miércoles, 15 de septiembre de 2010

Tres expresiones de la adolescencia yanqui (la nuestra)


Una expresión de la adolescencia yanqui a través de la cosmética que maquilla la represión social:



Una expresión de la adolescencia yanqui a través del humor que cosmetiza el miedo:

[Cita completa de David Foster Wallace, en "Algunos comentarios sobre lo gracioso que es Kafka, de los cuales probablemente no he quitado bastante", de su libro "Hablemos de langostas":]

Probablemente se podrían escribir libros enteros de la Johns Hopkins University Press sobre la función tranquilizadora que el humor desempeña en la psique americana de hoy en día. Una forma tosca de explicar todo este asunto es que nuestra cultura es, tanto a nivel histórico como de desarrollo, adolescente. Y como es sabido que la adolescencia es el período más estresante y temible del desarrollo humano (esa fase en que la condición adulta que aseguramos poseer empieza a presentarse como un sistema real y cada vez más estrecho de responsabilidades y limitaciones - los impuestos, la muerte - y en que ansiamos interiormente un retorno a la misma paz infantil de la que fingíamos burlarnos*), no resulta difícil ver porqué en tanto que cultura somos tan susceptibles a un arte y a un ocio cuya función primaria es la evasión, es decir, la fantasía, la adrenalina, el espectáculo, el romance, etcétera. Los chistes son una forma de arte, y debido a que la mayoría de los americanos llegamos hoy día al arte para escapar de nosotros mismos (para fingir durante un rato que no somos ratones y que las paredes son paralelas y que podemos dejar atrás al gato), es comprensible que la mayoría de nosotros vayamos a considerar "Una pequeña fábula" [Wallace se refiere al texto de Kafka] como algo gracioso en absoluto, o que tal vez incluso lo veamos como un ejemplo repulsivo de esa misma clase de realidad deprimente compuesta por los impuestos y la muerte de la que el humor "de verdad" sirve como respiro.

* (¿Creen ustedes que es coincidencia que la universidad sea el sitio donde muchos americanos dediquen más tiempo en sus vidas a follar y caerse borracho y montar fiestas extáticas de tipo dionisiaco? No lo es. Los estudiantes universitarios son adolescentes, y están aterrados, y están afrontando su terror de una forma distintivamente americana. Esos chicos desnudos que cuelgan cabeza abajo de las ventanas de los edificios de sus fraternidades los viernes por la noche están simplemente intentando comprar unas cuantas horas de evasión de esas lúgubres cosas de adultos en las que cualquier facultad decente lleva toda la semana obligándoles a pensar).


Una expresión de la adolescencia yanqui a través de la represión social que humoriza la experiencia masoquista

2 comentarios:

Blue dijo...

Es difícil saber a lo que tienen o tenemos miedo. Un adolescente no creo que tenga miedo a la muerte ni a los impuestos, seguramente tendrá miedos mas cercanos: el futuro, el aburrimiento, la soledad, el silencio...
¿Y nosotros?, seguramente muchos y más fundados (uno de ellos podría ser volver a la adolescencia, ja, ja).
En cualquier caso, prefiero una forma de arte que no lleve tanta risa ni tanta adrenalina.

Saludos.

zabala azkez dijo...

Yo creo que Wallace, en un intento de poner dos ejemplos más o menos tangibles, habla del miedo a los impuestos y a la muerte como un miedo a la adultez o a la responsabilidad.

Aún así, la adolescencia (hablo en primera persona) si que es una época donde surge la idea de finitud con toda su fuerza (mucha más fuerza que la que tienen los ancianos que, lógicamente, están más cerca de los jóvenes del hecho de desaparecer) y el tormento es grande... Una cita de Sábato dice algo así: "No hay animal sobre la tierra que sufra más que un adolescente atormentado". Y yo constato esta reflexión...

Con respecto a los vídeos..., podemos volver a Zizek cuando habla del consumo de una cosa y lo contrario. Los dos vídeos son las dos manifestaciones de dos exageraciones, cuya ideología (occidental-capitalista) está más presente y es más clarividente que todo el párrafo de Wallace.

Me estoy acostumbrando a verte la primera (y alguna vez única) en los comentarios. Gracias por la compañía, Blue.

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