sábado, 7 de agosto de 2010

Historias de un parque infantil (basadas en hechos reales)

Los que siguen a continuación son algunos de los tipos más peculiares de padres, madres, abuelos y abuelas (cuidadores de sus hijos, hijas, nietos y nietas) con los que he coincidido en los diferentes parques infantiles en los que ha jugado mi hijo a lo largo de sus tres años y media de existencia. 

NOTA: Las historias resultantes están construidas con trazos documentales (d), coloreadas con pinceladas de ficción (f) y rematadas con algunas suposiciones (s).


Padre clavado en el suelo con bocadillo de mortadela en la mano

Este padre, de entre 40 y 45 años de edad (d) es ingeniero, si nos atenemos a su jersey de rayas horizontales de colores, de diferentes grosores (f), y a ciencia cierta ha sido arrojado hasta el parque infantil obligado por su esposa (s), que le ha dicho, antes de salir de casa, que dé la merienda a la niña, de entre 4 y 6 años (d) y que insista hasta que se lo coma todo (s). Una vez en el parque este hombre, se desconoce el dato de si consciente o inconscientemente, elige un lugar en el que quedarse clavado. 

Por ejemplo, hoy ha elegido clavarse entre la fuente y el árbol, a medio camino entre la zona de juegos de los más pequeños y la zona de los niños medianos (d). Con un movimiento lánguido desenfunda hasta la mitad el papel de aluminio del bocata de mortadela de la hija (f). Acto seguido, sus ojos se anclan en una dirección fija (d), entre el columpio para niños de entre 0 y 3 años y el tobogán pequeño (f). Desde ahora su mirada no tiene otro destino que nublarse de súbito. Permanece así todo el tiempo que su hija se mueve por las instalaciones del parque (d). Su quietud alberga tal densidad muscular pétrea que ni siquiera se entera de las quince o veinte veces que su hija se ha acercado hasta su posición para morder el bocadillo (f). Nuestro sujeto parece (porque sigue sin inmutarse) que no siente dolor alguno las tres veces que su hija le ha mordido los dedos confundiéndolos con trozos salientes de la mortadela (f). Solamente cuando su hija le pregunta que cuándo se van, que ha empezado a llover y que ya casi no quedan niños en el parque es cuando nuestro personaje sale de su estado de obnubilación para preguntarle a su hija "entonces... ¿nos vamos ya?" (f).

Lo paradójico de este caso de vínculo paterno-filial es que la dejadez paternal construye una clase de hijos cuya responsabilidad es inversamente proporcional a la irresponsabilidad paterna. En el caso que nos ocupa, la hija asume gran parte de la responsabilidad que el padre no puede asumir mientras habita en el limbo fuera de foco que hay entre el columpio de niños de 0 a 3 años y el tobogán pequeño (f). Nuestra niña, durante el tiempo en el que su padre se ha autoinducido un coma, no ha dado ningún problema en el parque. Su conducta es de las que pueden considerarse ejemplar: ha jugado en casi todos los columpios, ha interactuado con normalidad con otros niños e, incluso, ha ido sola a hacer pis al césped, detrás de un árbol (d).

De vuelta a casa, en mitad de la tromba de agua, es la hija quien le guía al padre (f), que volverá en sí cuando le devuelva su hija a su mujer (s).


Madre new age sentada en un banco leyendo un libro de autoayuda

Esta madre, mujer (40 años, aproximadamente) es hippy, si nos atenemos a su vestimenta (d). Es de las personas que piensa que no hay que intervenir nada durante el proceso madurativo de su hijo (s). Es decir, que vuelca sobre su hijo, de 5, quizás 6 años, el mismo y principal atributo del mercado capitalista a la economía global: lleva hasta el extremo el "laisser faire" (dejar hacer) para que el niño se auto-regule su conducta y su comportamiento solo, sin el intervencionismo de nadie (s).

Las cosas así, y con la madre leyendo un libro de autoayuda en un banco, el niño, en pleno proceso de auto-regulación se cuela en todas las colas de los diferentes juegos, sube por el tobogán mientras otro niños bajan, agrede a los demás para tirarse el primero por la barra, y un largo etcétera (d). La mujer no puede intervenir, sería quizás demasiado violento tal y como ha leído en los libros que suele leer (s). De esta manera, nuestro personaje delega los toques de atención a su hija a los demás padres (s), que son los que le tienen (tenemos) que ponerle límites al pequeño salvaje y recordarle algunas normas mínimas y básicas de saber estar en espacios públicos con varios columpios que hay que compartir con más gente (d). Claro que el niño cuando le hablan de normas termina por poner la misma cara que puso Aznar cuando dijo aquello de que a él nadie le puede decir que no beba cuando conduzca. ¡Qué cosas tienen los hippies!

Empieza a llover repentinamente, muy fuerte. Se produce un bullicio formidable. Los padres, madres, abuelos y abuelas, excepto el padre clavado en el suelo, revolotean buscando a sus respectivos hijos, hijas, nietos y nietas. Les ponen los abrigos; los más precavidos abren los paraguas (d). La madre new age se ha incorporado lentamente. En contraste con el resto parece que va a cámara lenta, o los demás a rápida, según (f). La cosa es que sin esperar a que el niño haya llegado hasta donde está ella se ha dado media vuelta y ha empezado a caminar (d). El niño corre hacia su madre y hacia la mitad de camino se encuentra con el padre clavado en el suelo. Le da una sonora patada en la espinilla; pero nuestro personaje de piedra ni se inmuta (f).


Abuelo absorto empujando a una niña en el columpio

A este abuelo, varón de más de 60 años (d) le han encargado el marrón de que cuide a su nieto durante toda una tarde entera (s); ha incrustado a su nieta (3 años) en el columpio y ha empezado a empujarle con una frecuencia automática (d). La mirada absorta de este señor recuerda a la de nuestro primer personaje. Casualmente su mirada, con muy pocos grados de separación, casi coincide en la dirección del personaje clavado con el bocadillo de mortadela entre las manos (f).

Pasan tres minutos, cinco, diez, quizás quince (d). Nuestro tercer personaje, inhabilitado, por lo que ya ha demostrado en todo ese tiempo, para el contacto con el mundo exterior (s) no se ha dado cuenta de que hay una cola de casi diez niños (d). El primer niño de la cola es el hijo de la madre new age, que ha logrado la privilegiada posición después de partirle la cara a un niño y de patearle las tripas a otro (f).

El repliegue interior de este personaje también le impide escuchar cómo su nieta le suplica (s), al borde del llanto, que se quiere bajar porque se está mareando (d). El señor solamente vuelve en sí cuando su nieta ha echado la pota en el punto más alto del arco que hace el vaivén del columpio (d) y gran parte de los restos le han caído en la cara (f).

Los padres, madres, abuelos y abuelas de los casi diez niños que llevaban haciendo cola (d), excepto la madre new-age, que sigue a lo suyo, sienten una apacible sensación de justicia divina (s) ante el malestar del señor que se limpia apresuradamente la cara (d), al tiempo que su nieta respira una vez que no está sometida a la fuerza mecánica y repetitiva que le ha provocado el vómito.

Acto seguido empieza a llover. La potada de la nieta se desliza rostro abajo del abuelo, arrastrada por la fuerza del agua. Cuando logra hacerse con un pañuelo de su bolsillo con la intención de limpiarse ya es tarde...


Padre y madre, socialdemócrata el uno y democristiana la otra

Estos dos padres, de entre 35 y 40, son padres de un hijo de no más de 3 años (d) y están a la espera del segundo (f). La mujer reza cada noche para que lo que venga sea niña (s) y lograr así la ansiada parejita.

Su actitud en el parque es humor en estado puro para quien tiene la suerte de observarlos. Como es bien sabido el humor se desenvuelve a la perfección en pareja: Tip y Coll, el gordo y el flaco, Faemino y Cansado, y claro, el padre socialdemócrata y la madre democristiana... Los de a continuación son algunos ejemplos (documentales todos) recogidos a lo largo de varios días...

Con el bocata, que el niño no quiere, el padre que da igual, la madre que cómo que da igual, que el niño tiene que comer. Con el frío, el padre que da igual, la madre que cómo que da igual, que el niño no puede coger frío. Con los columpios, el padre que da igual, la madre que cómo que da igual, que el niño nunca se ha subido ahí y no sabe, y se sube, se cae... ¿y qué?. Con el pis, el padre que da igual, que en ese árbol y ya está, y la madre que vamos a casa y se acabó. Con el momento de marcharse, la madre que pobrecito el niño, que todavía puede estar un poquito más, y el padre que unos cojones, que hay partido de la "Champion League" a las nueve menos cuarto y que antes hay que cenar.

Todos estos conflictos entre estos dos personajes se resuelven democráticamente (no olvidar que la democracia es el común denominador entre social-democracia y democracia-cristiana). En este caso donde la palabra del uno choca contra la palabra de la otra la solución democrática desemboca en algún punto medio que gusta y disgusta a las dos partes por igual. De esta manera (y seguimos en registros documentales), con el bocadillo, el niño no se lo come todo pero come tres o cuatro bocados que satisfacen a la madre. Con la cazadora, el niño termina poniéndosela pero sin abrochar la cremallera. Con el columpio que le parece peligroso a la madre, el niño sube pero en compañía del padre. Y con el pis, ni en el árbol de al lado ni en casa, también en un punto medio, camino de casa, encima de los pantalones (f), algo que satisface internamente al padre por la cabezonería de su mujer (f,s), a la que, sin embargo, todavía quiere como el primer día (s).

Con semejantes mimbres el hijo solamente aspira a ser un gris individuo de centro reformista (s) que escuchará durante su juventud a los Mecano del año 2020 (f) y que tendrá un gran dilema entre elegir si ser ingeniero de caminos o ingeniero industrial (f,s).


Padre socialdemócrata solo

Estamos ante el padre anterior que lleva al niño al parque sin la compañía de su mujer. Y por contra de lo que pudiera parecer, el padre socialdemócrata no está a gusto solo (d). Diríase que este hombre no puede vivir muchos años por el nivel de estrés que acumula en su cuerpo (s) y por las precauciones que toma con respecto a su hijo cuando este le pregunta, por ejemplo, si puede subirse al columpio que no le deja mamá subirse (f). Todo empieza con un sí rotundo, pero cuando el niño sube un peldaño de la escalera del tobogán más grande del parque el padre socialdemócrata empieza a temblar; hace la mención de acercarse hasta el niño pero desiste. En el segundo peldaño el padre socialdemócrata empieza a sudar y la mención se convierte en un primer paso firme, nervioso, eléctrico, más un segundo mucho más dubitativo, hasta que desiste. Y en el tercero, con el corazón del padre socialdemócrata a punto de infartarse por tres arterias, el padre vuela hasta donde el niño y le explica que él tiene tres y que el tobogán es para los de cuatro (f).

El comportamiento del padre socialdemócrata indica una gran dosis de miedo a la madre democristiana (s). ¿Os suena este miedo?


Madre democristiana sola

La madre democristiana, sin embargo, sí se muestra más cómoda en el parque sin la presencia del padre socialdemócrata (d). Es más, tiene mucha más manga ancha con su hijo y le otorga ciertas libertades que con el padre socialdemócrata delante serían impensables. ¿Os suena esta relajación?


Madre tipo "madre de La pianista (película de Michael Haneke)"o "madre tipo comunista a lo Corea del Norte"

Esta madre ronda los 50 años (d), trabaja en una tienda de velas religiosas (f) y sueña con el día en que por fin el mercado saque a la venta una correa de perros para niños (s). Su hija tiene ya casi 10 años, pero su autonomía es similar a la de uno niño de dos o a la de un perro con correa (d). 

Un metro, esa es la distancia justa que esta madre se permite a sí misma como distancia máxima de separación con su hija. Sube a los toboganes con ella (d), la persigue desde el pequeño caballo que se balancea con muelles hasta la imitación de barco con timón (f). Por supuesto que el columpio está prohibido, porque en el vaivén se sobrepasa el metro de rigor (s).

Esta mujer tiene un miedo espantoso a que le ocurra algo a su hija y no podría vivir con la culpa encima en caso de perderla (s). Esta es la forma ideal de tener y conservar intacta a su hija, aunque su hija esté teniendo una vida, digamos postuma. No cuesta mucho trabajo imaginarse a esta señora construyendo con sus propias manos la tapa de madera con la que transformó la cuna de su hija en jaula, para que su hijita no se cayera. También poniendo esquineras en los ángulos de todas las mesas y de más salientes de todos los muebles; y atornillando metódicamente cerrojos en las ventanas. E insertándole en la boca de su hija un protector dental cuando la pequeña empezó con la dentición. Y enroscándole un casco de ciclista cuando la pequeña empezó a caminar por sí misma... (s).

La niña en el parque apenas levanta la mirada, pide permiso para todo y en vista de su aspecto, come muy mal (d). Es evidente que tiene la autoestima por los suelos, similar a la media de un ciudadano norcoreano (s). La persecución materna es de tal intensidad que la mujer termina agotada (d), razón principal por la que sus estancias en el parque siempre sean cortas (s). 

No les pilla la lluvia: hacía diez minutos que se habían marchado (f).


Madre que confunde las hostias con las caricias, excepto cuando las hostias se las dan a su hijo, que las llama por su nombre, hostias

Esta madre es joven (no más de 25 años), de vestimenta y comportamiento un tanto pijos (d). El comportamiento pijo de una madre se manifiesta en cuanto se detecta que la vestimenta de su hijo está determinada por criterios estéticos y no de funcionalidad. Los pijos suelen llevar a sus hijos al parque con vestidos y calzados imcompatibles con las actividades que pueden desarrollar en el recinto (d). El caso más extemo de "pijismo" lo detenta nuestra madre, que un día (nuestro día, el de la tromba de agua) llevó a su hijo con un pantalón corto "monísimo" a mediados de enero, aquí, en Vitoria-Gasteiz (d).

Además de esta peculiaridad, nuestra madre pija, a todas luces liberal conservadora (s), tiene un concepto de la libertad bastante peculiar: cuando su hijo, de dos años, inmaculado, con unos zapatitos a juego con el color de su pelo cuyos cordones van a juego con sus ojos le suelta una hostia a una niña de tal naturaleza que la niña cae al suelo noqueada, no es capaz de asumir el acto violento de su hijo (d). La madre de la niña agredida ha ido corriendo a socorrer a su hija y le ha abronca al niño inmaculado ataviado con un pantalón corto azul a juego con el cielo. La madre pija liberal conservadora, que no ha visto la hostia, porque está sentada al lado de la madre new age leyendo la Cosmopolitan, llega al lugar de los hechos y argumenta que habrá sido una caricia o que.jugando, su hijo habrá intentado tocar a la niña y que se habrá caído para atrás por evitar ese gesto de cariño. La madre de la niña hostiada se retira refunfuñando (f) al tiempo que nuestra madre pija liberal conservadora se reafirma en sí misma pensando en el mal carácter que tiene el lumpen proletario (s).

La madre regresa a su banco al tiempo que su hijo inmaculado sigue con sus juegos (d). De pronto, el niño inmaculado llora con unas lágrimas a juego con sus tirantes y la madre pija liberal conservadora se convierte súbitamente en la madre coraje. No ha visto lo que ha pasado, pero su hijo llora y le ha dado el chivatazo de que le ha pegado un niño (precisamente el hijo de la madre new age) que ha salido corriendo (f). La madre quizás hubiera salido corriendo detrás de él, de no haber sido por los tacones de aguja de veinte centímetros que tiene en esos zapatos a juego con el sujetador (s).

Empieza a llover (f). La madre coraje extiende su paraguas a juego con su tanga y vuelve a pensar en el carácter violento de la chusma (s) miestras mete a su hijo en la silla (d).


Hombre solitario que no es el padre de ninguno de los niños que juegan en el parque.

Este hombre que ronda los 60 años (d) permanece sentado en el banco a pesar de la que está cayendo (f). 

_____________________________________________________________

Travelling de acercamiento desde que se ve a este personaje sentado, lejos, pequeño, solitario, inmóvil entre el algarabio de padres, madres, hijos, hijas, nietos y nietas, que se apresuran a salir rápidamente del parque, hasta que obtenemos un primer plano del rostro del señor calándose.

_____________________________________________________________

Créditos.

_____________________________________________________________

Música: Killshot (Ben Frost).


_____________________________________________________________

6 comentarios:

Amanda dijo...

JAJAJA!!!!! me ha encantado el relato.Es muy divertido y...muy real.
Todavía no sé en qué tipo de madre encajo, tal vez una mezcla de todas, exceptuando la pija, jaja,eso sí que no! pero creo que te has olvidado de un padre,el que se sienta en un banco mientras su hijo juega y observa la actitud de los demás padres y tal vez tome alguna nota en una pequeña libretita de bolsillo, para después relatarlo en su blog.El "observador-narrador" :)
Muy creativo y gracioso.

rigolet dijo...

Bravo.

Por cierto, ¿has leído algo de Foster Wallace? Tu narración tiene un tufillo agradable a esos relatos suyos de descripciones casi obsesivas y cargados de humor negro.

señor bang dijo...

Buenisimo Kez, me he tenido que tapar la boca para que no se oyera la risa en la oficina!

y estoy con amanda, te falta el padre documentalista ;-)

zabala azkez dijo...

Gracias por los comentarios. El relato ha triunfado entre el público, jeje, con tres de tres buenas críticas.

Amanda y Señor Bang, habrá una segunda parte, porque hay mil casos reales que se pueden estirar hasta el absurdo, y se considerará la participación en el relato del padre observador-documentalista.

Y Rigolet, no conocía a Foster Wallace. He buscado información biográfica y tiene muy buena pinta (con cliffhanger final incluido). A ver si leo algo suyo. Gracias por la comparación.

Un saludo.

Blue dijo...

Muy bueno. Lo que me he reído.
Afortunadamente ya se me ha pasado el tiempo de los parques. Yo sería de esas que nada más llegar bostezan. Y así durante todo el tiempo a una media de tres bostezos por minuto, sin decaer.
saludos.

zabala azkez dijo...

@Rigolet: ya tengo en casa tres libros de Foster Wallace. Estoy leyendo "Hablemos de las langostas", un libro de artículos y ya tengo subrayadas dos menciones próximas que aparecerán en entradas venideras (una de ellas dentro de la segunda parte de este relato del parque). Gracias otra vez, por la mención, que ha hecho que yo lo descubriera...

@Blue. También estará en la continuación de este la señora bostezadora... Jeje.

Creo que ya tengo los personajes suficientes para seguir con esto...

Próximamente en el Blog Abisal (redoble de tambores)...

Publicar un comentario