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domingo, 20 de junio de 2010

Corea del Norte o la barbarie documental

El Mundial de fútbol de Sudáfrica ha vuelto a poner a Corea del Norte en el mapa mediático. Las últimas noticias han sido que cuatro jugadores de su selección podrían haber desertado y que el país comunista alquila a actores chinos para que les animen en los partidos de Corea del Norte en el Mundial. Porque todos sabemos que es una serie, también sabemos que cada noticia de Corea del Norte lleva implícito un "continuará..."

En episodios anteriores nos habíamos contado a nosotros mismos que las dos Coreas habían aumentado su nivel de tensión histórico, que el líder vanidoso y comunista del norte, Kim-Jong II, podría tener cáncer, y que (trama horizontal que recorre todo el relato) Corea del Norte lleva unos años jugueteando con material nuclear.

Las dos coreas: la del Norte, el mal rojo; la del Sur, el bien multicolor.

Corea del Norte forma parte del grupo de países que las democracias occidentales, arrastradas por la retórica (del bien) de la administración Bush, han terminado por denominar el "eje del mal", donde, además de Corea del Norte, estarían, entre otros estados, Irán (leer aquí una entrada de este blog sobre su líder Almadineyad), Siria, Libia, Cuba, Venezuela y Bolivia. Estos países tienen en común que no bailan al son de la música anglosajona, que sus ciudadanos no comen hamburguesas con ketchup y que, en definitiva, son críticos (y hacen ostentación de ello) con la potencia hegemónica mundial estadounidense y con todos sus subordinados colonizados, entre los que destacamos nosotros los europeos.

Además de todo y, quizás sobre todo, son países socialistas y comunistas, sistemas políticos antagónicos a nuestro capitalismo dador de libertades y oportunidades... Son países que no se dejan "democratizar"; los últimos que se resisten a la vaselina lubricante de las barras y estrellas y al aliento a bocajarro y por la espalda de Mickey Mouse...

 Obsérvense las grandes diferencias entre la sonrisa del mal (documental puro) y la del bien (ficción reparadora)

Esta entrada responde a un hilo abierto por un amigo sobre un conato de conversación acerca de la situación socio-política de Corea del Norte. Este amigo me recomendaba el visionado del reportaje de Jon Sistiaga sobre Corea del Norte titulado "Amarás al líder sobre todas las cosas", que emitió "Cuatro" el 12 de Junio de 2007. Lo vi en su momento y recuerdo que no me gustó.

Así empieza "Amarás al líder sobre todas las cosas", reportaje-documental de Jon Sistiaga para Cuatro.

Recuerdo que conforme avanzaba la historia que Jon Sistiaga pretendía contarnos yo iba creyendo cada vez más en la imposibilidad de penetrar en mundos impenetrables. Además, el estilo que este periodista le imprime a sus trabajos, a partir del discurso de su comentario verbal, siempre me ha echado para atrás. Si uno hace el ejercicio de cerrar los ojos y escuchar el dictado de Sistiaga enseguida se descubre hasta qué punto esas palabras tienen el poder de orientar un significado (evidentemente político-auto-propagandístico) a las imágenes con las que están montadas.

Este tipo de reportajes, donde se apunta a un país tan lejano como Corea del Norte y tan cargado mediáticamente de valores negativos, denigrado de antemano, y peyorativizado por delante y por detrás, son, cuando menos, dudosos. Primero, porque no superan un filtro que a mí me parece indispensable: los relativismos social, cultural, político y económico. Segundo, porque se guionizan previamente con un propósito claro: estigmatizar a un país todavía más de lo que ya está estigmatizado. Y tercero, porque todo su proceso de elaboración tiene una impronta (de superioridad democrática) eurocentrista que apesta desde el primer fotograma.

Obsérvense la grandes diferencias entre la libertad ajena y la libertad propia.

Además, el objeto de este tipo de programas nunca es aquello que se graba y que se monta después para buscar el discurso deseado de antemano. Ni siquiera en este caso puede argumentarse que el reportaje de Sistiaga vaya del férreo sistema comunista que tiene subyugado a todo un pueblo. En este y en otros trabajos similares fabricados para la televisión y para los ojos de los espectadores occidentales, el objeto principal y protagonista es, precisamente, esa audiencia amorfa compuesta por los espectadores occidentales que lo ven, tranquilamente sentados en sus salones estándar de 15 a 20 metros cuadrados, y a los que se les ofrece un jugoso contrapunto vital y político a través de una "negativización" o de un "antagonismo" de lo que ellos son y viven, tranquilamente sentados en sus sillones democráticos.

Igualmente, los relatos que se cuentan a sí mismos los norcoreanos sobre Occidente, están, de la misma manera, viciados desde su origen. Es de sospechar que también asumen como objeto principal a una audiencia que necesita consumir "negativos" como ejercicio de reafirmación propia. En ambos sentidos, la intencionalidad es la misma, y el objeto, en tanto que diana en la que hay que atinar, no son ni los países ni las gentes que habitan en le relato televisivo, sino los cuerpos y las vidas de quienes digieren esas imágenes.

Obsérvese las grandes diferencias entre la barbarie (a la izquierda) y la civilización (a la derecha)

En el mejor de los casos..., incluso si la propia realidad de uno mismo es muy improbable de poder ser retratada o descrita con fidelidad a esa realidad (si es que existe), no digamos ya cómo es la tarea de retratar tu propio país y, en el extremo más inaccesible, la cosa de retratar un país lejano. La dificultad, en todos los casos, se puede salvar lo justo con la ficción, una ficción que en el caso de retratar un país como Corea del Norte se condimenta con buenas dosis de una antipropaganda que opera, paradójica e intencionadamente, en la dirección contraria, en la auto-propaganda. Porque, las cosas claras..., a ningún occidental medio (espectador asiduo de la televisión) le importa una mierda lo que ocurre en Corea del Norte.

Si examinamos desde el título del reportaje, "Amarás a tu líder sobre todas las cosas", hasta todo el contenido del trabajo que orbita sobre esta tesis de un pueblo domesticado al extremo y embriagado bajo la sombra omnipresente de su líder, el panorama dibujado es tan desproporcionado (y no se está entrando en cuánto de verdad hay dentro)..., se proyecta un "antagónico" tan monstruoso..., que el espectador medio, acto seguido de balbucear algo así como "que mal están allí" no tiene por menos que soltar un "que bien estamos aquí". 

Es decir, que el programa en cuestión, lejos de incitar a que cambie la situación de Corea del Norte (repetimos, que a muy pocos de los que ven la televisión le importa) lo que logra es deshabilitar el cambio y la transformación de aquí. Porque por simple comparación, entre la ficción colorista de nuestra democracia y el documental sombrío del comunismo mesiánico de Corea del Norte, es evidente con qué nos quedamos...
Obsérvense las grandes diferencias entre un cargo perpetuo y un linaje perpetuo

Las imágenes de Corea del Norte son paradigmáticas de otros países no (o menos) capitalistas; representan un ejemplo clarísimo de imágenes que van mucho más allá del contenido que muestran. Independientemente de lo que allí ocurra (quizás haya que matizar que desde aquí no se está defendiendo el régimen norcoreano) lo importante es cómo desde el lado capitalista se fabrican ejemplos (discursos, historias, ficciones) extremos donde un comunismo que se ha pasado de rosca hasta el delirio se termina presentando como el modelo antagónico o la (desastrosa) alternativa a nuestro embriagante estilo de vida rebosante de libertades y oportunidades de progreso.

Volviendo al reportaje de Sistiaga, recuerdo también que viéndolo pensé en el estilo "tramposo" (que aquí no significa lo mismo que subjetivo) de Michael Moore, en los documentales de "Fahrenheit 9/11" y "Bowling for Columbine", en tanto que son dispositivos férreamente guionizados y creados a priori para que defiendan en todo momento las tesis propagandísticas marcadas. La diferencia está en que Moore hace "trampa" hablando de su propio país, lo cual le otorga un plus de honestidad, frente a un Sistiaga que hace "trampa" construyendo un discurso sobre un país lejano. El día que Sistiaga vuelque toda su rabia democrática contra su propio país todo empezará a ser un poco más creíble, él y todos los discursos e imágenes que desde las televisiones de Occidente se proyectan sobre lo diferente.

Obsérvense las grandes diferencias entre la selección de Corea del Norte, claramente ali(e)nada, y la selección de España, felizmente alin(e)ada.

Es evidente que Corea del Norte es un país cuyo hermetismo empuja al rápido asustamiento. A poco que uno se imagine (y recalco el verbo imaginar) enseguida huele a podrido. Pero no podemos permitirnos el lujo de dejar de lado la auto-crítica y la reflexión propia en detrimento del consumo de las imágenes sensacionalistas que nos ofrecemos a nosotros mismos de nuestros satánicos enemigos ideológicos. 

Porque frente al cargo eterno de Kim-Jong II, en España se tiene el linaje eterno de los Borbón, por poner un ejemplo cercano; porque frente a la apología monoteísta de la devoción a un líder, en el Occidente consumista politeísta veneramos a unos cientos (Mickey Mouse entre ellos); porque frente a una sociedad adormilada y anestesiada por un sistema político asfixiante como el norcoreano, aquí estamos dentro de una sociedad que ni mucho menos está despierta. Estos tres asuntos, de manera más o menos tangencial, presentan similitudes entre el modelo socio-político de Corea del Norte y el de cualquier país del Occidente que autodenominamos desarrollado. 

Con esto, Sistiaga y otros soldados del bien tienen material suficiente para cargar contra su propio país y para construir un discurso que presente un modelo capitalista pasado de rosca hasta el delirio... Esto no va a ocurrir, entre otras cosas, porque las multinacionales dueñas de nuestro entretenimiento vía televisión no lo permitirían.

Gritemos al son de nuestros dueños: "¡viva la ficción!". Pero ese entusiasmo es otro tema... ¿o no?

En fin, continuará... (en los comentarios, espero).