miércoles, 17 de noviembre de 2010

El aplauso como admiración de una violencia bien consumada

Al principio la cosa es un juego que consiste en moverse así y asá. Y a la niña le gusta moverse así y asá. Y a sus padres les gusta verla moverse así y asá. Cada día, después del colegio, la niña y otras niñas se mueven así y asá. Y ríen porque es un juego, un juego de niñas que se divierten moviéndose así y asá.

Un día el monitor del colegio informa a los padres de que la niña se mueve así y asá mejor que otras niñas de su colegio que se mueven así y asá. Y los padres de la niña, que quieren lo mejor para su hija, la llevan a un lugar donde las mejores niñas de cada colegio que se mueven mejor así y asá se reunen para aprender a moverse todavía mejor así y asá. 

La niña sigue entusiasmada moviéndose así y asá, esta vez rodeada de otras niñas que también se mueven muy bien así y asá. Ella y sus compañeras ríen de vez en cuando, pero quien les dice cómo deben moverse así y asá no se rie tanto. La niña ha aprendido que moverse así y asá no es un juego pero ella todavía no sabe lo que es un ejercicio.

Otro día, el que enseña e insta a las niñas a moverse así y asá convoca a los padres de la niña a una reunión urgente: la niña tiene talento y necesita un entrenador personal. Les sugiere a uno de los mejores entrenadores de niñas que saben moverse así y asá. Los padres de la niña lloran de alegría, le cuentan a su hija que van a dejar de ir a ese sitio con otras niñas y que a partir de ahora estará sola con un entrenador personal. La niña no sabe lo que es un entrenador personal, pero a estas alturas ya sabe que lo que hace se llama gimnasia.

Entonces la niña deja de ir a algunas clases, deja de jugar con otros niños y niñas de su colegio y de su barrio, y deja de estar más con sus padres para dedicarle más horas a moverse así y asá. El entrenador, por primera vez, le dice a la niña que ponga en su horizonte la palabra perfección.

La niña llega cada día agotada a su casa: no tiene ganas de hacer los deberes, ni de bajar al parque a jugar un rato, ni de hablar con sus padres. Los padres no le dan importancia, porque saben que su hija, con su dedicación a moverse así y asá, llegará lejos, y es lo mejor que pueden ofrecerle.

Perfección. ¡Cómo puede olvidar la niña esta palabra! Su entrenador se la repite entre veinte y cien veces cada sesión de entrenamiento. Pero la niña se extraña cuando su entrenador se enfada en cada momento en el que la cosa del moverse así y asá de la niña no le parece perfecto al entrenador. Tampoco entiende porque su entrenador la grita. Ni cuando su entrenador la castiga con repetir de nuevo una secuencia de movimientos así y asá de tal manera que mejore la anterior secuencia idéntica de movimientos así y asá.

La niña tiene todavía mucho potencial para crecer como atleta y su entrenador sugiere a los padres que ingrese en un centro de alto rendimiento deportivo, donde se entrena a las mejores niñas del país que se mueven casi a la perfección así y asá. Cuando los padres oyen al entrenador decir que su niña puede ser la gloria de su país, los padres se emocionan, y como quieren lo mejor para la niña, la ingresan en el único lugar que puede convertir a su hija en la gloria deportiva de su país.

La niña repite los ejercicios una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. Le han dicho que moverse así y asá debe ser un movimiento así y asá igual que el que arrojaría una máquina cuando se le inserta el código para moverse así y asá. Las máquinas son perfectas... y tú no eres humana, eres una máquina. La niña no entiende porque la pegan a ella y a otras niñas cuando algún movimiento así y asá no es perfecto. La cosa es por milímetros. El giro debe ser así y no asá. Este paso no vale así ni asá. Y la caída tiene que ser exactamente aquí, porque aquí caería una máquina programada para caer aquí. 

Errar es de humanos, y hay que atenerse a las consecuencias si la secuencia de movimientos así y asá no es perfecta. A cada error le corresponde una hostia. Al principio las hostias vuelan que se matan, pero enseguida la niña aprende a esquivarlas, porque de todas las niñas que se mueven así y asá, es la que se acerca más a una máquina programada para moverse milimétrica y exactamente así y asá.

La niña gana unas cuantas medallas de oro en los campeonatos europeos. La niña es la mejor de todas las niñas del mundo que se mueven así y asá. Y la niña es ya la gloria de su país. Pero la niña todavía puede darnos más. Y ahora su momento está por llegar.

Ahora es el momento. La niña ya no recuerda cuando empezó a llorar. Tampoco recuerda cuando dejó de llorar. Ni cuando cambió el llanto por el miedo, ni el miedo por la risa. La niña ya no recuerda cuando dejó de pensar. Tampoco recuerda cuando dejó de sentir. Ahora está preparada para empezar una secuencia de movimientos así y asá. Es 1976: Olimpiadas de Montreal. Miles de ojos la observan en directo desde el pabellón deportivo y millones de ojos la observan a través de las televisiones de todo el mundo, pero la niña no está nerviosa: ya ha aprendido a tener la quietud de una máquina. 

8 comentarios:

Sánchez Dragó dijo...

Pues yo me la follaba

xabi dijo...

Perdón por lo de dragó pero no me aguantaba :)

Chulo el cuento pero es que con el video lo peta, muy bueno Kez. Haciendo autopromo, otra historieta con estilo literario parecido: http://www.micortacesped.com/2009/12/el-cuento-del-pato.html

Salvador Sostres dijo...

Amigo Dragó, y después de reconstruirla el himen con dinero de Tele madrid, yo me la follaba después.

Blue dijo...

Nadia Comaneci es un caso con final feliz. Al fin y al cabo nunca abandonó el deporte (señal de que no le ha traumatizado) y hoy es una señora estupendísima. Los que llegan a la cima, al menos tienen su recompensa.
Lo peor son el resto, que son mayoría. Los que no llegan a nada y tienen que soportar las iras de sus entrenadores ...y de sus papás (estos merecerían un capítulo aparte).

Kez, además de observar la fauna de los parques sería bonito también dar una vuelta por los pabelloncitos de deportes, los campitos de fútbol y todo eso. Ahí nadie bosteza, ja, ja.
;-)

Saludos.

Kez dijo...

Dragó-Bang, he leído la historia del pato que mejor hacía "cuac". Oso ona. Y sí que tiene con esta un estilo parecido. ¿No hiciste una camiseta con el pato que mejor hacía "cuac"? Me suena del Facebook, pero no sé.

Blue, lo que dices de Nadia Comaneci no le quita de encima la violencia [física, psíquica y simbólica] sufrida a lo largo de su infancia. Además, sobre que después siguió dedicándose al deporte solamente añado que hay un síntoma llamado de Estocolmo, que se puede aplicar a este caso y otros muchos. Lo que ya dudaría es si la recompensa final puede tener el don de compensar el sufrimiento al que se la forzado y sometido. Tema complejo, no obstante. Y sí, a muchos padres habría que vigilarlos muy de cerca, independientemente de sí sus retoños han triunfado o no.

Sobre lo de darme una vuelta por pabellones de deportes y campos de fútbol, ¡horror!, supongo que pronto me tocará, jeje. Lo haré constar en el Blog Abisal, si ambos seguimos vivos, jajaja.

Un saludo Señor Bang, Blue [y para el tertuliano lenguaraz S.S. también, jeje]

Pilar Mandl dijo...

¡Así y asá...! Me ha gustado cómo lo explicas, cómo somos los padres...

Eduardo dijo...

Como somos los padres, en efecto....
Mi niña estudia percusión en el Conservatorio. Lógicamente es el tipo de "instrumento" que ella quería tocar.
El otro día, esperándola, me dijo un padre que cómo había dejado hacer percusión a la niña...
Claro, le parecía que la percusión es "poco fina" Los padres prefieren el violín, el piano (o en casos más prácticos, la guitarra), pero la percusión... ¡si eso es de negros y rockeros!
En fín, entre la impertinencia, ignorancia y los prejuicios de unos y el afán de fama y triunfo de otros, lo raro es que los niños no nos salgan aún mas marcianos

Kez dijo...

Pilar, pues sí, decidí poner así y asá para describir la secuencia de movimientos así y asá, sobre todo, porque no sé cómo se llaman los movimientos, jeje.

Eduardo, percusión ¿cómo se te ocurre?, cualquier día la niña empieza a fumar porros, jeje. Además, ¡qué poco glamour! Tienes razón, demasiadas pocas cosas pasan con la actitud de algunos padres.

Un saludo a los dos,

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