miércoles, 3 de noviembre de 2010

Un "sketch" de mierda


La libertad consiste en ser consciente de las cadenas que te mantienen atado.
[Proverbio oriental]



Lo que se representa en la secuencia que se acaba de ver es un grupo de amigos burgueses que se reune alrededor de una mesa para defecar al mismo tiempo. Mientras sueltan sus mierdas, la conversación no tiene por menos que orientarse hacia temas escatológicos, mientras que los temas relacionados con la comida son puestos en clave de repugnancia. Tener hambre en la mesa [la osadía de la niña] es una intromisión al orden que merece cuando menos una amonestación verbal. Finalmente, uno de los amigos termina su desahogo, tira de la bomba del water y le pregunta a la criada de la casa sobre la ubicación del comedor. Y claro, el comedor es un pequeño habitáculo ubicado al final de pasillo a la derecha. Una vez dentro, cerrojo mediante, el señor empieza a realizar ese ejercicio vergonzante que es meterse [asquerosos] alimentos por la boca. Ya no hay ojos que le escruten. Es la necesidad fisiológica de la engullición interiorizada como un asunto privado, y como tal, no puede estar sujeta a protocolo. Mientras come, sucio y grasiento, a manos llenas, otra invitada quiere entrar, pero el señor, con la boca desbordada de porquería, corta de raíz las ganas de comer de la señora con el tajante "está ocupado".

Esta secuencia corresponde a la película "El fantasma de la libertad", que Luis Buñuel dirigió en 1974. La peculiaridad de la película tiene que ver con que las secuencias son "sketches" separados, desvinculados [en su mayoría], narrativamente entre sí. Cada uno de esos "sketches" asume el modelo de estructura tradicional de un "sketch": [dicho con pocas palabras] una historia con giro de guión al final. El único nexo de unión entre esa serie de secuencia-"sketches" que se van sucediendo a lo largo del largometraje es el tema de la película, que en este caso está contenido en el título: el fantasma de la libertad. Con esta obra, Buñuel transvalora los valores tradicionales para poner en relieve el endeble hilo con el que se teje cada una de nuestras convenciones sociales, de nuestras costumbres y de nuestras creencias; en resumen, que el autor mete su dedito en la llaga propia [como ciudadano occidental] y se ríe a su manera del concepto cuasi-sagrado que tenemos [los occidentales] de nuestra libertad.

Volviendo a la secuencia que hemos visto, Buñuel solamente permuta una variable [comer] por otra [cagar], en una práctica subversiva que acarrea otras transformaciones, como por ejemplo el tema de conversación en la mesa. Todo lo demás [los vestidos, el salón de una casa de cierto nivel, la decoración, el lenguaje, etcétera] no se hace preciso trastocarlo, seguramente porque esa normalidad trabaja al servicio de la anormalidad paradójica que propone Buñuel en su guión, como un anclaje de verosimilitud que ubica al espectador en unas coordenadas que enseguida hace suyas. De esta manera, Buñuel propone un ejercicio de [auto]relativismo cultural, según el cual el primer objeto a examinar debe de ser la cultura propia y todos los usos y costumbres derivados de ella. 

Lo dicho, el fantasma de la libertad.

3 comentarios:

Blue dijo...

Libertad, "esa palabra estúpida". Hace bien en llamarla fantasma, porque no es más que eso. Deberían invertir su significado, como en el sketch, y utilizarla para asustarnos como si fuera el coco. Y ya de paso, en el mismo paquete podrían poner la justicia, la solidaridad, y todas esas cosas horribles que hacen tanto daño.

Saludos, Kez.


Lo que está entrecomillado viene a cuento de mi próxima entrada, que también va de libertad y ruido. Casi sincronizamos en nuestra discrepancia, ja, ja.

señor bang dijo...

Yo sólo digo que me ha entrado hambre.

Kez dijo...

Blue, para empezar con lo nuestro [;-)]tengo que matizar que Buñuel [y yo también, claro] habla de la libertad [fantasma] de los que se autodenominan "libres". Se dan condiciones de opresión reales cuya liberación puede responder a la palabra y [más importante] a la sensación de ser [y sentirse]libre, cuya libertad sería real, al menos en ese tiempo fugaz que pueda durar.

Y Bang, no quiero imaginarme qué has comido, jajaja.

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