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lunes, 27 de septiembre de 2010

Un mal presagio para la clase obrera


Principios de 1980. Ian Curtis, cantante y letrista de Joy Division, está cansado. Se ha sentado en una maleta y se ha encendido un cigarrillo. Después ha bajado la cabeza y se ha frotado los ojos. Alguien ha seguido ese movimiento introspectivo y justo en ese momento dispara su máquina fotográfica.

El 18 de mayo de 1980 Ian Curtis se cuelga del techo de la cocina de su casa. Joy Division estaba a punto de iniciar su (primera) gira americana, al tiempo que habían casi terminado de grabar su segundo disco (disco póstumo de Curtis, cuyo nombre, "Closer", se puso después de su muerte). En "Closer" Ian Curtis canta la "crónica de una muerte anunciada", la suya. 

La fotografía de Ian Curtis abatido, cabizbajo, vulnerable y replegado hacia sí mismo  se convierte, entonces, en el mejor retrato de una desesperación que, irremediablemente, desembocó pocos días después en el suicidio del retratado.

Finales de 2010. El sindicato anarquista CNT pretende sacudir la conciencia de los obreros. Su propósito: movilizar al mayor número de trabajadores para secundar la huelga general del 29 de septiembre. El eslogan, "Ya está bien de agachar la cabeza: organízate y lucha por tus derechos". Y la imagen, la de Ian Curtis hundido.


La canción que abre esta entrada, "Passover" [trad: Pascua], se incluye en el disco "Closer": cara A, pista 3 del vinilo. En ella, Ian Curtis dejó escrito lo siguiente:


Passover (Joy Division, Closer, 1980)

Esta es la crisis que sabía que llegaría, destruyendo el equilibrio que mantenía, dudando, clamándome y girándome, preguntándome que será lo próximo.

¿Es este el papel que querías para vivir? Fui un idiota al pedir tanto
sin la protección y el guarda de la infancia. Todo se desmorona al menor contacto.

Mirando como el carrete llega a su fin, brutalmente tomando su tiempo.
Gente que cambia sin ninguna razón... Pasa continuamente.

¿Puedo seguir con este hilo de defensa molestando y purgando mi mente? Cuento mis deberes, cuando todo sea dicho y hecho... Sé que perderé siempre.

Moviéndome según Dios nos ha hecho, la seguridad está sentada junto al fuego. Santuario contra estas febriles sonrisas, dejado con una marca en la puerta.

¿Es este el regalo que quería dar? Perdona y olvida es lo que enseñan. Volveré a cruzar los desiertos y yermos, y veré como pasan por la playa.

Esta es la crisis que sabía que llegaría, destruyendo el equilibrio que mantenía, dudando, clamándome y girándome, preguntándome que será lo próximo.


Lo próximo para Ian Curtis fue su suicidio: mal presagio para la clase obrera.