedad privada, intelectual u otra, es nuestra fuerza de ataque contra la dominación presente") se apropia de material "ajeno", es decir, que viola sin reparos los derechos de autor, para construir un artefacto distinto, incendiario en este caso.

Aunque en fin..., como artefactos incendiarios yo sigo eligiendo el torpedo revolucionario fabricado en 1968 por Fernando Solanas y Octavio Getino "La hora de los hornos" y el torpedo intelectual fabricado en 1973 por Guy Debord "La sociedad del espectáculo".

Anarquista rarito que es uno, quizás marxista situacionista, no sé...

He aquí "De la servidumbre moderna":
 

lunes, 2 de agosto de 2010

¿Es Wikileaks el comienzo de un quinto poder?

En la revista impresa de "Le Monde Diplomatique", monográfico sobre la información de título "Medios de Comunicación en crisis" (Nº 3, septiembre de 2005, edición española), puede leerse un artículo donde Ignacio Ramonet reflexiona sobre la necesidad de crear "un quinto poder que informe sobre la información". En el desarrollo de su artículo (de título, precisamente, "El quinto poder"), Ramonet sostiene que este nuevo poder debería permitir "denunciar el superpoder de los medios de comunicación, de los grandes grupos mediáticos, cómplices y difusores de la globalización liberal [a partir de la construcción de una fuerza cívica ciudadana]".

Esta (nueva) necesidad surge como contraposición a unos medios de comunicación que han traicionando uno de sus estandartes fundacionales: su capacidad de ser y actuar como contrapoder. Porque, según Ramonet, "estos grandes grupos [de comunicación] ya no se proponen, como objetivo cívico, ser un cuarto poder ni denunciar los abusos contra el derecho, ni corregir las disfunciones de la democracia para pulir y perfeccionar el sistema político".
 
Wikileaks difundió en marzo de este año un vídeo en el que se da a ver cómo un helicóptero del ejército de los EE.UU. dispara y asesina a un grupo de varias personas (civiles). Wikileaks ha vuelto estos días a la notoriedad mediática después de publicar 75000 informes (secretos hasta ese momento) que detallan cómo les está yendo (a los norteamericanos en particular y a los demás países integrantes de la ONU y desplegados en suelo afgano en general) en la guerra de Afganistán.

Otra plataforma similar a Wikileaks, y operativa desde hace más tiempo, es Cryptome, cuyo secreto desvelado de más calado mediático fue el "manual de Microsoft en el que la empresa da permiso y explica a las fuerzas de seguridad estadounidenses cómo utilizar sus bases de datos para conseguir información sobre usuarios" (Daniel del Pino, "El secretismo hace aguas en la web", diario Público, 1 de agosto de 2010).

También realizan ejercicios de "esclarecimiento" similares Sun Light Foundation, National Whistelblowers Center y Confidential Informant (listado obtenido también del artículo de del Pino).


ASESINATO COLATERAL (Parte 1) - WIKILEAKS


Dicho esto, ya puede tenderse un puente en forma de pregunta entre lo que afirma y solicita Ignacio Ramonet en el artículo arriba citado y estas (nuevas) plataformas (para)periodísticas: ¿pueden desembocar las prácticas de Wikileaks, Cryptome y otras páginas web similares en el principio de la constitución de un quinto poder? La respuesta requiere más tiempo y más espacio de reflexión de los que va a tener esta entrada, pero en cualquier caso se pueden abrir dos caminos exploratorios, ambos igualmente válidos y que, a pesar de ello, conduzcan a soluciones y destinos diferentes.

Un primer camino se abre a partir de una respuesta cuyo comienzo es "No, pero..." Este "no" encierra la cualidad principal de estas plataformas con respecto a los medios de comunicación dominantes hasta la fecha, porque Wikileaks, Cryptome y otras, antes que pretender vigilar al cuarto poder o, cuando menos, cuestionarlo (no hay que olvidar que Wikileaks, antes de "airear" los documentos concernientes a Afganistán, anticipó el hecho a tres grandes de medios de comunicación; con doble propósito: uno, hincharse de prestigio y dos, no soliviantar a las grandes empresas del sector), se (auto)ubican en la estructura comunicativa como by-pass que fulminan a los intermediarios entre los hechos y las noticias surgidas de tales hechos.

El "pero" seguido de puntos suspensivos arrastra un acto de comunicación indirecto que circula desde estas nuevas plataformas hacia los ciudadanos pero también hacia los medios de comunicación actuales, en una suerte de aviso o de amonestación visible en la que se constata que ellos van a sobrepasar el límite que los medios de comunicación no pueden saltar, o bien por razones de ataduras con la publicidad, o bien por razones de ataduras con los poderes económico y político, o bien por razones de autocensura una vez que cada medio sabe dónde está y quienes son las manos que le dan de comer.

En este punto del camino abierto el "no" se llena de peros, porque Wikileaks, Cryptome y otras webs, de alguna manera, están señalando a las grandes empresas del sector de la comunicación, denunciando hasta que punto los medios de comunicación "oficiales" (los que fabrican la opinión pública y los que nos construyen, en parte, como sujetos políticos) son cómplices de tantos silencios (que comparten con los poderes establecidos) y dueños de múltiples invisibilizaciones intencionadas que tienen como principal misión perpetuar el status quo vigente, y que tantos beneficios da a quienes son los portadores reales del poder.

El segundo camino sería el opuesto al primero en apariencia: una respuesta cuyo comienzo es "Sí, pero...". Aquí el "sí" adquiere toda su importancia cuando se vincula el nacimiento del cuarto poder (la prensa) al avance tecnológico que supuso la imprenta, y que terminó, con el paso de los años, por poner todo lo viejo hasta entonces patas arriba, en beneficio de esa nueva sociedad que fue resultando a partir del poder construido a su medida por la burguesía.

Es cierto que en sus inicios la prensa no fue cuarto poder. Muchas de las primeras gacetas surgidas en diferentes monarquías de la Europa de entonces eran los aparatos de propaganda de sus monarcas. Pero no tardó mucho en ser contrapropaganda, en un ejercicio constante de la pujante burguesía por construirse una opinión pública favorable. Solamente en esa época de transición la prensa fue cuarto poder. Conforme la burguesía fue apropiándose del poder real, tras las diferentes revoluciones sociales surgidas tras sus choques con los Antiguos Regímenes de cada país, el cuarto poder fue diluyéndose hasta llegar a lo que es hoy, un poder simbiotizado con los demás poderes, incapaz de toda resistencia por ser, en sí, parte del mismo poder. 

De aquella dinámica política (que incluye la económico-social) surgieron los Estados, barriendo casi por completo las estructuras medievales dominantes durante tanto tiempo. Y de aquella dinámica surge esta en la que nos encontramos ahora, en un panorama donde los Estados están perdiendo el poder en beneficio de las grandes empresas trans(y multi)nacionales y sus juegos donde se prioriza la supremacía del mercado sobre cualquier otra variable. Es ahí, en su pretendida globalización económica donde surge una tecnología capacitada para conectar a todo el mundo, Internet, y es ahora precisamente, en este momento de transición que va desde donde estábamos hasta donde vamos donde la tecnología Internet puede generar brechas de contrapropaganda (y resistencia) contra los poderes establecidos.

Entonces, si de la invención de la imprenta surge la prensa y con ella, aunque fugaz, un cuarto poder que vigila a los otros tres, del surgimiento y consolidación de Internet surge Wikileaks, Cryptome y otras plataformas-webs, donde basta un simple acceso directo de la ciudadanía para ser puesta al corriente de lo que nos ocultan los otros cuatro poderes. Aquí sí puede vincularse la potencialidad de Internet, con cobertura mundial, con un supuesto quinto poder con capacidad de señalar, vigilar y denunciar la prácticas abusivas de los demás poderes.

El "pero" de detrás del sí y seguido de puntos suspensivos lo conformaría la necesidad previa de redefinir los poderes reales actuales. Porque si hasta ahora los poderes definidos como tales eran los poderes legislativo (Parlamento), ejecutivo (Gobierno) y judicial (Tribunales), al día de hoy dichos poderes sustentan más una naturaleza anacrónica cada vez más fosilizada que presente y activa. Por poner un ejemplo, los estados de la Europa unida han perdido su soberanía económica delegándola sobre el Banco Central Europeo, que es quien fija los tipos de interés. Es dedir, que el modelo de poder político basado en el Estado (y en los tres poderes que ya dejó señalados Montesquieu) está perdiendo fuelle; y que viene otra cosa que tiene que ver más con el poder económico y que se ejerce desde estancias supranacionales.

De este nuevo poder económico emanarían y estarían vinculados (en subordinación) todos los demás, incluidos los tres propios de los estados, el fugaz e intermitente cuarto y ahora, el quinto, surgido de la era Internet. Bastaría esperar su tiempo para que el poder que viene asimile los recursos y herramientas contrapropagandísticas (Wikileaks, etcétera) para asimilarlo en su estructura y para que trabajase en su beneficio, en la lucha por erradicar las cada día más viejas estructuras propias del Estado.

Esto es, en el nuevo patrón o paradigma del nuevo poder económico, el Estado sobra. Para el Mercado el Estado es un intermediario prescindible. Sus clientes (nosotros) cada día somos más siervos del poder económico globalizado que del poder que emana de cada Estado. Y en la eliminación de los molestos intermediarios también sobran los medios de comunicación tal y como los hemos entendido hasta ahora, como correas de transmisión, como "interpretadores" de la realidad y de los hechos que en ella acontecen, o como fabricantes de la opinión pública.

El nuevo orden económico se basta a sí mismo (sin los siempre molestos intermediarios) para construirse una clientela. Porque precisamente nosotros, hasta ahora ciudadanos con una nacionalidad determinada, somos sus intermediarios, o, dicho de otra manera, esos cuerpos (no libres) por los que circula el capital (libremente). En esa fácil ecuación no hacen falta los Estados. Porque ahora somos consumidores, o esas mercancías cuyo cometido es recibir un dinero mensual a cambio de hacerlo circular lo más rápidamente posible para que la máquina capitalista esté engrasada a perpetuidad.

Y en este panorama donde se vislumbra el ejercicio paulatino de eliminar a los intermediarios por parte del nuevo poder económico, el camino se llena de maleza, y no hay machetes ni hachas suficientes para despejar la incógnita sobre la verdadera naturaleza de webs como Wikileaks, Cryptome y otras páginas webs similares, que, imitando el patrón del poder económico emergente, puentean a los intermediarios para ofrecernos información en bruto. La pregunta que subyace aquí es si esta práctica ha sido generada por la fuerza cívica ciudadana a la que se refería Ramonet en su artículo o si esa fuerza cívica está por construirse a partir de estas nuevas prácticas (para)periodísticas.



ASESINATO COLATERAL (Parte 2) - WIKILEAKS




Pero una cosa es incontestable: Wikileaks, Cryptome y otras páginas webs similares, al día de hoy, y sin tener en cuenta otros abordajes de análisis a sus prácticas, devuelven (y dan a ver) a la opinión pública unos documentos después de que los demás poderes (sean cuales sean) y sus gabinetes de prensa (los medios de comunicación oficiales y oficialistas) nos los hayan hecho tragar en formato ficción. Y esto es, de alguna manera, devolvernos a las audiencias de noticias, o a los consumidores de "realidad", a un estatus de espectador respetado que ya habíamos perdido o que quizás nunca habíamos tenido.

Sabíamos que el género propagandístico preferido por los poderes para autopublicitarse era la ficción. Y sabemos que lo seguirá siendo. Sabíamos que el género contrapropagandístico de esos poderes era el documental. Y sabemos que lo seguirá siendo. También sabíamos donde estaba la CNN y donde seguirá estando. Y ahora sabemos donde está Wikileaks, pero no sabemos donde estará pasado un tiempo.

viernes, 16 de julio de 2010

La conjunción de tres astros

¿Qué ocurre cuando Patti Smith hace una versión de la canción de Nirvana "Smells like teen spirit" y Jem Cohen realiza el vídeoclip? Esto:

jueves, 15 de julio de 2010

¡Atención, peligro extremo! Se habla de España y de Euskal Herria

Hay un texto de Jean-Paul Sartre, titulado "El proceso de Burgos" (publicado incialmente como prólogo a "Le procès de Burgos", de Gisèle Halimi, en 1971), incluído en el tomo 2 de sus "Escritos políticos" (Alianza Editorial, 1987), en el que el filósofo francés ahonda en la idea de una España colonialista y colonizadora, y en cuya estrategia expansionista entra de lleno la pretensión de anulación del pueblo vasco.

Lo más interesante de la reflexión de Sartre (hoy sería impensable que un intelectual tomara partido de semejante manera) es como establece dos categorías pares que entran en conflicto irremediablemente. La primera es el par que forman Estado con Abstracto; y la segunda, Pueblo con Concreto. Es decir, para Sartre, ser francés, o español, o alemán, no deja de ser una abstracción. Un ciudadano de un Estado no tiene identidad porque el Estado se ha encargado de anulársela. El Estado despoja la identidad, arrojándote a la categoría de ciudadano, donde la característica primera es el anonimato. Entonces, cuando uno dice "yo soy español" (estos días se ha escuchado mucho esta frase) está formulando una idea abstracta, una ilusión, una ficción. (Murmullos en la sala).

De manera contrapuesta, los pueblos sí existen, son tangibles, concretos, y proporcionan a su sociedad herramientas (documentales) que les arraigan a un territorio y les cohesionan internemante como colectivo. La primera y principal herramienta de los pueblos es su lengua. Y aquí Sartre es donde explica el porqué del empeño de la España franquista en atacar al pueblo vasco en su línea de flotación, el euskera. Quitándole a un pueblo su lengua le desarmas como pueblo y su tránsito hacia la asimilación se hace más fácil para las fuerzas centrípetas de la abstracción, verdaderas armas de los Estados. 

Este enfoque histórico donde las fuerzas de la abstracción operan como auténticos agujeros negros o sumideros donde terminan siendo tragadas todas las fuerzas concretas que pululan por ahí, da lugar a una lectura enrevesada. Si un Estado tiende a anular a los pueblos que lo forman, la creación de un Estado vasco lograría justo lo contrario por lo que luchan las fuerzas independentistas: la anulación del pueblo vasco o, en su defecto, su definitiva abstracción. 

Otra paradoja que arroja este enfoque es la que podemos llamar "estrategia de los que apagan fuego con gasolina". Porque todas las fuerzas centrípetas que insisten en negar la existencia del pueblo vasco, negándolo lo confirman, lo reafirman y lo reconstituyen.

Paradojas aparte, lo cierto es que todo Estado es, por naturaleza, centralista y centralizador. Y aquí radica la peculiaridad de España como Estado. España es un Estado fallido, en tanto que no ha sido capaz a lo largo del tiempo de homogeneizar a todos los pueblos en una sola idea abstracta llamada España. Esa falla, sin embargo, podría usarla como vector vanguardista y ejemplarizante hacia otros Estados que albergan dentro distintas naciones. Estoy hablando, claro, del Federalismo.

España será República Federal de Pueblos o no será, o lo que sea seguirá siendo esta fricción permanente entre el centro y las periferias. Un federalismo de libre adhesión, sin imposiciones. Que pertenezcan a la República Federal los pueblos que así lo quieran. De esta manera podría extenderse el ejemplo, sin ir más lejos a Europa, donde se podría empezar a cambiar el modelo y pasar así de una unión de Estados a una comunión de Pueblos.

miércoles, 14 de julio de 2010

Level Five (Chris Marker, 1996)

Level Five es una película que aborda el universo virtual de los juegos de ordenador, las bases de datos e internet, como vehículo para combinar una minuciosa investigación documental sobre la batalla [de Okinawa] con un drama ficcional de un amor perdido.

(Catherine Lupton, en el libro "Recuerdos del futuro. Pasajes en la obra de Chris Marker")

En general me atraen las películas en las que el director me saca, me desencasilla, me arranca del lugar donde por inercia me ubico para asistir a cualquier historia como espectador. Es decir, que me ponen las historias en las que se pretende, además descaradamente, ubicar al espectador en lugar incómodo, y nada proclive a mantener la misma posición durante dos secuencias seguidas. 

Porque aquí soy irreductible, especialmente egocéntrico y literalmente maniático: lo más importante de todo relato es el espectador-receptor-lector-escuchador, mucho más que la historia que se cuenta, y mucho más aún que los personajes que las pueblan.

Lo más importante es el espectador, o mejor dicho, en qué posición ubica el contador de la historia a su espectador. Hasta qué punto le valora o le desprecia. Si le va a meter apresuradamente toda la comida posible para que la engulla o si le va a preparar exquisitas degustaciones que necesitan ser repetidas para ser disfrutadas; es decir, si el contador va a ubicar al escuchador como objeto bulímico o como objeto respetable. Y también, cuánto ensancha la mirada del espectador la forma en que el contador extiende sus armas para desarmarle como espectador...

Por eso me gusta Chris Marker, porque sus películas me convierten en otro espectador, de mirada, digamos, cada vez reconstituída, regenerada, y lista para seguir mirando, pero cada vez con más cautela y con la capacidad de verme a mí mismo como sujeto que mira... Mirar el mundo y las imágenes del mundo cada vez con más cautela; eso es lo que me llevo de Marker cada vez que veo alguna de sus películas.

En "Level Five" (1996), Chris Marker aborda un tema olvidado: la batalla de Okinawa, archipiélago japones cuya resistencia provocó el lanzamiento posterior de las dos bombas atómicas sobre suelo nipón. En las islas que forman Okinawa murieron dos terceras partes de la población, una proporción de devastación humana jamás vista hasta la fecha. 

Pero si esperas ver el documental-tipo histórico donde multitud de testigos terminan construyendo un mosaico de tesis sesuda, con rasgos más o menos pro-bélicos o anti-bélicos, o  con pretensiones objetivas..., estás perdido de antemano. Marker construye su relato con 6 personajes individuales: una mujer (Laura) que está diseñando un juego informático sobre la batalla de Okinawa; un interlocutor que no aparece nunca y al que se dirige Laura constantemente, mirando a cámara (este interlocutor está muerto, según parece, y, al mismo tiempo, somos cada uno de los espectadores, porque Laura nos mira cada vez que habla); el propio Chris Marker, cuya voz teje el comentario junto al de Laura; y tres personajes japoneses, un testigo de Okinawa, un director de cine y otro.

¿Documental? ¿Ficción? "Level Five" responde a uno y a otro género y a ninguno de los dos al mismo tiempo. ¿Cómo? Es Chris Marker. Es "Level Five", ¡qué joya! ¡Y van...! ¿cuántas? De nuevo, Marker fue un colirio que limpió mi mirada y a mí mismo como sujeto que mira...

He aquí "Level Five" (1996):

martes, 13 de julio de 2010

La cosa de desaparecer del mapa por cuenta propia

En el primer párrafo del prólogo del libro Joy Division / Ian Curtis / Canciones (1991), Santi Carrilllo (director de la revista Rock De Lux) se hacía esta paja mental (intelectual) intentando explicar el suicidio:

La respuesta a la pregunta puede ser doble: a) se ha de andar sobrado de valor; b) se ha de carecer totalmente de él. Y si el valor como motor de la existencia, como reclamo y predisposición de voluntad activa para ejercer nuestras funciones vitales, da o quita razones - el simple hecho de actuar o no hacerlo nos las proporciona -, la valentía puede darnos o quitarnos hasta incluso la vida, entendiendo ésta como la razón suprema de la existencia, en obvia contraposición con la vaguedad de la nada como negación de esa propia existencia, y como pasaje indescifrable en el que se alza la muerte como una nebulosa a la que un único gesto, sólo uno - accidental o forzado, pero siempre indefectiblemente terminal -, nos hace acreedores, dicen que eternamente.

Hace unos días, "Redes" dedicaba su capítulo al tema del suicidio, mejor dicho, a cómo se podría prevenir el suicidio. Desde el enfoque puramente científico (intelectual igualmente), las palabras dichas por Punset y por los dos expertos invitados (uno, psicólogo y la otra, psiquiatra) volvieron a quedar como las palabras de unos personajes que están encantados de escucharse a sí mismos (se llega a decir que el 40% de los suicidios se debe a causas genético-biológicas, a través de la información de los genes del sistema del neurotransmisor serotonina), y poco más.

En ambos discursos, el final no tiene por menos que estar protagonizado por profesionales que terminan con sus gestos desencajados, y con sus cuerpos agotados, y con la sensación, siempre, de estar avanzando (avanzar en el sentido científico) nada o casi nada. 

He aquí el programa de Redes, titulado "El suicidio se puede evitar":


Ocurre que ambos enfoques sobre el suicidio, el intelectual(oíde) y el científico, están motivados por una misma fuerza reflexiva, que no puede ser otra que la heredada de la Ilustración. Esta fuerza es objetivista, positivista y, claro, cientificista. Ambos discursos tropiezan en la misma piedra, que no es otra que el "a priori" marcado y que consiste en explicar racionalmente un acto cuya naturaleza no puede ser explicada, y mucho menos aplicando (a priori) los filtros de la razón. Por eso ambos discursos, que nacen con vocación de arrojar luz, solamente pueden construirse en un enredo permanente que no deja elegir otros caminos que los empantanados. Penetrar en el suicidio por la razón solamente conduce a la perplejidad, al ruido y a la incomprensión. Nuestra sociedad y el masoquismo. ¡Qué idilio espectacular!

Para terminar de ensuciar el panorama voy a poner sobre la mesa un tercer enfoque sobre el suicidio, el mío, igualmente onanista pero ubicado en las antípodas de la Razón: un discurso radicalmente subjetivista, intencionadamente negativista y militantemente anticientificista. Pido ayuda, maestro Cioran, para comenzar mi reflexión:

- El que pertenece orgánicamente a una civilización no sabría identificar la naturaleza del mal que la mina - escribe Cioran.

No me puedo imaginar mayor ingratitud que la de un suicida que logra su objetivo. Su sociedad, su Estado, han invertido en él como individuo que tiene el deber moral de desarrollarse dentro de una próspera comunidad. Nuestros brazos armados de la ciencia médica están trabajando día y noche para alargar nuestra estancia en este nuestro paraíso laico. ¡Podremos vivir 100 años, nos dicen! Y vosotros, ingratos, os suicidáis...

No me puedo imaginar mayor ingratitud que la de alguien que, aunque sea fugazmente, mire cara a cara a su propia finitud y dispare, consciente de que ese acto es lo último. Ingratos vosotros que os arrojáis a la muerte cuando la sociedad que os ha construido no la quiere ver ni en pintura. Ingratos vosotros que no habéis recogido las enseñanzas de vuestros profesores, ni de vuestros padres ni familias... ¡Honraras a tu padre y a tu madre...! Y vosotros, ingratos, os suicidáis...

No me puedo imaginar mayor ingratitud que la vuestra, cuando decidís que no soportáis más sufrimiento y que es hora de partir. ¿Hacia dónde? Hacia el no-dolor. Eso no es muy cristiano, amigos. Sois unos ingratos con los dos mil años de moral judeo-cristiana que han ido pasando de generación en generación hasta llegar a vosotros. Decidís no sufrir... ¿desde cuándo os habéis creído tener esa libertad de no sufrir? Y vosotros, ingratos, os suicidáis...

Publicidad. "Un alud de septiembre", de Surfin´Bichos, patrocina todas las veces que aparezca en esta entrada la palabra suicidio:


LETRA DE LA CANCIÓN

Pedro vio por primera vez dónde estaba el verdadero amor; su escopeta de caza de dos cañones se apoyaba en un rincón. La certeza del uno para el otro, y esa atracción era tan dulce que por fin se miraron reposadamente los dos, se miraron a los ojos los dos, y ella habló y todo se acabó.

Un alud en pleno septiembre te ha inundado y tú notas en el vientre como un alud en pleno septiembre te ha inundado y tú notas en el vientre como un dolor, un viejo dolor.

Una flor de septiembre, te tropiezas con ese olor y la muela del juicio brota en el fondo de tu alma como un dolor.

Un alud entra por tu ventana sin avisar y tú no puedes cerrarla y entra así la luz, brilla tanto la nieve blanca aquí, y tú tan cegado que no puedes ver nada más.


Hace falta ser ciega y vivir solamente al servicio de las ideas ciegas para decir que el suicidio es la muerte más desoladora de todas las muertes (lo dice la psiquiatra invitada en "Redes"). La desolación es vivir por inercia, por obligación, o por decreto-ley. La desolación es agonizar mientras se te hincha el estómago de no comer (¿sabrá la psiquiatra lo que ocurre en el cuerno de África?, ¿se puede estar tan ciega?). La desolación es morir cuando no lo eliges: un misil israelí, por ejemplo, entra en tu casa y mueres tú, tu familia y el bloque entero. Esto ha pasado hace poco en Gaza y en el Líbano, con muchas personas. Son solamente dos ejemplos. La desolación es que no te dejen morir cuando deseas morir. ¡Y que todavía no sea posible la eutanasia...! El Estado no tolera la libertad de sus ciudadanos. Es la razón por la que, igual que la eutanasia, el Estado / la Sociedad tiene atragantada la idea del suicidio.

Y además presumen de la bajeza de etiquetar a los que se suicidan como enfermos. En un panorama existencial en donde te han venido mal dadas, o cuyas experiencias vitales (la mayoría venidas de la mano de esa institución sagrada que de momento no se cuestiona: la familia) te han abierto brechas de tal envergadura que se hacen insalvables e incicatrizables..., en una trayectoria vital donde tantas cosas te han determinado en el sufrimiento, en la devastación y en la desesperanza, matarse a sí mismo constituye un acto de amor consigo mismo, un canto a la vida; la confirmación, en cualquier caso, de una última determinación en la que sí que has sido dueño y señor.

El suicida, con su acto, se ejecuta en la mayor de las libertades que puede otorgarse un ser vivo, que no ha elegido ni nacer ni buena parte de los traumas acumulados a lo largo de su vida. Acabar con la vida propia, entonces, aquí, es la última y más grande conjugación del verbo liberarse. Liberarse del dolor... porque enferma es la sociedad que insiste en salvaguardar la vida del suicida pasando por alto su sufrimiento. Liberarse de la vida... porque, para quien quiere salir de ella, no es más que una cárcel donde nada está en juego.

El psicólogo invitado en "Redes" propone como "solución" a la "enfermedad" poner barreras físicas en lugares de altura, para disuadir a los suicidas. ¿Tan difícil de entender es? Dejen morir a la gente en paz y dedíquense a examinarse a sí mismos; giren el microscopio hacia sus estómagos, a ver que ven, a ver si hay vida o si tan solo se está la constatación de un trabajo al servicio de una ideología que no permite la libertad de sus individuos. Claro que como dejó escrito Cioran más arriba, el que pertenece orgánicamente a una civilización no sabría identificar la naturaleza del mal que la mina. 

También hay un momento en el que la psiquiatra se queja amargamente
de que las tasas de suicidio son desesperadamente estables desde que hay estadísticas. ¡Ay que joderse! ¡Vaya programita! Programa, por cierto (¡bien ahí Punset!) en el que el mismo Punset se ve con el deber de hacer de abogado del diablo, delante del psicólogo invitado (cuya experiencia vital del suicidio del padre explica su obcecación por el suicidio y por evitarlo), para decirle que el suicido es un fenómeno que se da en todas las especies. El psicólogo traga saliva y no tarda en envidar a la grande, con la genética palabra de dios te rógamos óyenos. Ahora que la biología ha salido a su rescate, ambos respiran más tranquilos. Punset termina el programa desconcertado, bastante más, por cierto, que Santi Carrillo al final de su parrafito intelectual.

En fin (nunca mejor acabado).

lunes, 12 de julio de 2010

Mi último encuentro con Peter Kubelka

La primera vez que oí hablar del cineasta austríaco Peter Kubelka fue en una clase de "Historia del Cine", en la Universidad. El profesor (el denostado y admirado Santos Zunzunegui) empezó a capotear, que si cine estructuralista por aquí, que si cine abstracto por allá, olé y olé, hasta que puso una pequeña pieza de (el también denostado y admirado, según supe más tarde) Kubelka, titulada "Adebar" (1957):


De los apuntes de aquel día en el que conocí a Peter Kubelka rescato las siguientes notas sobre "Adebar". 1664 fotogramas que duran un total de un minuto y catorce segundos. Sobre la estructura, que viene determinada a partir de los 26 fotogramas en los que transita una frase musical pigmea y que determinan la duración de todos los planos (la mitad, 13; lo mismo 26; y el doble, 52). Tranquilos, yo tampoco entendí nada en su momento, el día que conocí a Peter Kubelka.

Aquel día, el profesor Zunzunegui también quiso poner "Arnulf Rainer" (1960), otra de las piezas de Kubelka, pero problemas de origen desconocido con el reproductor impidieron el visionado. Zunzunegui, con el gruñido sordo que le caracteriza, pasó a otro director.

Y no volví a encontrarme con Kubelka hasta el final del curso, en las fechas previas al examen. Recuerdo que pensé que Kubelka no podía caer en un examen de Historia (general) del Cine, pero después de pensar durante una fracción de segundo en el profesor Zunzunegui, me lo preparé igual que el Neorrealismo Italiano, la Nouvelle Vague, Robert Bresson, Yajuziro Ozu, Griffith y que otros muchos.

Para completar el material de los apuntes, busqué en los libros que tengo en casa sobre cine y encontré uno que se llama "Cine y Vanguardias Artísticas", de Vicente Sánchez-Biosca. Dentro ponía lo siguiente sobre "Arnulf Rainer":

Arnulf Rainer constituye quizás el caso extremo del cine métrico de Kubelka. Realizado sin cámara y haciendo abstracción de los procedimientos químicos de la fotografía, representa una renuncia a la posibilidad de modelar la luz del proyector y está construido con un mínimo de instrumentos. La parte visual de la película está compuesta tan sólo de fotogramas blancos, compltamente transparentes, y fotogramas negros, absolutamente opacos. La sonora lo está de silencio y de un "sonido blanco", que recoge todas las frecuencias sonoras, como la luz blanca acoge en su espectro todos los colores. El silencio, en cambio, representa la negación de todos los sonidos, del mismo modo que el negro es la negación de todos los colores. Sonido, luz, silencio, oscuridad: eso es todo lo que hay en Arnulf Rainer. En pocas palabras, la substancia de Arnulf Rainer es una estructura deluz y sonido, modelada según una partitura que apunta a organizar simbólicamente un cosmos, poblarlo de leyes y dotarlo de una existencia natural en relación a sí mismo.

Cuando leí esto estuve seguramente a punto de morir de varias isquemias cerebrales. Pero cuando uno está estudiando le mueve un motor ciego y temerario. La cosa es que me lo estudié. Aquel mismo día también vi, en Youtube, "Arnulf Rainer" (y me gustó, aunque no recuerdo cuánto tiempo tardé en dormirme aquella noche):


Por supuesto, Peter Kubelka fue una de las cinco preguntas del examen. Fue mi tercer encuentro con Kubelka. Sabía que el profesor Zunzu sería capaz de meternos ese palito intelectual, abstracto y estructuralista por nuestros agujeritos erógenos hasta ese momento solamente excitados por blandengues narrativos como Godard, Bresson, Kurosawa y autores así.