jueves, 1 de diciembre de 2011

El guión de nuestro amo y señor

¿Qué puedo esperar así, desnudo y atado a esas cuatro estacas clavadas en el suelo? Apenas la descarga furiosa de múltiples latigazos contra mi cuerpo. 

Tengo más miedo que nunca porque nunca he visto tan enfadado al verdugo que yo mismo elegí para morir. Al tiempo, sé que está sobreactuando, porque la exageración le pone la polla tiesa a nuestro amo y señor.

No conozco a nuestro amo y señor. Tú tampoco. No lo he visto nunca. Tú tampoco. Pero sé que mi cuerpo le pertenece. Y todo el placer y todo el dolor que experimento a través de él.

Mi sangre también es suya. Y mis heridas, que nuestro señor no dará tiempo a que cicatricen porque ordenará mi ejecución antes, son sus marcas también.

Ya solamente espero a que nuestro amo y señor me dé muerte desde la atalaya desde la que siempre me ha observado. Pero antes quiero sentir el dolor de la tortura. Exageraré los gestos, porque sé que la sobreactuación excita a nuestro amo y señor.



Mi verdugo baila. Baila con los verdugos que te torturarán a ti antes de matarte. Los tres enlentecen caprichosamente el tempo de la ejecución; son los entreactos que tanto gustan a nuestro amo y señor.

Yo conozco el guión que tiene en la cabeza nuestro amo y señor. Tú también. Sabemos que todo va a ir bien. La interpretación calculada de nuestros papeles, en cada momento...: la acción de mi muerte, tu complicidad en los hechos, las posiciones de los personajes ayudantes, esos actores como tú y como yo... En definitiva, la escena coral tal y como la soñó nuestro amo y señor.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Ametralladora II

¿Os habíais olvidado ya de la Ametralladora? Pues aquí está la segunda parte. La acabo de descubrir y todavía no tengo palabras... Solamente adelanto que el recurso audiovisual que se emplea cuando se rompe la canción es una minucia formal sí, pero de una carga significativa abrumadora, y cuya invitación a la ruptura narrativa está a la altura de la misma canción que se pone en escena. ¡Qué joya...!


martes, 8 de noviembre de 2011

La primavera árabe y el otoño europeo

Berlusconi ya está subiendo al patíbulo. En la misma guillotina, hace una semana, rodó la cabeza de Papandreu. En marzo se ejecutó a Sócrates. Es el resultado de lo que nadie ha llamado otoño europeo.

Sin embargo, cuando Ben Alí primero, Hosni Mubarak acto seguido y hace unas semanas, Muamar Gadafi [ejecutado sin apenas simbolismo] hicieron sus paseíllos particulares por el corredor de la muerte, enseguida le buscamos una marca, la primavera árabe. 

A los árabes, por lógica natural, les espera el verano. Quizás no sea un verano con la climatología que han deseado en su primavera, con su sol, su cielo azul, sus noches agradables, etcétera, pero es un verano al fin y al cabo, un verano en el que todavía guardan la esperanza que sembraron en las calles primaverales. Les vendrán tormentas, sí, pero esperarán con alegría las claridades venideras.

A los europeos, sin embargo, se nos viene encima el crudo invierno, que además de la penosa predicción meteorológica que nos han augurado tenemos que añadir la derrota que hemos ido acumulando en nuestros hogares otoñales. Muchos de nosotros sin trabajo, sin dinero, sin verbos y sin esperanza. El crudo invierno.

Eso decía, que cuando en su momento nos contamos a nosotros mismos las que no tardamos en llamar revoluciones árabes, identificamos de primeras una oración gramatical de simple recorrido, de sujeto, verbo y predicado: "los pueblos árabes derrocan a sus líderes". Pero la gramática, aplicada a lo nuestro, nos escuece, y solamente a lágrima viva podemos farfullar una construcción del tipo "los mercados están derrocando a nuestros gobiernos".

Repetimos, aunque nos duela, la primavera árabe: sujeto, el pueblo; verbo, derroca; predicado, a sus líderes. Repetimos, aunque nos mate, el otoño europeo, el nuestro: sujeto, los mercados; verbo, derrocan; predicado; a nuestros gobiernos. La primavera árabe y el otoño europeo.

Los sujetos pueblo y mercado son, a priori, diferentes. Pero una cosa..., nuestros medios de comunicación masivos, los que nos atiborraron hasta la nausea con el atributo revolucionario aplicado a los pueblos árabes que se rebelaron contra sus tiranos, omiten el término aplicado a nuestro mercados. Cabría preguntarse si la acción de los mercados tiene o no características revolucionarias. Quizás preferimos denominarlas reaccionarias, pero el matiz en lo gramatical no traspasa la superficie. La revolución transforma lo social, y eso es, más o menos, lo que está ocurriendo, una transformación social quizás sin precedentes. Paradójicamente, a algunos nos gusta hinchar el sujeto mercado hasta decir la tiranía de los mercados. Entonces, ¿los árabes vuelven de la tiranía y nosotros vamos a ella?

Y más. Los que gustan de decir que no estamos en crisis sino que nosotros somos la crisis  suelen acompañar sus argumentos con que nosotros somos el mercado, porque cada uno de nosotros hemos invertido, hemos especulado, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, hemos practicado fraude fiscal, etcétera. Desde esa lógica apologética del capitalismo, si nosotros somos el mercado, nosotros estamos derrocando a nuestros gobiernos. La diferencia, entonces, entre la primavera árabe y el otoño europeo, estaría, a bote pronto, en ser o no ser consciente, o en responsabilizarnos o no de nuestros propios actos y de nuestras propias construcciones, entre ellas, el mercado.

De cualquier forma y de ser así, nuestro mecanismo revolucionario sería perverso. Nos indignamos con nuestros gobiernos, soñamos un cambio, imaginamos un mundo en el que no estamos sometidos al poder económico y financiero, y es, precisamente, ese poder, el que aniquila el poder que emana del propio pueblo. Nuestros sueños se cumplen, pero no somos dueños del cambio. La desgracia es descomunal, se mire por donde se mire.

Despojados de la revolución, acción que habríamos delegado a los mercados, la lógica ha devenido en endiabladamente abstracta. La Unión Europea intermedia entre el poder económico-financiero [un poder al que siempre, desde su fundación, ha obedecido], y los gobiernos. Europa es la voz de su amo y exige a los gobiernos las políticas que deben salvar el sistema financiero surgido del euro. Y gobierno que no cumple, al patíbulo. Relato de la desolación.

Estados, bancos, entidades financieras, especuladores, agencias de calificación, y un sinfín de sustantivos, que todos juntos se amontonan sin distinción de forma y fondo bajo el genérico mercado. Son sustantivos que también se escenifican como sujetos omitidos de los titulares de nuestros periódicos, también servidores fieles de su amo. No dicen "el mercado está aniquilando a las democracias". No lo dicen. Tampoco nos lo decimos nosotros a nosotros mismos, porque no nos atrevemos a escucharlo.

¿Ya no nos acordamos de los gobiernos de transición que se se formaron en la primavera árabe? Gobierno de transición, la misma suma de palabras, es el nombre con el que asignamos a los gobiernos que han sucedido a los gabinetes de Papandreu en Grecia y, pronto, al que sucederá al de Berlusconi en Italia. Gobiernos de transición, a la espera de nuevas elecciones democráticas. Tiene cojones pero eso dicen, democráticas. Aunque la democracia, todos lo sabemos, después de haber sido violada por el mercado, será un algo parecido a la democracia pero sin llegar a serlo.

Otra forma de decirlo sería que el amo está eligiendo a dedo a los gobernantes de los países que deben respetar sus reglas para mantener el juego abierto. Esos gobernantes [de transición] son tecnócratas, gestores, economistas... Esto es, que el amo no quiere políticos, no quiere que se realice el ejercicio de la política; el amo no quiere, sobre todo, ideologías. ¿Os suena? El fascismo que viene. ¿Es lo que queríamos...? Podríamos decir que en cualquier caso no es la revolución que habíamos soñado, aunque en nuestros sueños tampoco hubiera políticos. Historia de la vergüenza, cada vez más nuestra.

El referéndum que planteó Papandreu funcionó como funciona lo que en ficción se llama falso final. El falso final le da una pista clave al espectador de lo que será el final verdadero, siempre de valor opuesto al falso. Con el referéndum, el gobernante que había elegido el pueblo quería devolverle la palabra al mismo pueblo, en un ejercicio democrático que aumentó el miedo de los mercados. Estos, a través de su sierva delegada, Europa y sus instituciones, invirtieron la ecuación: los mercados terminaron decapitando al gobernante con el cinturón del euro, por haber confiado la palabra en un pueblo que el amo estaba convencido que no sabría responder correctamente en el referéndum. Esto es lo que aquí y ahora obedece a la lógica revolucionaria de los mercados, nos guste o no. 

En nuestro caso, la democracia violada permanentemente por el mercado seguirá existiendo, pero en forma de ficción. Y los pocos políticos que vayan quedando tendrán bien aprendida la moraleja extraída de las ejecuciones de Sócrates, Papandreu y Berlusconi.  Solamente sobrevivirá el político que sea capaz de travestirse de economista, gestor y tecnócrata. Porque es eso lo que le pone tontorrón al amo, y el que le calma el miedo que le viene aquejando.

Y así termina la película, nos guste o no. La primavera árabe espera su verano con gobiernos militares, mientras que el otoño europeo espera su invierno con gobiernos de transición. Y militares y tecnócratas no soportan el juego de las 7 diferencias.

La crisis y el miedo [el de nuestro amo y el nuestro propio] nos están dejando sin trabajo, sin dinero y sin palabras. Mejor dicho, sin verbos, porque palabras hay muchas, escritas unas encima de otras, pisándose, enturbiándose. Ruido exponencial que nos tiene a todos entumecidos en la parálisis. Entonces, parálisis de la palabra y del verbo. El verbo es acción, transformación y cambio, y la crisis nos está dejando sin eso, construyendo un mundo lleno de sujetos incapaces y omitidos. Pero hablaba de la primavera árabe y del otoño europeo, todavía con verbos en el texto. Son acciones que me cuesta describir, porque el ruido sustantivo empieza a ser abrumador. 

Después de todo, ¿sabremos reconquistar los verbos para transformar esta historia?

sábado, 5 de noviembre de 2011

Inmersión abisal 9 / No summer or winter (Agnes Szelag, 2008)

jueves, 27 de octubre de 2011

Joy Division (Grant Gee, 2007)







ESPACIO NO COMERCIAL











ESPACIO NO COMERCIAL






miércoles, 26 de octubre de 2011

Inmersión abisal 8 / Live at Sint​-​Elisabethkerk (Balmorhea, 2011)

martes, 25 de octubre de 2011

La oración de Slavoj Zizek en Wall Street




Parte de la oración en castellano (copiada textualmente de Multitud):


En el crack de 2008 se destruyó más propiedad privada, conseguida con gran esfuerzo, que si todos los presentes se pusieran a destruir día y noche durante semanas. Nos dicen que somos soñadores. Los verdaderos soñadores son aquellos que piensan que las cosas seguirán siendo como son indefinidamente. Nosotros no somos soñadores, sino los que estamos despertando de un sueño que se ha convertido en pesadilla. No estamos destruyendo nada, sino siendo testigos de cómo el sistema se destruye a sí mismo.

Todos hemos visto la clásica escena de los dibujos animados en la que un coche se acerca a un precipicio y sigue rodando ignorando que está sobre el vacío, y sólo cae cuando el conductor mira hacia abajo y se da cuenta de ello. Esto es lo que estamos haciendo aquí. Estamos diciendo a los chicos de Wall Street “¡eh, mirad abajo!”

En abril de 2011 el gobierno chino prohibió que apareciesen en TV, películas o novelas todas aquellas historias que hiciesen referencia a realidades alternativas o viajes en el tiempo. Esta es una buena señal para China, puesto que significa que la gente aún sueña con alternativas, así que hay que prohibir este sueño. Aquí no se piensa prohibir nada de eso, porque el sistema en el poder incluso ha suprimido nuestra capacidad para soñar. Fijaos en las películas que vemos todo el tiempo. Es fácil imaginar el fin del mundo, un asteroide que destruya el planeta y ese tipo de cosas. Pero no se puede imaginar el fin del capitalismo. Así que, qué es lo que hacemos aquí? Dejadme que os cuente un viejo chiste muy bueno de los tiempos del comunismo…

Un tipo de Alemania del Este fue enviado a trabajar en Siberia. Sabía que su correo sería supervisado por los censores, así que propuso a sus amigos establecer un código. Si la carta que enviase estaba escrita con tinta azul, entonces lo que en ella se dijera sería cierto y si estaba escrita con tinta roja sería falso. Transcurrido un mes sus amigos recibieron su primera carta. Estaba escrita por entero en azul y decía: todo es maravilloso aquí. Las tiendas están repletas de buena comida. Los cines pasan buenas películas occidentales. Los apartamentos son grandes y lujosos. La única cosa que no se puede comprar es tinta roja.

Así es como vivimos. Tenemos todas las libertades que queremos, pero nos falta tinta roja, el lenguaje con el que expresar nuestra no-libertad. La manera en que se nos enseña a hablar acerca de la libertad, la guerra, el terrorismo y demás falsifica la libertad. Y esto es lo que estáis haciendo aquí: nos estáis dando tinta roja a todos.

Pero hay un peligro. No os enamoréis de vosotros mismos. Lo estamos pasando bien aquí, pero recordad: los carnavales son baratos, lo que importa es el día siguiente. Cuando volvamos a nuestra vida normal, habrá cambios entonces? No quiero que alguna vez recordéis estos días como, “oh, éramos jóvenes y fue muy bonito”. Tened en cuenta cual es nuestro mensaje fundamental: que tenemos derecho a pensar alternativas. La regla se ha roto. No vivimos en el mejor de los mundos posibles, pero hay un largo camino por delante. Nos enfrentamos a cuestiones ciertamente difíciles. Sabemos lo que no queremos, pero, ¿sabemos lo que queremos? ¿Qué organización social puede reemplazar al capitalismo? ¿Qué nuevo tipo de líderes queremos?

Recordad: el problema no es la corrupción o la codicia. El problema es el sistema que os empuja a rendiros. Estad atentos no sólo a los enemigos, sino a los falsos amigos que ya están actuando para diluir este proceso. De la misma manera en que os dan café sin cafeína, cerveza sin alcohol o helado sin nata, tratarán de convertir esto en una protesta moral inofensiva.

La razón por la que estamos aquí es que estamos hartos del mundo que recicla latas de Coca-Cola, del mundo del capuccino Starbucks, del mundo que destina un 1% de la riqueza a los niños que pasan hambre. Ya no es suficiente para que estemos a gusto, después de que se hayan subcontratado la guerra y la tortura e incluso después de que las agencias matrimoniales subcontraten a diario hasta nuestra vida amorosa.

Podemos ver que durante un largo tiempo permitimos que nuestro compromiso político también fuera subcontratado. Lo queremos recuperar. No somos comunistas. Si el comunismo significa el sistema que colapsó en 1990, recordad que hoy esos comunistas son los capitalistas más eficientes y desarraigados. En China hoy tenemos un capitalismo que es aun más dinámico que vuestro capitalismo americano pero que no necesita democracia. Esto significa que cuando critiquéis el capitalismo, no os permitáis que os chantajeen con la idea de que estáis en contra de la democracia. El matrimonio entre la democracia y el capitalismo se ha acabado.

El cambio es posible. Así que, ¿qué es lo que consideramos posible hoy? Sólo hace falta seguir los medios. Por un lado, en lo que respecta a tecnología y sexualidad, todo parece ser posible. Puedes viajar a la luna. Puedes ser inmortal con la ayuda de la biogenética. Puedes tener relaciones sexuales con animales o lo que sea. Pero mirad el campo de la sociedad y de la economía. En ambos, casi todo se considera imposible. Quieres subir un poco los impuestos para los ricos, te dirán que es imposible, perdemos competitividad. Quieres más dinero para sanidad: te dicen, imposible; esto significa un estado totalitario. Algo falla en un mundo donde se te promete la inmortalidad pero en donde no se puede gastar un poco más para sanidad. Puede que debamos marcar nuestras prioridades directamente aquí. No queremos niveles de vida más altos. Queremos niveles de vida mejores. El único sentido en el que somos comunistas radica en que nos importan los bienes comunes. El bien común de la naturaleza. El bien común de lo que es privatizado por la ley de propiedad intelectual. El bien común de la biogenética. Por esto y sólo por esto debemos luchar.

El comunismo fracasó absolutamente. Pero los problemas de los bienes comunes están aquí. Te están diciendo que aquí no somos americanos. Pero los fundamentalistas conservadores que reivindican ser verdaderamente americanos, necesitan que se les recuerde algo. ¿Qué es el cristianismo? Es el Espíritu Santo. ¿Qué es el espíritu Santo? Es una comunidad igualitaria de creyentes que están conectados por el amor mutuo y que sólo tienen su propia libertad y responsabilidad para hacerlo. En este sentido el Espíritu Santo está aquí ahora. Y allí en Wall Street hay paganos que están adorando ídolos blasfemos. Así que sólo necesitamos paciencia. Lo único que me atemoriza es que un día nos vayamos simplemente a casa y después nos reunamos una vez al año, tomando una cerveza y recordando nostálgicamente el buen rato que pasamos aquí. Prometámonos que este no será el caso.

Sabemos que las personas a menudo desean algo pero no lo quieren realmente. No tengáis miedo a querer realmente lo que deseáis. ¡Muchas gracias!