El ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, declaró ayer que en España no hay presos políticos. Fue en respuesta a unas declaraciones previas del portavoz de Sortu, Pernando Barrena, cuando aseguró que los delitos cometidos por los presos de ETA habían tenido "una clara motivación política". El ministro va más allá y señala que podría incurrirse en un delito, ¡atención!, de enaltecimiento del terrorismo, a quien hable de presos políticos o de muertes políticas. Así que Pernando Barrena ya está siendo investigado por la Fiscalía, un proceso que también se abrió hace unas semanas contra Laura Mintegi, portavoz de Euskal Herria Bildu, cuando en un debate parlamentario en Gasteiz, también argumentó que los asesinatos de ETA fueron muertes de motivación política.
Muertes políticas y presos políticos; en estas dos construcciones con dos sustantivos duros está el debate ideológico con el que ambas partes quieren exhibir, a sus respectivos públicos, su lenguaje de confrontación a la otra parte. El propio ministro ha dicho que "el lenguaje es muy importante" y añade que "cada vez que ellos hablen de presos políticos hay que recordarles que en España no hay presos políticos (...), lo que hay son presos terroristas cumpliendo sus condenas".
No voy a entrar en la inercia de este debate entre el Gobierno español y la izquierda abertzale, porque es un debate baldío cuyas dos partes saben que no van a lograr imponer su verdad a la otra. Ambas partes trazaron, trazan y trazarán dos relatos diametralmente opuestos el uno del otro con respecto al conflicto político que se vive en Euskal Herria y cuya nudo gordiano está en la obtención o no del derecho a la autodeterminación (no confundir con la independencia). De la misma forma, cada uno de los que aquí vivimos, o cada uno de los que viven en el conjunto del Estado, tiene su propio relato de lo ocurrido. La pretensión de un relato compartido por toda la sociedad es una solemne tontería. En ninguna parte del mundo, ningún acontecimiento ha pasado a los libros de historia como un relato común a toda la sociedad que se ha visto afectada por dicho acontecimiento. Y tampoco ocurrirá aquí.
Pero aunque no entre en la lógica de este debate absurdo sí que me gustaría decir una cosa, dirigida al señor ministro, que absolutamente todos los presos son presos políticos; y no hablo solamente de los presos de ETA, hablo de absolutamente todos los presos. Por un lado, la institución Cárcel es un espacio de poder, un espacio donde el poder se escribe a sí mismo para todos los ciudadanos, un asunto político elevado a la enésima potencia. Y, por otro, las personas encerradas lo están por haber incumplido unos codigos penales del todo politizados, y escritos por las más altas instancias judiciales al servicio de la ideología dominante, época tras época. Además, la naturaleza de los delitos puede leerse también en clave estrictamente política; de esta forma, un violador es el cuerpo excesivamente politizado de una idelogía machista y violenta; y un ladrón de casas es el antagonista del relato constante que legitima la propiedad privada, susceptible de ser castigado, políticamente, por supuesto. Son solamente dos ejemplos, simplificados a conciencia, pero válidos para sostener la idea principal de la tesis...
No sé si esto que estoy escribiendo es enaltecimiento del terrorismo, señor ministro. Y por supuesto que hay presos de ETA cumpiendo condenas por haber asesinado a gente, y ahí no voy a entrar, pero también hay presos como, y es solamente un ejemplo, Arnaldo Otegi, encerrados por haber intentado desvincular a la izquierda abertzale de la violencia, para apostar por vías de resolución del conflicto estricta y definitivamente políticas. He ahí un preso político, señor ministro, encerrado por sus ideas políticas en la cárcel de un lugar autodenominado, en su Constitución, como un Estado Social y Democrático de Derecho.
Otra vez, señor ministro, el lenguaje.
Mostrando entradas con la etiqueta Arnaldo Otegi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arnaldo Otegi. Mostrar todas las entradas