jueves, 26 de agosto de 2010

Mi historia de amor con Lars von Trier

Así empieza "Anticristo", la última película hasta la fecha de Lars von Trier:



Y así termina:


Entre medias muchas cosas, pero sobre todo una mierda misógino-sado-masoquista con la que el amigo Lars me dice adiós o, mejor dicho, con la que yo digo adiós a mi querido Lars. 
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Mi idilio con Lars von Trier empieza en 1996, cuando veo, en la semana de su estreno, "Rompiendo las olas" (1996). Entonces yo tengo 24 años y la película me deja, literalmente, noqueado y boquiabierto, además de completamente borracho. En plena resaca me intereso por el cine que había realizado von Trier tiempo atrás y veo en vídeo "Europa Europa" (1984) y "El elemento del crimen" (1991). Recuerdo que ambas películas me parecieron muy confusas, muy pesadas de digerir; pero también sugerentes y atractivas, quizás influenciado porque todavía me duraba la embriaguez de "Rompiendo las olas".

Después von Trier rodó "Los idiotas" (1998), suscrita a Dogma 95, el ideario fílmico tan admirado por unos y denostado por otros , redactado y firmado de primeras por Lars von Trier y Thomas Vintenberg. Yo, por supuesto, me incluía (y me sigo incluyendo) en el grupo de los defensores. Poco antes también había visto "Celebración" (Thomas Vintenberg, 1998), que fue la primera película que se estrenaba con el voto de castidad del dogma aplicado (casi) a raja-tabla. "Celebración" también fue un chute de los gordos en mi historia personal con el cine; supuso, además, una plataforma de lanzamiento hacia mi abrazo definitivo a Lars von Trier, al Dogma 95 y a toda Dinamarca. En resumen, que después de ver "Los idiotas" le dije "te quiero" a von Trier. 

Mi querido Lars fue mi primer director de cine, y lo digo como el que dice tal o cual fue mi primer novio o mi primera novia. Lars era al primer director que podía besar en tiempo real, esto es, cada vez que estrenase una película. Yo hasta entonces tenía varios directores preferidos que estaban unos en proceso de putrefacción, como es el caso Luis Buñuel, y otros ubicados en una senectud cada vez menos productiva, como eran Ingmar Bergman y Jean-Luc Godard.

Y sin con "Rompiendo las olas" nos enamoramos y con "Los idiotas" nos dimos el primer beso, fue con "Bailar en la oscuridad" (2000) cuando echamos el primer polvo. Y en esto punto se cumple el dicho de que la primera vez es la que más duele porque creo que no he sufrido nunca tanto viendo una película. Fue dolor emocional y dolor racional: y fue la primera vez que sentía algo así, tan completo y tan magnífico, con una historia que me contaban.

"Dogville" (2003) representó el momento más álgido de pasión por el que pasa toda relación. El qué y el cómo de esta película me siguen fascinando. Hay poco más que decir cuando uno está enamorado y se tienen muy pocas palabras en la boca y muchas mariposas en el estómago...

Hasta que llegó "Manderlay" (2005) y la cosa se torció. Aparecieron las primeras señales de rutina, el cansancio, la sensación de repetición, y todas las dudas del mundo. Del amor al miedo hay solamente un paso y es ese instante en el que ninguno de los dos pies tocan el suelo y empiezas a tener miedo: ya no sabes si el amor nace de manera natural cada día o si lo hace de forma sintética convertido en un simple hábito. 
 
También del miedo al desamor solamente media un paso y decidí no acudír a la siguiente llamada de Lars ("El jefe de todo esto", 2006). Estábamos, definitivamente, distanciados. 

Yo ya había perdido todo interés por Lars. No me importaba ni dónde estaba ni en qué cosas andaba ocupado, y a decir verdad estaba seguro de que no se iba a producir reencuentro alguno... Hasta que llegaron noticias desde el Festival de Cannes del año pasado. Escuché y leí que "Anticristo" (2009) era una película cruda y áspera, polémica en cualquier caso. ¡Ese es mi Lars!, pensé, ilusionado. Y fui con las ganas de quien acude entusiasmando a una cita de segunda oportunidad. 

Y tengo que admitir que con el prólogo de "Anticristo" se me iluminaron los ojos. El blanco y negro, la cámara lenta, una pareja follando con un plano de sexo explícito, el niño mirando la escena de los papis y la caída final por la ventana..., y la bellísima canción de Händel..., ese comienzo me hizo creer que lo nuestro era todavía posible. Pero también que lo que vino a continuación me devolvió los pies al suelo: Lars (o yo) ya no es (o no soy) el que era. 

Así que el epílogo de la película no tuvo por menos que ser ese último abrazo de despedida que, a pesar de todo, te deja un regusto agradable en el cuerpo.

2 comentarios:

J. dijo...

Esta gente de Muchachada ha encontrado un filón en Von Trier: cuando discute con Spielberg en una casa pintada en el suelo, con lo del vídeo clip de Björk... Dale otra oportunidad antes de volver al cine español (anoche Crimen Ferpecto en TVE1. Dónde ha quedado la frescura de Acción mutante, por dIOS...)

zabala azkez dijo...

Tranquilo J. He dejado a von Trier por Haneke. El cine español no tiene nada que hacer conmigo, jeje.

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