Los que estamos vivos [aquí y ahora] llamamos Paleolítico a una etapa de la humanidad que va desde hace unos dos millones y medio de años hasta hace doce mil años. En algún punto de ese periodo de tiempo [se especula con que fuera hace unos ochocientos mil años] los que estaban vivos entonces descubrieron la forma de hacer fuego y de manejarlo según sus propios intereses. Acciones como cocinar comida, calentarse el cuerpo, ahuyentar a las bestias, fagocitar la comunicación de los grupos, y un amplio etcétera de cambios surgidos a partir del control del fuego, junto con otros propiciados por otras circunstancias vitales, derivaron en cambios fundamentales: el desarrollo y crecimiento del cerebro, la cosa de caminar en posición erguida, la aparición y el perfeccionamiento de un lenguaje más allá del alarido, avances tecnológicos, una forma de espiritualidad, y, también, la manifestación de una forma que desde hace bien poco [teniendo en cuenta la escala de tiempo en la que nos estamos moviendo] insistimos [los que estamos vivos aquí y ahora] en llamar arte*.
*ARTE PALEOLÍTICO
¿Qué nos enseñan las paredes [de las cuevas] donde pintaron los hombres y mujeres que vivieron durante ese tiempo que nosotros llamamos Paleolítico? Sobre todo animales. Y es lo único evidente [y por lo tanto no especulativo] que arroja cualquier análisis: animales, animales y más animales. Esta evidencia [y recurrencia] del objeto representado no puede dejar de ligarse al contenido del fuera de campo. Aquí, lo más llamativo es que el propio hombre está incapacitado para representarse a sí mismo: su ausencia en las paredes es también una ausencia recurrente. Primera y única pista que ubica al hombre en el estado de naturaleza donde su vida y supervivencia tenían lugar.
Tanto lo que representan las paredes [los motivos que el hombre de entonces era capaz de representar: animales] como lo que no representan [es decir, los motivos que el hombre de entonces no era capaz de representar: a sí mismo] suponen un tesoro informativo de primer orden. Porque esta irrepresentabilidad del sí mismo ubica al hombre de entonces en el mundo, dentro del mundo. Sin conciencia de sí mismo no hay representación posible de ese sí mismo [que no existe]. Por lo tanto, el hombre, digamos, era en el mundo
Es decir, que esos hombres que pintaban en las cavernas eran [todavía] unos animales. Todavía no conocían la angustia [no confundir angustia con miedo]. Tampoco conocían la ciencia. Y también, los animales de entonces [que los que estamos vivos aquí y ahora llamamos hombres del Paleolítico] tuvieron la suerte de morir de su primera enfermedad [saludos Cioran].
Una teoría sostiene que hace quince mil años el clima de nuestro planeta cambia. Una gradual subida de las temperaturas descompensa progresivamente los sistemas ecológicos. El deshielo hace subir el nivel del mar. El mamut y el reno, animales que sirvieron de alimento al hombre previa caza, o bien desaparecen o bien emigran a regiones más frías. Las especies vegetales también se transforman en otras propias de climas cálidos. Y al hombre de entonces no le queda otra, y se adapta al medio: su transformación también es progresiva, hasta que, finalmente, logra crear una cultura agrícola [domesticación de la tierra] y ganadera [domesticación de animales]. Es en este punto donde los que vivimos aquí y ahora ubicamos el inicio de lo que llamamos Neolítico, hace, aproximadamente, unos doce mil años.
Con respecto a los cambios en los usos y costumbres humanos de entonces, se producen, entre otras, las siguientes transiciones, en la que media otra étapa que se llama el Mesolítico:
PALEOLÍTICO → [MESOLÍTICO] → NEOLÍTICO
nomadismo → sedentarismo
territorialidad → propiedad privada
manada → grupo
colectivismo → egoísmo
lo concreto → lo abstracto
lo ritual → lo cultural
trabajo manual → trabajo intelectual
animal → hombre
ser → existir
miedo → angustia
naturaleza → tecnología
barbarie → civilización
barbarie → civilización
magia → religión / ciencia
escasez → excedente
Derivada de esta última transición [la que circula desde la escasez hasta el excedente] surge esa otra en la que se transita desde una igualdad entre todos los sujetos de una manada [en la que todos cazan, todos se mueven, todos comen, etcétera] hasta la desigualdad entre todos los sujetos de un grupo. Porque con la domesticación de la tierra y la domesticación de los animales aparece el excedente de productos, y, también de hombres, que podrían dedicarse a otras cosas que no fueran producir productos materiales, por ejemplo, los hacedores de arte**.
¿Qué nos enseñan las paredes donde pintaron los hombres y mujeres que vivieron durante ese tiempo que nosotros llamamos Neolítico? Ya no solamente animales, también hombres y mujeres. Primera y única pista, con respecto a lo que ocurría con el Paleolítico, y que ubica al hombre fuera del estado de naturaleza donde su vida y supervivencia tenían lugar. El hombre abandona el fuera de campo y se representa a sí mismo, en definitiva, ya es capaz de cosificarse a sí mismo, en un ejercicio de abstracción sin precedentes hasta el momento.
Esta incorporación del hombre en la representación supone, igualmente, un tesoro informativo de primer orden. Porque esta capacidad de representabilidad del sí mismo ubica al hombre de entonces interpretado en el mundo, interpretado dentro del mundo. Es decir, que el hombre deja de ser para empezar a estar en el mundo. La conciencia que ha ido desarrollando ha hecho posible dicha representación, a partir del ejercicio de abstracción arriba mencionado.
Entonces, esos hombres son ya hombres; esos hombres ya somos nosotros. Puesto que ya existen [porque tienen conciencia del sí mismo y de su propia finitud] conocen y experimentan la angustia. Construyen y usan políticamente la religión primero, y la ciencia, después, procedentes ambas de un mismo tronco llamado sentimiento mágico [como interpretación simbólica y necesaria del mundo].
Lo curioso aquí es cómo los que estamos vivos [aquí y ahora], después del Neolítico hemos categorizado otra etapa prehistórica [La Edad de los Metales] subdividida, a su vez, en tres partes [la edad de cobre, la edad de bronce y la edad de hierro], cuando a decir verdad estas fases no son más que un sistema neolítico avanzado y perfeccionado cada vez con mayores de dosis de abstracción. No menos curioso resulta que en este preciso momento es donde damos por terminado eso que llamamos prehistoria, y empezamos a manejar la categoría de historia. La línea divisoria entre el pasado y el presente históricos se fecha hace cinco mil años; según unos, el límite lo marca la escritura [que no es más que un grado avanzado de la abstracción comunicativa] y según otros, la aparición de una organización política similar al Estado [que no es más que un grado avanzado de la propiedad privada].
Esto es, lo paradójico es porqué a algo que no es sino un desarrollo de lo que se llama Neolítico se le cambia de nombre, indicando así que esa etapa está superada. Y no solamente eso, sino que además nos contamos a nosotros mismos que todo aquello pertenece a una etapa humana pre-histórica [aquí el prefijo "pre" está saturado de ideología], que es lo mismo que defender la condición de pre-humanidad que la habitaba.
La Historia no solamente se cuenta desde el presente sino que además, solamente puede hablar del presente. La historia que nos contamos a nosotros mismos está llena de elipsis, manipulaciones, censuras, "tics" propagandísticos, un conjunto de técnicas narrativas que convierten esos relatos en "montajes" [entiándase aquí montaje con su significado más peyorativo relacionado con la falsedad del documento]. En conclusión, eso que llamamos historia [que nos hemos obligado a nosotros mismos a atribuirle los valores de verdad y de objetividad] no es más que un falso documental que se construye al servicio del interés del momento presente.
Pero volvamos a las transiciones que se han marcado más arriba entre el Paleolítico y el Neolítico; y pongamos ahora las características del Neolítico como punto de partida de otra transición que culmine en nuestro aquí y en nuestro ahora, el sistema capitalista. El resultado sería el siguiente:
NEOLÍTICO → ACTUALIDAD
sedentarismo → sedentarismo
propiedad privada → propiedad privada
grupo → grupo
egoísmo → egoísmo
lo abstracto → lo abstracto
lo cultural → lo cultural
trabajo intelectual → trabajo intelectual
hombre → hombre
existir → existir
angustia → angustia
tecnología → tecnología
tecnología → tecnología
civilización → civilización
religión / ciencia → religión / ciencia
excedente → excedente
Y detengámonos otra vez en la idea del excedente. La gestión y el reparto del excedente que se empieza a acumular gracias a la domesticación de la tierra y a la domesticación del mundo animal precisa de una tercera domesticación [la que nunca aparece en nuestros libros de historia]: la domesticación del hombre por el hombre, es decir, la esclavitud [y todos sus derivados sinónimos], la asignación de derechos a unos y la negación de derechos a otros, la cosa de la familia, la cosa de la guerra, la cosa de la sangre, los pronombres posesivos... A poco que se mire, seguimos ahí, en lo mismo, rodeados de máquinas, pero en lo mismo. Entonces, una de dos, o no hemos salido todavía del Neolítico o lo que viene después del Paleolítico debería etiquetarse ya como Capitalismo.
