lunes, 8 de febrero de 2010

Nuestro mediático antagonista Mahmud Ahmadineyad

Se va a copiar a continuación el contenido íntegro del primer párrafo de un artículo publicado en "El País" el 7 de febrero de 2010. El título es "Irán amplía la brecha entre las potencias". Una breve explicación sobre el artículo puede resumirse en que las decisiones iraníes sobre su política nuclear convencen a Rusia y China mientras desquician a EE.UU. y a la Unión Europea.

(Se van a poner en negrita las palabras clave sobre las que se va a reflexionar acto seguido):

Irán provoca cada vez mayores sacudidas en las relaciones internacionales. El tiempo corre, las centrifugadoras de Teherán siguen escupiendo uranio enriquecido y la maliciosa ambigüedad del régimen iraní divide a las grandes potencias y complica tremendamente la búsqueda de un consenso internacional sobre cómo frenar su oscuro avance nuclear.

 
¡Peligro, Ahmadineyad con una máquina láser en las manos!

Como puede leerse, de nuevo estamos ante un trabajo de "negros" y no de los finos. No hay historia occidental donde no existan los "malos", llamados por los profesionales de la narrativa "antagonistas". Y Mahmud Ahmadineyad es uno de los que más suben las audiencias cuando sale a escena interpretando sus "malvados" papeles de monstruo sin escrúpulos. 

Dígamos que Ahmadineyad ha desplazado a Bin Laden del papel protagonista de "puteador oficial" del Imperio. Los guionistas de Bin Laden le han degradado hasta el punto de que ya no es ni él mismo: ahora es Gaspar Llamazares con barba. Además, no está a la última en nuevas tecnologías: graba sus mensajes de voz en una cinta de cassette en un radio-cassette de los años 80, metido en su cueva sin luz eléctrica y sin agua caliente. Ahmadineyad, sin embargo, es el presidente de un país que, además de querer ser soberano de su política nuclear, no dispone todavía de ningún McDonald´s en ninguna de sus ciudades. 

Pero vayamos al cuento-texto, al que solo le falta empezar con "Erase una vez un ser tan malvado que bla bla bla". Irán provoca... así empieza. De nuevo, un estado como sujeto activo. ¿Y qué provoca Irán, qué activa, qué hace de nuestro antagonista un ser tan malvado? La respuesta es el mal rollito entre los gallitos del gallinero-mundo. En el contexto actual, pocas veces, o ninguna, Irán provocará nada que pueda catalogarse como bueno o positivo, y ni siquiera como ni fu ni fa. Estos son los malos muy malos, y los "negro"-guionistas del Imperio escriben al personaje sin ambages.

Otra característica fundamental de las narraciones son los objetos que circulan entre los personajes. En este caso, nuestro antagonista tiene la capacidad de enriquecer uranio. ¿Y qué cuenta el cuento-párrafo del artículo de "El País"? Llama al objeto "centrifugadoras". ¿Y qué hacen las centrifugadoras de Ahmadineyad? Escupen uranio enriquecido. No hacen, ni fabrican, ni elaboran, no, no, no, estos términos no funcionan cuando se habla del mal. Escupen uranio enriquecido. ¡Ohhhh! Murmullos en la sala. ¡Qué acojone!

Nuestros brillantes cuentistas también saben que un personaje malo no debe ser un personaje plano: no hay nada que más perturbe a un espectador occidental que la ambigüedad: en este caso nuestro antagonista es portador de una maliciosa ambigüedad. Es decir, que estamos ante el más terrorífico de los supuestos: el mal al cuadrado... un personaje malo que hace uso de una maliciosa ambigüedad. ¡¡¡Venga, a mirarse todo el mundo las bragas y los calzoncillos!!!

Finalmente, la ficción coge altos vuelos cuando leemos al final que nuestro antagonista avanza por el lado oscuro con su objeto de la mano.

Lo dicho, impagables nuestros "negros"-guionistas.

 
El terrorífico viajero del lado oscuro

3 comentarios:

señor bang dijo...

Ahmadineyad!!
http://www.youtube.com/watch?v=YuKU_eHado4&feature=related

zabala azkez dijo...

Jajaja. Casi está más caracterizado el Ahmadineyad del artículo que el de Muchachada. ¿Que no o qué?

señor bang dijo...

sin duda alguna, has dado en el clavo

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