sábado, 4 de septiembre de 2010

La televisión es cultura: ¡viva la perversión!

Se está celebrando estos días (del 31 de septiembre al 5 de agosto) el II Festival de Televisión y Radio de Vitoria-Gasteiz (FesTVal). El folleto del festival donde se presenta esta segunda edición empieza con el eslogan que han escogido los organizadores: "La televisión es cultura". Entre las diferentes informaciones de interés (qué es FesTVal, cuándo y dónde tienen lugar los diferentes eventos que lo componen, qué actividades, qué premios, quiénes organizan y quiénes patrocinan) han insertado tres citas que hacen hincapié en el eslogan, justificándolo, completándolo. La primera es del multi-artista Andy Warhol (muerto en 1987): "La inspiración es la televisión"; la segunda, del dramaturgo Bertolt Brecht (muerto en 1956): "El arte si es bueno es entretenimiento"; y la tercera, del cineasta Federico Fellini (muerto en 1993): "Condenar la televisión sería tan ridículo como excomulgar la electricidad o la teoría de la gravedad".

Se ha puesto entre paréntesis (a conciencia) el año de la muerte de los tres citados para contextualizar lo justo a qué época histórica pertenecen y a qué televisión se estaban refiriendo cada uno de ellos con sus palabras. En la televisión parece dar igual eso del contexto: meten todo en la coctelera y venga mueve que te mueve. Y si bien la cita de Brecht es indirecta (está insertada para establecer un acceso directo entre la palabra arte [cultura] y la televisión a partir del click del entretenimiento), las otras dos aluden directamente a la televisión, y ambas se refieren a otra televisión, a la del pasado, no a ésta, no a la que señalan los responsables del FesTVal. Y eso es trampa, amigos.

La televisión, además de otras cosas, es una gigantesca máquina de perversión (pervertir, según la RAE: "viciar con malas doctrinas o ejemplos las costumbres, la fe, el gusto, etc.") y si para autoproclamarse cultura tiene que subvertir los dos términos, televisión y cultura, lo hace. En fin, que su fantasía no sea jodida con la realidad que limita amargamente su ánimo de pervertir. 

Este juego incesante de perversiones a partir de las redefiniciones me recuerda un día que Jalís de la Serna (reportero de "Callejeros") vino el año pasado a dar una charla sobre "Guión visual" (o guión de montaje) al Máster en el que yo era alumno. En una de las preguntas saqué el espinoso tema de el ética en "Callejeros", en especial de cómo terminaban siendo personajes personas con escasa cultura, muchos de ellos "enfermos mentales", y que acceden fácilmente a ser grabados ellos y a sus entornos vitales. El periodista de "Callejeros" se defendió argumentando que esa gente no eran enfermos mentales y que más bien eran unos "frikis" deseosos de salir en la televisión. Mi siguiente pregunta fue... ¿entonces todos los síndromes de Diógenes que sacáis no son enfermos mentales? Y no recuerdo si se lo dije o lo pensé: ...porque vamos buenos si el umbral de enfermedad mental lo establece la televisión.

Pero es un hecho que así es: la televisión en general y "Callejeros" en particular han redefinido el término "enfermedad mental", lo han subvertido (hacia los parámetros del "frikismo") para regalarnos otro ejercicio de perversión. Y el caso de "Callejeros" es paradigmático de dicha transvaloración: algo presentado a la audiencia como denuncia social termina convirtiéndose en un circo del espectáculo degradante que es la clase muy baja, habitantes de las periferias chavolistas o de los centros marginales y cochambrosos, visto todo con ojos de clase media (que es uno de los target de "Callejeros").

Volviendo al FesTVal y a su eslogan "La televisión es cultura" claro, que debe ser muy jodido encontrar citas más o menos contemporáneas que alaben o que les rían las gracias a la televisión. Cuando los responsables del asunto le dieron al motor de búsqueda de Google después de teclear "citas sobre televisión" tuvieron que toparse, irremediablemente, con estas otras tres citas: "Hoy no salir en televisión es un signo de elegancia" (Umberto Eco, semiólogo); "La televisión puede darnos muchas cosas, salvo tiempo para pensar" (Bernice Buresh, escritora); y "La televisión será la base de la opinión pública, ha creado un mundo esquizofrénico en el que entre el individuo y lo global no hay nada" (Alain Touraine, sociólogo). ¡Bah!, intelectuales ingratos, qué aburridos...

En fin, la cosa es que intentar vincular la cultura a la televisión supone siempre recorrer un camino lleno de trampas para terminar patinando y cayendo. Y no solamente cuando es la televisión más mierda, más insustancial, más rosa y más sensacionalista, la que se apropia del término. También cuando, por ejemplo, La 2 de TVE se auto-atribuye el calificativo de cultural, añadiéndolo al sustantivo televisión: la televisión cultural. Desde luego que es fácil dar cuenta de la perversión que pueda tener un Jorge Javier Vázquez diciendo que su programa "Sálvame" es cultura... pero quizás no lo es tanto atribuirle esa perversión a la televisión cuando hablamos de La 2, la cadena de las minorías, la televisión de los "pichi-guays". Que conste que quien escribe ve La 2; no solamente cree que es necesaria, sino que además es la cadena que más ve. Bien, esto no me impide iniciar una crítica a La 2, que no es sino también una auto-crítica a mi consumo televisivo en la ilusión perversa de pensar que estoy consumiendo cultura.

La 2 es un pesebre individualizado, sí, dentro de un establo limpio. Es la única diferencia con respecto a esos abrevaderos donde todos los animales se disputan la comida, dentro de establos embadurnados de mierda. Pero ambas formas de dar de comer coinciden en que sus acciones están despojadas de cualquier atisbo de cultura. La cultura tiene que ver con la maleza, con las malas hierbas, con un jardín que una vez tuvo dueño y que ahora está abandonado, y cuyas plantas salvajes ya invaden los caminos que una vez fueron transitables. Para atravesar la cultura es preciso estar dispuesto a perder sangre en el camino. En esta definición, por supuesto, las tijeras de podar no se contemplan. Lo cultural debe tener algo de salvaje, algo de peligroso, algo de transgresor y, sobre todo, y volviendo al jardín, una esencia indómita, cuya violencia resulte seductora y temible al mismo tiempo. Según esto La 2 está lejos, muy lejos, de ser una televisión cultural, pero en fin, a falta de pan buenas son tortas. Uno se alivia con los simulacros de cultura de La 2, al tiempo que se escandaliza con los simulacros de cultura de Tele 5.

En cualquier caso, la televisión, esa máquina expendedora de imágenes y de discursos que está en todos los hogares ocidentales y que no invita a ninguna transformación ni a ninguna acción transgresora de lo establecido sino justamente a todo lo contrario, esto es, a la pasividad total, a la inanición social y al consumo por el consumo, es incompatible con la cultura. Es cuestión de asumir esa derrota.

Pero la televisión, sus productores, sus personajes, sin embargo, están lejos de asumirlo y subvierten la derrota en espectáculo verbal y visual. Y como resultado de dicha perversión proclaman la victoria: milagros de la televisión, esa cajita mágica donde todo es posible. El eslogan del FesTVal de este año, "La televisión es cultura", acompañado de las citas arriba mencionadas de Warhol, Brecht y Fellini, tuvo su continuidad en la primera jornada del festival, cuando se organizó un debate que debía lanzar un veredicto definitivo sobre la culpabilidad o no culpabilidad de la televisión. En el juicio-teatrillo que escenificaron Joseba Fiestras, director del Festival, hizo las veces de abogado defensor; Javier Padilla, jefe de producción, hizo las veces de fiscal; y personajes televisivos como Agustín Bravo, Xabier Deltell, Risto Mejide, Mayra Gómez Kemp, Ángel Llácer y Jorge Fernández fueron llamados en calidad de testigos; finalmente el actor José Carabias, interpretando el papel de presidente del tribunal, tuvo que lanzar un veredicto. Embriagante máquina del espectáculo autocaníbal televisivo.

El juicio no tenía por menos que tener un final feliz. Lo ponía en el guión (el guión: esas tijeras de podar): la televisión fue declarada inocente. Así se ponía fin a la polémica y se depejaba con claridad toda la magnitud de la moraleja: que tres despojos intelectuales (Eco, Buresh y Touraine) no se atrevan a privarle a la televisión de sus brillantes perversiones.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Publicidad pro-vinilo heavy-yonky, yonky-punk o gothic-horse

Esta mañana he recibido por correo un catálogo general de vinilos. El remitente es una empresa importadora de productos musicales a la que estoy suscrito, especializada en música rock (sobre todo heavy, punk y gótica). Dentro me he encontrado con dos formas (publicitarias) de fomentar el uso del vinilo.

La primera corresponde a una manera moderna de hacer propaganda, en positivo, con la cosa del buen rollo por delante. Ideología blanda, digamos. Es un mensaje que aparece en una camiseta especial que ofertan con motivo del tema central del catálogo (venta de vinilos y accesorios) y que hace uso de la coletilla "Save the...", tal y como hicieron en su momento los eslóganes "Save the children", "Save the planet" o "Save the quebrantahuesos".



Y la segunda..., en fin, la segunda no precisa ningún comentario. ¿O sí? Vosotros diréis.

lunes, 30 de agosto de 2010

Soldados rasos y militares de carrera

Desde el punto de vista de la explotación el fenómeno social de la inmigración arroja dos abusos de poder evidentes. 

El primero se ubica en el nivel personal del trabajador inmigrante, procedente en la mayoría de los casos del que llamamos aquí tercer mundo, y que trabaja, en buena parte de los casos, en condiciones laborales precarias y lindantes con eso que aquí llamamos muy pocas veces explotación. 

El segundo tiene una naturaleza más compleja y se ubica en el nivel estatal. Tiene lugar cuando un Estado ha dedicado su esfuerzo en proporcionar las herramientas necesarias para la formación básica, media o superior de uno de sus ciudadanos que termina emigrando al extranjero para dedicarse en el país receptor a otras labores de menor exigencia formativa. De esta manera, la "inversión" del país emisor cae en saco roto, al tiempo que se desangra en personal cualificado y en mano de obra. Muchas veces, cuando el inmigrante llega aquí, en lo que llamamos primer mundo, su currículum se convierte en una suerte de “tabula rasa” donde todo debe ser escrito de nuevo: pocos títulos se convalidan y el trabajador recién llegado no tiene por menos que hacerse un reset laboral si quiere seguir adelante.

De ambas explotaciones derivan varios usos y funciones que la economía receptora otorga a la población inmigrante. Entre otros, el mercado laboral apuesta a vencedor a que gran parte de los inmigrantes tiene fácil encaje como personal apto en trabajos ingratos: mujeres y hombres dedicados a labores de limpieza, hombres trabajando en el arreglo de carreteras, mujeres cuidando a ancianos, y un largo etcétera. Por otro lado, nuestra sociedad y sus brazos mediáticos (dependientes del poder económico) explotan el miedo hacia los inmigrantes con axiomas paralizantes del tipo "hay menos trabajo para los de aquí", "suben los niveles de inseguridad ciudadana", etcétera.

Esta esquizofrenia primermundista de los Estados occidentales y de sus economías capitalistas con respecto a la inmigración también tiene lugar en el nivel personal, cuando una misma persona puede albergar dentro de sí una compasión por los "pobrecitos" que vienen a buscarse la vida al tiempo que no puede esconder su temor al fenómeno que tantas veces han nombrado en nuestros libres e independientes medios de comunicación con el término "invasión".

Pero por si no tenían bastante con esas dos funciones básicas, la crisis económica instalada en nuestros bolsillos y en nuestras televisiones ahora les regala a los trabajadores inmigrantes una tercera función, la de escudo. Porque no podemos obviar que el primer impacto gordo de la crisis ha provocado víctimas mayoritariamente del lado inmigrante. Los inmigrantes son esos peones que van en primera línea, desprotegidos, casi desarmandos, haciendo bulto. Son los primeros peones que se sacrifican en una partida en los primeros y más sangrientos combates. Es cierto que también han caído bastantes soldados de la segunda línea, que serían los trabajadores no inmigrantes menos cualificados; y unos pocos de la tercera línea, la clase media trabajadora.

Entre las dos primeras líneas (soldados rasos y soldados de grado bajo) y la tercera (soldados de grado intermedio y militares de carrera), hay sonadas diferencias y entre ellas una fundamental. Los inmigrantes no forman un colectivo; conforman una suerte de masa desorganizada, desestructurada y desintegrada en multitud de nacionalidades, culturas y lenguas. Al contrario, la tercera línea es un colectivo organizado en torno a una idea central de clase media y media-baja, consumidora, con un común denominador identitario y cultural, y con varias plataformas de representación política y de protección social y familiar.

Esta diferencia explica por qué la crisis no ha devenido en revuelta social. El paro se ha cebado en esa masa desorganizada y el Gobierno les “ha enseñado” la puerta de salida. Incluso en algunos países-origen (Ecuador, por ejemplo) los gobiernos empiezan a desarrollar políticas de regreso en forma de créditos blandos para que los "hijos pródigos" puedan tener oportunidades de negocio una vez llegados al lugar del que partieron en su día. Muchos de estos inmigrantes, a diferencia de los soldados de la tercera línea afectados por la crisis, no tienen ni siquiera una familia, o una comunidad, o un círculo social que les proteja o que les avale económicamente una vez que la protección laboral del Estado ha terminado, y esto en el caso solamente de los inmigrantes de gran o medio recorrido laboral cuyo trabajo ha reportado derechos de desempleo, subvención, prestación o ayuda social.

Entre tanto, cada país del primer mundo ha materializado sus grandes proyectos. En España, sin ir más lejos, se han construido los túneles de la M-30 en Madrid, la Expo de Zaragoza, cientos de kilómetros de carreteras y de vías de tren de alta velocidad, con un número considerable de trabajadores inmigrantes con sus derechos mermados, alojados en ese limbo laboral resultante de una subcontratación elevada a la tercera, cuarta o quinta potencia. España también ha mantenido sus casas y los culos de sus viejos limpios gracias, en muchos casos, a la economía sumergida resultante de un vínculo laboral sin contrato y sin derechos de las mujeres inmigrantes que han hecho el trabajo "sucio" a precios y condiciones también lamentables.

Cabe preguntarse lo qué pasará si la crisis nos da una segunda hostia, una vez que estemos desarmados de nuestro escudo, y golpee en esa tercera línea de soldados de grado medio y militares de carrera. La tercera línea es la línea de flotación social, la clase media, la que consume, la que hace circular el dinero, la que se ha cagado de miedo con la primera hostia y se ha puesto sus barbas a remojar después de ver esquilar las barbas griegas. La tercera línea es la que ha pagado cuatro mierdas a las mujeres trabajadoras ecuatorianas y bolivianas, y la que ha subcontratado a los trabajadores rumanos y nigerianos. 

Los soldados de grado medio (clase media-baja) y los militares de carrera (clase media-media) se han quedado sin escudo o, al menos, tienen un escudo debilitado. ¿Qué hacer? Por lo pronto sus "managers" (sobre todo representantes de los soldados de grado medio), y que son los sindicatos (llámense también soldados de grado superior) han reaccionado por si acaso, ahora que la reforma del mercado laboral parece afectar a esa tercera línea y en previsión de una segunda oleada de la crisis económica. ¿Y cómo han reaccionado los soldados de grado superior? Le han asegurado al Gobierno que habrá huelga general el día 29 de septiembre. 

Esto parece ya una broma pesada. Cuando UGT y CC.OO. anunciaron la "huelguita" fue como ver a uno de los bandos contendientes anunciándole a su enemigo que le iba a atacar dentro de tres meses, dándole así bastante oxígeno y tiempo para que se armara y reaccionara. Que qué tipo de guerra es esta: pues la de los post-sindicatos, que plantean una post-huelga contra un post-gobierno con post-manifestaciones en la que plantearán post-cualquier-cosa.

Y ante todo esto... ¿qué pensará el Mercado? El Mercado no piensa, pero sus manos ciegas se frotarán igual que si fueran las patitas de las moscas, frota que te frota, antes de conquistar su siguiente mierda. 



(NOTA: Se confirma que los militares de carrera verán el post-espectáculo y el mierda-banquete desde las diferentes máquinas expendedoras de imágenes, eficazmente inmovilizados contra sus sillas y sillones).

sábado, 28 de agosto de 2010

La muerte según cuatro hombres que ya no existen


La muerte según José María Julián Mariano Escrivá de Balaguer Albás (autodenominado Monseñor Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei), muerto en Roma el 26 de junio de 1975:



La muerte según Jacques-Marie Émile Lacan (autodenominado Jacques Lacan, médico psiquiatra y psicoanalista), muerto en Roma el 9 de septiembre de 1981:



La muerte según Ernst Ingmar Bergman (autodenominado Ingmar Bergman, cineasta), muerto en Gotland el 30 de julio de 2007:



La muerte según Carl Gustav Jung (autodenominado Carl Jung, médico psiquiatra y psicólogo), muerto en Zurich el 6 de junio de 1961:

viernes, 27 de agosto de 2010

Vigilar y respirar

Pantallas nos informan; pantallas nos ponen en contacto con el mundo; pantallas nos vigilan; pantallas formulan nuestros deseos y extienden nuestros sentidos; pantallas registran, reproducen, producen, crean; pantallas nos sitian; pantallas trazan las señas de nuestra identidad subjetiva y nuestro inconsciente colectivo; pantallas dan cuenta de nuestra felicidad y nuestra desesperación... Todo, desde nuestros sueños hasta nuestras grandes decisiones que afectan al provenir de la humanidad parece haberse convertido en un prodigioso efecto de pantalla. (Eduardo Subirats, en "Criaturas virtuales")

Y ahora, y desde hace un tiempo, pantallas a través de las cuales contemplamos a nuestros hijos mientras retozan, duermen o juegan en sus cunitas o en sus parques:

 
 
Porque los intercomunicadores de antaño ya no nos llenan (además de porque era imposible distinguir los berridos de tu hijo con tanta interferencia) aquí llega lo último en los sistemas de vigilancia infantil. El Mercado te da dos opciones (para que luego digan los ingratos que no hay libertad), la primera, un kit que comprende una cámara tuneada con motivos infantiles (percíbase aquí el concepto de cámara oculta) y un pequeño monitor; y la segunda, un kit que comprende la camarita, igualmente tuneada y un sistema que permite introducir la señal de la cámara por la televisión. De las dos, la pareja que dialoga a continuación ha elegido (libremente) ver a su bebé a través de la pantalla de televisión:

ELLA: ¿En qué canal ponemos al niño? 
ÉL: En el cero, que se quedó libre desde que quitamos el vídeo. 

La pareja se sienta en el sofá y en mitad de unos anuncios, en vez de levantarse para ver a ese dulce hijito tan esperado..., cogen el mando y le dan al cero. Embriagante, ¿no?

ELLA: Mírale cómo duerme. ¡Ay, mira, mira, mira qué hace con la boquita! 
ÉL: Yo creo que va a estornudar.
ELLA: ¡Ay, qué listo, si nos está mirando! 
ÉL: Mira a ver que ya habrá empezado el baloncesto.
ELLA: ¿Pero no estábamos viendo "Mujeres desesperadas"...?

Los fabricantes de estos dispositivos de control insisten, a través de las promociones que hacen de sus productos, en que uno de los propósitos fundamentales de estas expendedoras de imágenes es poder controlar la respiración de tu bebé. De nuevo, el arma de convencimiento masivo: el miedo. 

Quien tiene o ha tenido hijos sabe que uno de los miedos más recurrentes a los que se enfrentan los padres es a que la respiración de sus hijos durante los primeros meses de edad se detenga en cualquier momento. Y la cosa se suele poner tan fea que incluso roza lo obsesivo. Por ejemplo, si tu hijo, por la falta de costumbre, está durmiendo más de la cuenta, es posible que vayas a su cuarto cada minuto para constatar que, efectivamente, no está muerto. En fin, es una obsesión y poco se puede hacer... La cosa es que amparándose en este miedo los fabricantes intentan colar su producto de videovigilancia en los hogares de clase media. Pero... ¿qué aporta esta solución tecnológica? Poco o nada. Porque la obsesión es inmutable y lo único que cambia es que no te mueves del sitio. Además, en ambos casos, la muerte súbita, en caso de producirse, es irreversible.

Sea cual sea el pretexto de venta de estos productos una cosa es evidente. Usándolos te privas de la experiencia directa del contacto audiovisual (sin olvidar los otros tres sentidos) con tu bebé. A cambio, asumes la mediación tecnológica como nexo de unión con tu hijo. En suma, eliges antes una representación gráfica de tu hijo que a tu hijo mismo. Es cierto que el uso de estos aparatos de videovigilancia infantil es puntual y no extendible a todas las veces que los padres ejercen control y vigilancia sobre sus hijos, sí, pero en esos momentos puntuales uno elige no levantarse y decide poner el canal cero para respirar tranquilo toda vez que todo hace indicar que la representación gráfica de tu hijo parece que respira apaciblemente. Sin más...

ELLA (para sí misma): ¡Está vivo!
ÉL (para sí mismo): ¿A qué hora terminará esa mierda de "Mujeres deseperadas"?

Pero la objetualización de tu hijo ha comenzado tiempo atrás, en pleno proceso de embarazo. Las ecografías y las modernas ecografías en 3-D arrojan sendas reproducciones gráficas de tu bebé. La emoción es incuestionable. Lo que se ve en esa pantalla es tu hijo-objeto y lloras como una magdalena viendo cómo se mueve esa cosita que mide lo que tu dedo pulgar. Pantallas que dan cuenta de nuestra felicidad, eso es... Así que de qué vamos a extrañarnos. La ecografía en su momento atravesó la piel, el útero, la placenta y otros tejidos de la madre para contentarnos con el objeto-imagen de nuestro hijo y ahora, tranquilamente sentados, pones el canal cero, y atraviesas tres paredes con sus respectivas puertas a un golpe de zapping.

Los occidentales somos la polla. Los padres podemos perder la dignidad después del nacimiento de nuestros hijos de mil formas. Podemos dejar de ir al cine. Podemos follar menos. Podemos decapitar nuestra vida social. Podemos cambiar los bares de ambiente nocturno por el ambiente diurno de los parques infantiles. Podemos sufrir lo insufrible con las visitas más frecuentes de las suegras y madres. Podemos dejar de dormir ocho horas seguidas y dormir seis, ¿qué digo seis?, cuatro, ¿qué digo cuatro?, una hora y con suerte... Pero de lo que nuestros hijos no van a ser capaces de privarnos es de nuestra condición de espectadores.

Los occidentales somos la polla; y Eduardo Subirats un ingrato.

jueves, 26 de agosto de 2010

Mi historia de amor con Lars von Trier

Así empieza "Anticristo", la última película hasta la fecha de Lars von Trier:



Y así termina:


Entre medias muchas cosas, pero sobre todo una mierda misógino-sado-masoquista con la que el amigo Lars me dice adiós o, mejor dicho, con la que yo digo adiós a mi querido Lars. 
____________________________________________________________

Mi idilio con Lars von Trier empieza en 1996, cuando veo, en la semana de su estreno, "Rompiendo las olas" (1996). Entonces yo tengo 24 años y la película me deja, literalmente, noqueado y boquiabierto, además de completamente borracho. En plena resaca me intereso por el cine que había realizado von Trier tiempo atrás y veo en vídeo "Europa Europa" (1984) y "El elemento del crimen" (1991). Recuerdo que ambas películas me parecieron muy confusas, muy pesadas de digerir; pero también sugerentes y atractivas, quizás influenciado porque todavía me duraba la embriaguez de "Rompiendo las olas".

Después von Trier rodó "Los idiotas" (1998), suscrita a Dogma 95, el ideario fílmico tan admirado por unos y denostado por otros , redactado y firmado de primeras por Lars von Trier y Thomas Vintenberg. Yo, por supuesto, me incluía (y me sigo incluyendo) en el grupo de los defensores. Poco antes también había visto "Celebración" (Thomas Vintenberg, 1998), que fue la primera película que se estrenaba con el voto de castidad del dogma aplicado (casi) a raja-tabla. "Celebración" también fue un chute de los gordos en mi historia personal con el cine; supuso, además, una plataforma de lanzamiento hacia mi abrazo definitivo a Lars von Trier, al Dogma 95 y a toda Dinamarca. En resumen, que después de ver "Los idiotas" le dije "te quiero" a von Trier. 

Mi querido Lars fue mi primer director de cine, y lo digo como el que dice tal o cual fue mi primer novio o mi primera novia. Lars era al primer director que podía besar en tiempo real, esto es, cada vez que estrenase una película. Yo hasta entonces tenía varios directores preferidos que estaban unos en proceso de putrefacción, como es el caso Luis Buñuel, y otros ubicados en una senectud cada vez menos productiva, como eran Ingmar Bergman y Jean-Luc Godard.

Y sin con "Rompiendo las olas" nos enamoramos y con "Los idiotas" nos dimos el primer beso, fue con "Bailar en la oscuridad" (2000) cuando echamos el primer polvo. Y en esto punto se cumple el dicho de que la primera vez es la que más duele porque creo que no he sufrido nunca tanto viendo una película. Fue dolor emocional y dolor racional: y fue la primera vez que sentía algo así, tan completo y tan magnífico, con una historia que me contaban.

"Dogville" (2003) representó el momento más álgido de pasión por el que pasa toda relación. El qué y el cómo de esta película me siguen fascinando. Hay poco más que decir cuando uno está enamorado y se tienen muy pocas palabras en la boca y muchas mariposas en el estómago...

Hasta que llegó "Manderlay" (2005) y la cosa se torció. Aparecieron las primeras señales de rutina, el cansancio, la sensación de repetición, y todas las dudas del mundo. Del amor al miedo hay solamente un paso y es ese instante en el que ninguno de los dos pies tocan el suelo y empiezas a tener miedo: ya no sabes si el amor nace de manera natural cada día o si lo hace de forma sintética convertido en un simple hábito. 
 
También del miedo al desamor solamente media un paso y decidí no acudír a la siguiente llamada de Lars ("El jefe de todo esto", 2006). Estábamos, definitivamente, distanciados. 

Yo ya había perdido todo interés por Lars. No me importaba ni dónde estaba ni en qué cosas andaba ocupado, y a decir verdad estaba seguro de que no se iba a producir reencuentro alguno... Hasta que llegaron noticias desde el Festival de Cannes del año pasado. Escuché y leí que "Anticristo" (2009) era una película cruda y áspera, polémica en cualquier caso. ¡Ese es mi Lars!, pensé, ilusionado. Y fui con las ganas de quien acude entusiasmando a una cita de segunda oportunidad. 

Y tengo que admitir que con el prólogo de "Anticristo" se me iluminaron los ojos. El blanco y negro, la cámara lenta, una pareja follando con un plano de sexo explícito, el niño mirando la escena de los papis y la caída final por la ventana..., y la bellísima canción de Händel..., ese comienzo me hizo creer que lo nuestro era todavía posible. Pero también que lo que vino a continuación me devolvió los pies al suelo: Lars (o yo) ya no es (o no soy) el que era. 

Así que el epílogo de la película no tuvo por menos que ser ese último abrazo de despedida que, a pesar de todo, te deja un regusto agradable en el cuerpo.

lunes, 23 de agosto de 2010

La diferencia entre un individuo soberano y un soberano individualista (incluye momentos musicales)



La teoría de un individuo soberano: Antonio Escohotado



Música para la teoría de Antonio Escohotado: Mil Dolores Pequeños



La teoría de un soberano individualista: José María Aznar



Música para la teoría de José María Aznar: Julio Iglesias