martes, 11 de mayo de 2010

Los ego-reportajes de Cuatro

Adela Ucar y Samanta Villar: las mujeres de "Cuatro" miran a cámara

En la sección "Caras del día" de elpaís.com se anuncia que Samanta Villar ya tiene una sustituta llamada Adela Ucar. Samanta Villar ha sido la protagonista del programa de reportajes de "Cuatro" llamado "21 días...", un formato en el que la intrépida reportera, aprovechando un gancho publicitario del tipo "21 días fumando porros", "21 días sin comer", "21 días en una chabola", etcétera, se convierte en la protagonista omnipresente del reportaje.

En la página Web de "21 días", alojada en "Cuatro", se promociona la segunda temporada hablando así de la anterior:

En su primera temporada 21 días trató temas tan controvertidos como la vida de las personas sin hogar, los trastornos de la conducta alimentaria, el consumo del cannabis o los peligros de la obsesión por la forma física, sin dejar de lado temas de gran calado social como el chabolismo o la inmigración ilegal.

Sobre como promociona "Cuatro" sus productos y sobre lo pronto que surgen las contradicciones entre teoría y práctica a poco que se rasque ya se escribió en este blog una entrada titulada "La auténtica dimensión y profundidad de Callejeros". En el caso de "21 días" ocurre lo mismo, porque a poca mirada crítica que tenga uno encima enseguida se descubre que los temas de "21 días" no son, por poner dos ejemplos que se usan en el párrafo de la promoción, ni "la vida de las personas sin hogar", ni "los trastornos de la conducta alimenticia". El tema de la primera temporada en "21 días" fue cómo se desenvolvía Samanta Villar en el contexto apuntado en cada uno de los títulos. Y el tema de la segunda será cómo se desenvuelve Adela Ucar en los nuevos, sensacionalistas y espectaculares contextos que se apuntarán en los títulos venideros.

Pero independientemente de las trampas de venta de la promoción, el programa "21 días" como producto televisivo final no engaña a nadie. Por eso se puede suponer que la mayoría de la gente que lo ve siente una mayor expectación por las reacciones, dificultades y vivencias de la reportera que sobre el tema de fondo donde se está desarrollando la acción.

Ocurre más o menos lo mismo con otros formatos-reportaje que "Cuatro" tiene actualmente en parrilla, como REporteros Cuatro (REC), dirigido y presentado por Jon Sistiaga. La promoción de este programa en "Cuatro" dice así:

Cada semana, un reportero analizará en profundidad un tema de actualidad, tanto nacional como internacional, y nos mostrará las interioridades de su investigación periodística.

Jon Sistiaga y Juan Pedro Valentín: los hombres de "Cuatro" también saben mirar a cámara

Aquí lo importante son las interioridades de la investigación periodística, que, con buenas o malas intenciones, en el montaje final de cada programa, termina por restar tiempo e importancia a la profundidad del tema en cuestión.

Por ejemplo, el reportaje de REC titulado "¿Estamos desnudos en Internet?" (así empieza), emitido el pasado 19 de abril, comienza con una reunión del equipo de producción y realización del programa. Dirimen sobre qué nombre de los que componen la reunión le van a proporcionar a un detective para que extraiga toda la información posible a través de su rastro dejado en Internet. También, hacia mitad del programa, la reportera Laura Gimeno acude a una sala de montaje donde supuestamente se está editando el programa mismo que se está realizando. Allí, junto a un editor y al director, reflexionan sobre la posibilidad de que el personaje que acaba de protagonizar la secuencia anterior, un hacker acorbatado, sea un fantasma o no. La reportera convence a su director adelantando el contenido y al protagonista que viene, otro hacker que responde ya al perfil que todo espectador mediatizado tiene de un hacker, un matrixero, es decir, una persona amarilla de no salir a la calle, con el pelo largo y vestido de negro.

Juan Pedro Valentín, el jefe de informativos de "Cuatro", dice sobre este programa en la promoción en la Web que "el espectador vivirá junto al reportero las interioridades de su trabajo, incluso las conversaciones con sus jefes, los intentos fallidos por encontrar un dato o un entrevistado, las reacciones después de un testimonio impactante o una vivencia sorprendente". Y efectivamente, así es.

Porque sí que es cierto que este tipo de tratamiento agiliza mucho el transcurso de los acontecimientos, sobre todo porque desde el guión se establecen una serie de causas con sus efectos que terminan alineando un programa coherente desde el punto de vista del discurso. Pero al mismo tiempo se filtrea peligrosamente con el ego del reportero, que en este caso, no tiene por menos que ser el ego del programa y, más allá todavía, el ego de la misma cadena que lo emite.

Es entonces cuando uno llega a atrangantarse ya no solamente con la cantidad de minutos que el reportero protagoniza el plano con sus palabras y con su presencia física (por ejemplo, Jon Sistiaga, en "Desiertos de Al Qaeda", cámara en mano, saca medio cuerpo del coche que transita por el desierto para tomar planos casi a ras de suelo), sino también con los abusivos planos de escucha de la reportera, que en "¿Estamos desnudos en Internet?" son bastantes.

De esta manera, a través de la técnica del espejo o de la transparencia donde se dan a ver las interioridades de la investigación periodística, además de despistar al espectador sobre el tema apuntado desde el título, se tiende descaradamente a la teatralización (que en este caso esta mejor dicho que ficcionalización) de eso que nos venden como documental. Porque las escenas del programa "¿Estamos desnudos en Internet?" que se han apuntado más arriba (la reunión de los equipos de producción y realización, y la conversación dentro de la sala de montaje) responden a una puesta en escena (escrita previamente en guión) que no pueden ni saben disimularse, entre otras cosas porque los personajes que allí intervienen (realizadores, directores, reporteros...) no son actores.

El resultado es que las situaciones acaban oliendo demasiado a un algo que ocurre con personajes que descaradamente se nota que están interpretándose a sí mismos. Y es entonces cuando eso mismo que agiliza el discurso, por otro lado lo acaba torpedeando, asumiendo un modelo narrativo con pretensión documental donde se ven demasiado las puntadas del material sintético-interpretativo.

Son los riesgos de dejarle la puerta abierta al ego, al que sueles darle la mano y te acaba cogiendo el brazo entero.

lunes, 10 de mayo de 2010

El arte es un producto farmacéutico para imbéciles

Para más información pulsa AQUÍ.
Su ruido para una apacible lectura, a continuación...
 
PLAY - PLAY - PLAY - PLAY - ERASE
El arte es un producto farmacéutico para imbéciles.
Los cuadros de Rembrandt deben usarse como tablas de planchar.
Dinamitar los museos
Destruir el arte y la sociedad (HAM)burguesa que lo sostiene.
El arte es visible como dios y caro como un salchichón.

Poesía experimental, teatro, música ruidista en Cabaret Voltaire.
Para menos información no pulses en ningún sitio.

Canciones para después de una guerra y Queridísimos verdugos (Basilio Martín Patino, 1971 y 1973)

Todos de pie. Brazo en alto. Suena el "Cara al sol":

Así empieza "Canciones para después de una guerra" (1971)

“Aborrezco en general al llamado cine documental por su tendencia a convertirse en una manifestación de autoridad; lo contrario a la dialéctica del diálogo cómplice con el espectador, abierto y crítico”.

El que dispara se llama Basilio Martín Patino, un cineasta que tiene mucha obra estrenada en las últimas décadas, tanto en cine como en televisión. De Martín Patino vamos a detenernos en “Canciones para después de una guerra” (1971) y en “Queridísimos Verdugos” (1973). El otro largometraje que Martín Patino hace en la misma década es "Caudillo", de 1974. Los tres trabajos tienen en común que se realizaron en la clandestinidad franquista y que se estrenaron una vez muerto el dictador español.

Con respecto "Canciones..." CERDÁN (en "Muerte y resurrección. El documental en la España del tardocapitalismo") la equipara a “El desencanto”: ambos documentales abren nuevas puertas de exploración con el medio, que no dejarán de ser usadas por los cineastas que vinieron detrás:

Por un lado, tanto “Canciones para después de una guerra” – a través de sus elementos de la cultura popular redimensionados por la labor del montaje – como “El desencanto” – mediante la manera en que la película hace brotar el monstruo del Franquismo (el de padre vigilante y origen de todo tipo de taras, incluso las más lúcidas) -, arrojan una visión de una sociedad herida, mutilada, pero a la vez incapaz de deshacerse de ese pasado (...). (Los dos documentales) desarrollan formas de captar emocionalmente los cambios y el paso del tiempo sobre la realidad, el final de un sistema dictatorial-autoritario que da paso al capitalismo avanzado.

Por ejemplo, en “Canciones...”, Martín Patino hace uso de archivos oficiales del NO-DO, fragmentos de films de ficción, material rodado propiamente para la ocasión, fotografías, anuncios... todo ello manipulado técnicamente en postproducción. El director “coloca estos procesos de manipulación en primer término, los hace visibles para el espectador y rehúsa la posibilidad de ofrecer una lectura unificadora y concluyente de los mismos” (MARTÍN, en “La inocencia subversiva. Pistas falsas y alguna certeza sobra la producción audiovisual de Basilio Martín Patino”).

La coyuntura política y el estrangulamiento colectivo a los que se vio sometida la sociedad española durante los cuarenta años de la "victoria" necesitaba filtrarse en unas coordenadas creativas que acabaron derivando, en Basilio Martín Patino, en el falso documental. MARTÍN lo detalla así:

Parece claro que el renacer del cine documental durante el periodo de la transición tenía mucho que ver con la imperiosa necesidad de volverse, o más bien revolverse, hacia un pasado que lastraba cualquier posibilidad de hablar en tiempo presente.

Quizás ahí es donde hay que situar esta obra de Patino, contemporánea a los estertores de un régimen que había dejado un país irreconocible, con unas dosis de ese mal social que podemos llamar neurosis de la normalidad, una sociedad, en suma, muy difícil de retratar por lo que de ese régimen quedaba dentro de cada uno de los que lo vivieron.

CERDÁN, sobre la obra de Patino (sobre todo sobre su trilogía de los primeros años setenta) y sobre otros ejemplos de la época (la transición española a la democracia) opina que “se convertirán en modelos de indagación sobre las heridas históricas de una sociedad y las taras contemporáneas que dichas heridas ha generado”.

En el caso de Patino y de sus falsos documentales se puede hablar de una suerte de venganza contra esa autoridad que le había bombardeo con imágenes "neurotizantes" de normalidad (¿quién se atreve a rebatir que los noticiarios del NO-DO no eran falsos documentales?). En el momento en que se pueden coger esas imágenes y subvertir su significado por haberlas sacado de su contexto original, tiene lugar una especie de exorcismo a través de dicha apropiación y del nuevo discurso resultante de ese material montado y manipulado.

Patino aplica una sencilla y directa ecuación: contra la manipulación, manipulación; contra la realidad ficcionalizada, ficción de la "realidad" al cuadrado; en suma, contra el documental, el falso documental.

Dos años después de "Canciones después de una guerra", Basilio Martín Patino realiza "Queridísimos verdugos" (1973), una hostia muy bien dada contra el Poder que logra retratar cómo cada sistema construye peones a su medida. El discurso no disimula su foucaultianismo: el Poder no habita ahí afuera sino que lo llevamos dentro cada uno de nosotros.
Esta es, completa, "Queridísimos verdugos":


El último suspiro y la primera película de Luis Buñuel

El último libro que he leído es "Mi último suspiro", escrito por Luis Buñuel al final de su vida en colaboración con Jean-Claude Carriére, co-guionista (con el propio Buñuel) de las últimas seis películas que realizó. En sus páginas, Buñuel se hace un auto-repaso de su vida asumiendo lo justo el modelo de libro de memorias.

Luis Buñuel retratado por Man Ray

Buñuel nace en 1900. Su vida transcurre durante 83 años del siglo XX. El siglo XX es el siglo del cine. Y el siglo de las dos guerras mundiales. El siglo del fascismo y de las dos bombas atómicas. Y el de la guerra civil española. También es el siglo de las vanguardias artísticas: el cubismo, el futurismo, el movimiento Dadá y el surrealismo, entre otras... Y el siglo en el que la ideología y la moral burguesas se asientan definitivamente, al tiempo que surgen sus antagonistas desde el mundo obrero: el socialismo, el comunismo y el anarquismo. 

Con "Mi último suspiro", Buñuel, autorretratándose, retrata el siglo convulso, contradictorio, violento y fascinante que le tocó vivir, y no como testigo, sino como un personaje que termina siendo uno de sus protagonistas. Para hacernos una pequeña idea, Buñuel coincide en su vida con personas como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Salvador Dalí, Pablo Picasso, Charles Chaplin, André Breton, Tristan Tzara, Man Ray, Jean-Paul Sartre, Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset, John Ford, Fritz Lang, y un larguísimo etcétera de nombres que han protagonizado el siglo pasado.

Buñuel, abajo en el centro, en casa de Georges Cukor, junto a Alfred Hitchcock

En el libro, Buñuel también realiza lúcidas reflexiones sobre la vejez y la muerte, sobre el sexo y el erotismo, sobre los sueños y la fantasía, sobre la religión y la ciencia... Y por supuesto, habla, de unas más de unas menos, de todas y cada una de las treinta y dos películas que firmó como director.

La primera fue "Un perro andaluz" (1929): nada más verla, el grupo surrealista admitió en sus filas a Luis Buñuel:

domingo, 9 de mayo de 2010

Maldito Tarantino

Invitado por un amigo, he visto "Malditos bastardos", la última película de Quentin Tarantino.

De Tarantino solamente había visto (en el cine y en las fechas de sus estrenos en sala) dos de sus primeras películas: "Reservoir dog" (1992) y "Pulp Fiction" (1994). Ambas películas, sin llegarme a entusiasmar, me agradaron. Después le perdí la pista del todo... hasta hoy, que he visto "Malditos bastardos".
 
Sobre la película tengo poco que decir. Casi bastaría con comentar que me gusta mucho el principio (no sé si decir que es ultraclásico o ultraclasicista) y que me desconcierta bastante el resto. Me gustan los títulos de crédito iniciales con dos clases de tipografía de las letras (una que remite al western y la otra que desconozco a qué puede hacer referencia) y también los continuos guiños también al western que tienen lugar en la primera secuencia y en la segunda, cuando sale de un agujero el judío aplasta-cabezas-de-nazis-con-bate-de-beisbol.
 
Más allá de eso tengo la impresión de que no estoy capacitado (y estoy hablando de mi ignorancia en el cine norteamericano de ficción en general) para entrar en la película. Creo que para poder asimilar ese discurso multirreferencial que incluye a algunas canciones, a algunas alusiones a otros géneros, a parte del vestuario de los personajes (me estoy acordando del vestido rojo de una de las protagonistas cuando muere al final), a varias acciones o situaciones, etcétera, se hace preciso haber transitado antes por esos lugares señalados y en los que yo, simplemente, me pierdo.
 
Esta es la razón por la que esta entrada es intencionadamente corta, porque pido a quienes la leáis que me aportéis (en los comentarios) algunos datos que pudieran hacerme acceder de manera más completa a "Malditos bastardos".
 
Por otra parte, está la cosa de la historia. Es obvio que Tarantino aborda el tema del nazismo (aunque el nazismo en sí sea la trama secundaria donde se apoyan las tramas principales, todas ellas protagonizadas por la venganza individual y colectiva de las víctimas) desde la parte de atrás o, cuando menos, de forma lateral al discurso oficial y oficialista. Ya era hora de que alguien elaborase un discurso intencionadamente torcido (y aquí da igual que sea ficción o que sea documental, que sea audiovisual o que sea escrito) sobre el nazismo, un tema que, al día de hoy, sigue siendo una de las vacas sagradas o temas tabú. Tarantino le da por el culo a la dichosa Historia que se escribe en mayúsculas... porque él sí que es un maldito bastardo, el cabrón...
 
Y si para garantizar ese corte de mangas es preciso que Tarantino pueble la Francia ocupada por un grupo de yanquis vengadores liderados por Brat Pitt, y que la cosa salte de un género cinematográfico a otro sin ton ni son, yo no le voy a reprochar nada, porque le avala la osadía.
 
Esta forma de manipular la Historia en mayúsculas hace que me pregunte si "Malditos bastardos" es una falsa ficción o una ficción a secas.
 
¿Qué decís vosotros?

miércoles, 5 de mayo de 2010

El mapa de la pederastia católica masiva: la hipótesis de la post-luteranización

 Ratzinger, te presento a Lutero. Lutero, este es Ratzinger.

Alemania, Estados Unidos e Irlanda tienen en común el hecho de haberse convertido, hasta el día de hoy, en los países donde más casos de pederastia católica se han denunciado. Digamos que en estos tres lugares la úlcera sangrante empieza a poner en serio riesgo la vida de ese paciente que vamos a llamar religión católica. Cabe preguntarse por qué la grieta se ha abierto en estos países y no en otros... porque no es preciso forzar mucho el pensamiento para sospechar que estas prácticas de poder de los religiosos católicos sobre los niños a su cargo han debido producirse en todos y cada uno de los países del mundo con religiosos católicos.

Si se repasan los datos religiosos de estos tres países, Irlanda es el único donde el catolicismo es el credo religioso dominante (88.4%). Los otros dos países albergan repartos más equitativos: los católicos en Alemania alcanzan el 31.2% frente al 30.8 de los cristianos protestantes, mientras que en EE.UU. los protestantes y sus diferentes iglesias (presbiterianas, eclesiásticas, metodistas, adeventistas, etcétera) son la religión mayoritaria frente a otras menores, incluída la católica.

Alemania o la ezquizofrenia bien llevada, de momento

En Alemania la cosa está derivando en bajas masivas en el bando católico, algo que termina beneficiando al bando protestante.



El escándalo de los abusos sexuales y de los malos tratos a menores que sacude a la Iglesia Católica en Alemania está conduciendo a un abandono masivo de fieles, que se dan de baja en la tributación voluntaria del impuesto para la subvención de las confesiones religiosas.

El número de bajas es calificado de “dramático” especialmente en el sur de Alemania, sobre todo en el católico estado de Baviera, según un sondeo que publica hoy el rotativo “Frankfurter Rundschau”, que ha consultado a obispados y los registros responsables del recuento de los fieles.


Si los casos denunciados de pederastia en Irlanda no se hubieran denunciado todavía, cabría pensar en una hipótesis cuyo protagonista fuera el fantasma del protestante Lutero atormentando al católico Ratzinger, por ser Alemania y EE.UU. territorios donde el protestantismo tiene más fuerza (EE.UU.) o semejante (Alemania) que el catoliscismo. De hecho, los (sangrantes) casos de pederastia han reabierto el viejo debate sobre la idoneidad del celibato. Se ha dicho que los pobres sacerdotes católicos, con el grifo de semén cerrado por orden divina, no tienen por menos que perseguir niños por los pasillos y hacerse voluntarios para bañarlos y tocarlos con todo el cariño del mundo...

El celibato es uno de esos hechos diferenciales y visibles entre el protestantismo y el catolicismo. No cabe duda de que si la Iglesia católica cediera en este aspecto el mensaje que lanzaría al mundo sería el del inicio de su protestantización, que es lo mismo que asumir su derrota ante el empuje de su religión hermana. Para cerrar el debate, de momento, el cardenal Tarciso Bertone ha vinculado los casos de pederastia con esa extraña y diabólica enfermedad, según sus propios términos, llamada homosexualidad, y no al celibato católico. Toque de campanas...

Hay, al menos, otras dos rimas históricas que sostienen la hipótesis arriba marcada. La primera enlaza lo que está ocurriendo en la actualidad en la Iglesia católica con los tiempos en los que la Reforma luterana fue asentándose en diversos territorios europeos. Tiene que ver con algunas de las razones que Lutero (y otros rebeldes menos mediáticos) fue esgrimiendo hasta la publicación de las famosas "95 tesis" y su posterior expulsión de la Iglesia católica tras no retractrarse de sus acusaciones: entre otras, la degradación de la Iglesia, es decir, corruptelas, mercantilización de las indulgencias, escándalos sexuales, etcétera. La historia parece repetirse...

La segunda resonancia tiene que ver con la irrupción de nuevas formas tecnológicas y de comunicación. Las ideas del protestantismo se propagaron rápidamente gracias a la imprenta, de la que sacaron su máximo provecho Lutero y compañía para sus estrategias de propaganda anticatólica. Ahora es Internet el nuevo medio a través del cual las noticias han dejado definitivamente de ser locales para ser globales; también es el medio que abre una época donde los secretos desvelados adquieren una proporción mundial.

Internet rima con Imprenta

Pero volvamos al mapa y sigamos especulando. La cosa es que Irlanda existe y echa por tierra, al menos parcialmente, la hipótesis de la segunda luteranización de los católicos. Porque la peculiaridad de Irlanda, además de ser una isla, es que la única frontera que comparte (dentro de la isla) es la que le une a Reino Unido, con Irlanda del Norte, de mayoría anglicana, la variante británica del protestantismo (53% frente al 44% de incidencia católica). Históricamente, allí donde el catolicismo comparte frontera con otras religiones, su Iglesia se torna más radical y ultra, asumiendo el papel de un escudo moral nada permeable a las contaminaciones morales vecinas.

Irlanda o los problemas de tener un anglicano tan grande como vecino

Por esta razón Irlanda es considerada uno de los bastiones del catolicismo: su Iglesia es muy fuerte en su territorio. Este hecho hace que llame la atención que la grieta de la pederastia se haya abierto también por ahí... O quizás no. No hay que olvidar que el mismo Gerry Adams y otros antiguos activistas del IRA actualmente en el Sinn Fein también están salpicados por denuncias directas o por encubridores de casos de pederastia. La Iglesia plesbiteriana (protestante) de Irlanda del Norte, fundada por Ian Paisley, es quien se ha encargado de sacudir el tema para vincularlo con el conflicto político y religioso entre católicos y protestantes en Irlanda del Norte. La sombra de Lutero vuelve a coger cierto tamaño...

Además de Irlanda, otros dos países europeos asumen esta circunstancia histórica fronteriza: Polonia y España. Polonia es una isla católica rodeada por un mar abrumadoramente protestante al este y norte; ortodoxo al oeste; y ateo al sur (la República checa se caracteriza por su escasa raigambre religiosa). Esta peculiaridad explica que la media de los ciudadanos polacos que se considera practicante esté muy por encima de la media europea; también explica no solamente la ideología ultra de alguno de sus gobernantes y de sus partidos políticos sino que también hasta qué punto la Iglesia católica está insertada en Polonia desde el punto de vista político, ejerciendo un poder todavía tangible que tiene repercusiones en la opinión pública votante. Si el siguiente país en aparecer en el mapa de la pederastia católica fuera Polonia, la hipótesis especulativa de la post-luteranización empezaría a coger músculo...

Polonia o como sentirse una salchicha católica entre un pan protestante y un pan ortodoxo

Y España, siete siglos musulmana, frontera histórica del cristianismo del sur de Europa con el Islam, también asume orgullosa su condición de escudo. El Estado español, cuya constitución habla de un estatus de aconfesionalidad, no puede negar la influencia que la Iglesia católica todavía ejerce dentro del ámbito político, arrastrada por la inercia que dejaron 40 años de nacional-catolicismo-franquista; tampoco puede negar los extremos ideológicos a los que llegan sus dirigentes religiosos católicos como Rouco Varela y compañía. Si le aplicamos a España los parámetros de nuestra hipótesis, España será uno de los últimos países en salir en el mapa de la pederastia masiva, porque en este asunto, las principales ramas cristianas (católicos, protestantes y ortodoxos) forman un árbol que tiene que sacar pecho frente a la amenaza islamista, la enemiga común de todas ellas...

España o la desgracia de que te hayan tocado vecinos que rezan a otro dios

Italia, país que alberga en su interior la Ciudad-Estado del Vaticano, aunque no frontera, sí que es la cuna del Imperio romano, del que surge el Imperio cristiano. Según las especulaciones que se manejan en esta entrada, junto con España, Italia será uno de los últimos países en ser marcado con la pederastia católica masiva.

Italia o la peculiaridad de tener dentro el foco de la infección

Francia es una excepción donde no se vincula la condición de frontera con la de escudo, a pesar de compartir frontera con el protestantismo, porque a diferencia de otros casos, realizó su revolución burguesa (llámese también emancipación religiosa) de 1789 y desde entonces su laicismo ha ido en aumento. Francia está ahí para contradecir a los conspiranoicos católicos que defienden que las denuncias y el acoso (como gustan ellos de decir) que sufre la Iglesia católica son fruto de una campaña laica y anti-clerical. Porque la peculiaridad y pulcritud de Francia son tales que, a pesar de ser un ejemplo de laicismo, no está dispuesta a mancharse las manos con semén ajeno.

Francia o el "yo soy laico, estoy libre de pecado"

Este ejercicio de especulación ha llegado a su fin.

martes, 4 de mayo de 2010

El desencanto (Jaime Chavarri, 1976)

El franquismo fue esa etapa española en la que pasó de todo y en la que no pasó de nada. En el cine español ocurrió lo mismo (CAPARRÓS, en "El cine político . Visto después del franquismo"):
 
Se estaba muriendo el denominado Nuevo Cine Español, esa generación perdida que apareció tras la renovación promulgada con Bardem y Berlanga y el impulso creador de los hombres salidos posteriormente de la Escuela Oficial de Cinematografía.
 
Jaime Chávarri emerge de esa generación perdida, y junto con otros, intenta la construcción de un nuevo cine español (CAPARRÓS):
 
A tal fin, rodarían en formato reducido – en 16 mm. especialmente -, más barato y asequible para sus modestos bolsillos, debido a que la producción era propia –o sea, particular, no industrial -, con guiones originales de cada uno – que por ser películas privadas no tenían que pasar por censura -, con presupuestos irrisorios y en colaboración – en sistema cooperativo – y libres de coacciones y sin miedos de ningún tipo (como por ejemplo la “protección” oficial).
 
Junto a Jaime Chavarri, Pere Portabella, Emilio Martínez Lázaro, Antonio Gasset, Ricardo Franco, entre otros muchos, fueron los cineastas underground de la época, los marginados del sistema cinematográfico oficial. Muchos de ellos terminaron, buscándolo o sin buscarlo, siendo absorbidos por la industria, entre ellos Chavarri, que para realizar “El desencanto” (1976) contó con la producción del ya conocido por entonces Elías Querejeta, el cual apostaba por primera vez por el género de no-ficción.

Jaime Chavarri, sobre su film, y a modo de sinopsis, comenta que “en el fondo, en el film no sucede nada, todo es cotidiano y sólo hay una carga subterránea que encierra un interés social. Es el hecho de que los protagonistas cuenten su vida con crudeza, lo que da dramatismo al film”.
 
Pero la sinopsis de Chavarri tiene trampa, porque hay más que eso. Hay un famoso poeta de la España franquista llamado Leopoldo Panero, cuya familia y amigos recuerdan y desnudan delante de la cámara: el relato logra que todos esos desencantos (individuales) se extrapolen automáticamente en el desencanto (colectivo) del régimen franquista, cuando el cadáver del dictador estaba todavía caliente, por así decirlo.
 
Y también hay una aventura narrativa y una subversión ideológica no vistas hasta entonces en territorio español (CAPARRÓS):
 
(El desencanto) bebe de las fuentes del reportaje vivo, dentro de una línea análoga al “cinema-verité” o a la dialéctica del “cine-ojo” de Dziga Vertov – si me apuran un poco -, del documental de ficción, pero con personajes auténticos. 

Nota para los incrédulos, se acaba de decir documental de ficción.

He aquí "El desencanto":