martes, 21 de junio de 2011

La puta del fascismo

Los portadores de la ideología conservadora llevan un tiempo ganando [pequeñas] batallas, con la mirada puesta en el [gran] mundo feliz apuntado en la ficción de Huxley. La tenacidad y la constancia de los conservadores es insaciable; y su paciencia fasci-rumiante, digna de elogio. Ahora quieren que los uniformes vuelvan a los colegios públicos.

Para ser portador de la ideología conservadora no es necesario que uno se declare abiertamente como votante conservador: los fasci-rumiantes también se camuflan a la perfección en entornos auto-denominados progresistas. En ambos lados de la ilusoria diferencia ideológica [que redunda en el bipartidismo, cuyos dos partidos, no olvidemos, defienden a los mismos intereses económicos] crece el fascismo disfrazado de bastardo pragmático. Entonces, la ideología [dura], que todos sin excepción disfrutamos o sufrimos, aquí y en la mayoría de los casos, se viste de pretextos prácticos [blandos] que terminan justificando lo que uno defiende, por fascista o estalinista que sea esa medida que uno defienda.

¿Y cuáles son los pretextos que se argumentan para defender los uniformes escolares? Uno de ellos es que suprime las diferencias entre los alumnos y alumnas de los colegios. Es decir, que [los conservadores] se aplican el cuento [blando] de la igualdad. Porque si todos los niños van a la escuela vestidos iguales, no hay clases, no hay distinciones entre unos y otros. Tal es su planteamiento pragmático-bastardo: el uniforme uniformiza, plancha y da esplendor a un solo colectivo, orgánico, homogéneo, inquebrantable, de niños y niñas. Todos a una, vestidos iguales, etcétera.

Si nos fijamos en otro colectivo que hace del uniforme uno de sus estandartes, el ejército, es indudable que el vestido identifica a todo el cuerpo orgánico que lo viste, y, también, iguala a cada uno de sus miembros. El uniforme, aquí, consiste en una señal bidireccional: hacia afuera, que proyecta igualdad; y hacia adentro, que proyecta todo lo contrario, la jerarquía, la diferencia. ¿Esquizofrenia? No. ¿Contradicción? Tampoco. Solamente un doble sentido, cuyas direcciones contrapuestas hacen el trabajo pertinente en cada uno de los casos: hacia afuera se vende lo orgánico-colectivo y hacia adentro, lo individual.

Llevado este planteamiento castrense a las escuelas cuyos niños van uniformados, se podría afirmar que los niños uniformados no llevan galones que los jerarquicen, tal y como ocurre en el ejército, lo cual demostraría que la diferencia no tiene lugar. Pero, ¿qué signos de distinción de un grupo escolar uniformado pueden proyectarse hacia adentro? ¿Hay doble sentido aquí? En el caso de los niños y niñas, los peinados, los olores de las colonias y perfumes, la limpieza de las uñas, el material de las gafas, la marca de las mochilas, la calidad de los móviles y relojes, el coche de mamá cuando viene a recogerte, los trajes de papá, etcétera... ejercen como signos evidentes de la diferencia, equivalente a los galones, que terminan por barrer la pretendida igualdad que se proyecta hacia afuera.

Es precisamente en este contexto de igualdad formal en donde más se  disparan las desigualdades [materiales] de hecho. El ejército es un buen ejemplo de lo que estamos hablando: no hay mayor desigualdad individual intragrupal que la que se disfraza sobre la teórica igualdad exterior. Y es evidente que todo colectivo uniformado porta la esencia del fascismo, por muy pragmáticos que nos pongamos. He oído a padres [y sobre todo a madres] decir que el uniforme es más cómodo porque evita escoger la ropa diferente de cada día. Y que se pondrían menos lavadoras... en fin. Aquí, cuanto más sea el pragmatismo que se pone en el pretexto, más florecido está el fascismo, sobre todo por la carga aligerada de ideología que parece acompañar a la excusa que se argumenta.

La uniformización de la escuela pública no es la única embestida de los fasci-rumiantes: ahora ya se atreven incluso a hablar de segregación por sexos, segregación por competencias intelectuales, etcétera. El sueño de una sociedad clasificada y ordenada en estamentos fascistoides, en el punto de mira; y el mundo feliz, documental, sin necesidad de probetas ni de ciencias ficciones.

Los conservadores llevan años intentando desprestigiar el modelo público de enseñanza. Y no pararán hasta destrozarlo para poder hacer su paseillo militar sobre las ruinas de los últimos vestigios "comunistas": la sanidad y la escuela públicas. Si no pueden por las malas, lo harán por las "buenas", como es el caso de los uniformes.

Paradójicamente, los que defienden el fomento de la igualdad a través del vestido, abogando por la incorporación del uniforme escolar incluso en la escuela pública, refuerzan las diferencias del vestuario de género: pantalones para los hijos y faldas para las hijas. El discurso de la igualdad queda barrido en beneficio de la "natural" separación de sexos, en los que de forma también "natural" se terminan contruyendo los roles masculino y femenino. Fasci-embriagante rotación sobre el mismo eje sobre el que ya rotó la Sección Femenina.

La democracia [con falda] siempre ha fascinado al fascismo [con pantalones]. Y estas historias ya sabemos cómo terminan: él termina violándola [o no] porque viste como una puta. Y ese será su pretexto [fasci]pragmático [o no].


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7 comentarios:

Blue dijo...

Tal cual. Mientras te iba leyendo se me iba ocurriendo justo lo que contaste después.
Mis hijas van a un colegio público y hace tres o cuatro años a tres padres iluminados se les ocurrió lo del uniforme. Hicieron una encuesta y salió que no, pero siguieron empeñados en que había que ponerlos por eso de las diferencias (yo los veo a todos iguales ;-). Después una cartita para escoger el modelo (todos muy monos en colores clásicos) y finalmente la definitiva diciendo donde se podían comprar, etc. Total, que van cuatro niños con él. Ahora son ellos los diferentes, ja, ja.
Feliz vuelta.
Musutxuak, Kez.

Dani dijo...

¡Cuánta razón! ¿Qué pasa con "los otros símbolos", los que representan diferenciación racial, económica, sexual...? Y mejor no hablar de cierto doble discurso: homogeneidad en la vestimenta, por un lado; por otro, toda clase de discriminaciones. Bueno, tú ya lo has explicado cojonudamente.
La ideología que se camufla de pragmatismo... otro dogma de nuestro tiempo. Que las ideologías son un vestigio de épocas pasadas, dicen algunos...
E incluso dentro del pragmatismo podría hablarse de un "pragmatismo unidimensional", materializado en mensajes como "la democracia tal y como la conocemos hoy día es la única vía posible más allá de modelos autoritarios", "el ajuste económico es necesario para evitar la catástrofe", etc. Todo con tal de fortificar la ilusión de que se ha alcanzado un techo histórico y, por tanto, no hay razones para el inconformismo; de atemorizar al ciudadano para que acepte "lo que hay". Véase el tijeretazo (o la venta) de Grecia, precedido por el catastrofismo de los medios.
Quizás es que me encuentro falto de vitamina d; sea como sea, quiero probar el sabor de la catástrofe, ver que coño pasa si las finanzas se derrumban.

Kez dijo...

Blue, mi hijo va a un colegio público. En su clase hay niños y niñas de todas las clases sociales, de varias nacionalidades y con lenguas maternas diferentes (euskera, castellano, árabe...) Solamente desde la diferencia se puede enseñar la diversidad, y solamente desde la diversidad se puede asumir integramente al diferente. Ahí, curiosamente, es donde descansa una igualdad entre diferentes.

Sobre lo que cuentas, tiene gracia tal y como lo dices: al final ellos son los diferentes.

Musutxuak, Blue (la vuelta siempre es agradable cuando te encuentras que los de siempre siguen ahí, después de haber esperado...)

Kez dijo...

Dani, pues para estar falto de vitamina D, se te ve muy lúcido, jeje. Quizás sea porque estás de exámenes (como he leído en tu blog). La cosa es que yo también quiero que la cosa se derrumbe, porque estamos en una agonía, con vida artificial, con cada vez más aparatos para salvar al moribundo, y la cosa empieza a ser bastante absurda. Decídamos la muerte y la catástrofe. ¡A ver qué nace después!

Interesante lo que escribes sobre lo que llamas "pragmatismo unidimensional", sobre la tecnología y sobre su capacidad de mantenernos comunicados también hay una buena cantidad de mensajes similares o, directamente, repetidos. Pero claro, sería extraño que nos desvelaran que detrás de la comunicación está el control. Lo dejo aquí que me pierdo, jajaja.

Un saludo,

Licantropunk dijo...

Fascistas fascinados por lo inmóvil, por el blanco y negro, por todo ordenado y colocado. Se merecen un uniforme: no sus hijos, pobres. Ellos mismos deberían llevar uno. Uno que las mangas se atan por la espalda: una pastillita y a dormir. Qué locura.
Saludos.

Kez dijo...

Licantropunk, jeje. Con tu comentario le has metido al asunto un buen giro de guión final. Un saludo,

Anónimo dijo...

Pues yo todavia me acuerdo en mis tiempos como los alumnos se metian con otros por no llevar las playeras mas cool del momento (las jordan, pump, torsion y todas aquellas). Lo cierto es que los chavales pueden ser muy hijosdeputa con esas cosas.

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