sábado, 4 de septiembre de 2010

La televisión es cultura: ¡viva la perversión!

Se está celebrando estos días (del 31 de septiembre al 5 de agosto) el II Festival de Televisión y Radio de Vitoria-Gasteiz (FesTVal). El folleto del festival donde se presenta esta segunda edición empieza con el eslogan que han escogido los organizadores: "La televisión es cultura". Entre las diferentes informaciones de interés (qué es FesTVal, cuándo y dónde tienen lugar los diferentes eventos que lo componen, qué actividades, qué premios, quiénes organizan y quiénes patrocinan) han insertado tres citas que hacen hincapié en el eslogan, justificándolo, completándolo. La primera es del multi-artista Andy Warhol (muerto en 1987): "La inspiración es la televisión"; la segunda, del dramaturgo Bertolt Brecht (muerto en 1956): "El arte si es bueno es entretenimiento"; y la tercera, del cineasta Federico Fellini (muerto en 1993): "Condenar la televisión sería tan ridículo como excomulgar la electricidad o la teoría de la gravedad".

Se ha puesto entre paréntesis (a conciencia) el año de la muerte de los tres citados para contextualizar lo justo a qué época histórica pertenecen y a qué televisión se estaban refiriendo cada uno de ellos con sus palabras. En la televisión parece dar igual eso del contexto: meten todo en la coctelera y venga mueve que te mueve. Y si bien la cita de Brecht es indirecta (está insertada para establecer un acceso directo entre la palabra arte [cultura] y la televisión a partir del click del entretenimiento), las otras dos aluden directamente a la televisión, y ambas se refieren a otra televisión, a la del pasado, no a ésta, no a la que señalan los responsables del FesTVal. Y eso es trampa, amigos.

La televisión, además de otras cosas, es una gigantesca máquina de perversión (pervertir, según la RAE: "viciar con malas doctrinas o ejemplos las costumbres, la fe, el gusto, etc.") y si para autoproclamarse cultura tiene que subvertir los dos términos, televisión y cultura, lo hace. En fin, que su fantasía no sea jodida con la realidad que limita amargamente su ánimo de pervertir. 

Este juego incesante de perversiones a partir de las redefiniciones me recuerda un día que Jalís de la Serna (reportero de "Callejeros") vino el año pasado a dar una charla sobre "Guión visual" (o guión de montaje) al Máster en el que yo era alumno. En una de las preguntas saqué el espinoso tema de el ética en "Callejeros", en especial de cómo terminaban siendo personajes personas con escasa cultura, muchos de ellos "enfermos mentales", y que acceden fácilmente a ser grabados ellos y a sus entornos vitales. El periodista de "Callejeros" se defendió argumentando que esa gente no eran enfermos mentales y que más bien eran unos "frikis" deseosos de salir en la televisión. Mi siguiente pregunta fue... ¿entonces todos los síndromes de Diógenes que sacáis no son enfermos mentales? Y no recuerdo si se lo dije o lo pensé: ...porque vamos buenos si el umbral de enfermedad mental lo establece la televisión.

Pero es un hecho que así es: la televisión en general y "Callejeros" en particular han redefinido el término "enfermedad mental", lo han subvertido (hacia los parámetros del "frikismo") para regalarnos otro ejercicio de perversión. Y el caso de "Callejeros" es paradigmático de dicha transvaloración: algo presentado a la audiencia como denuncia social termina convirtiéndose en un circo del espectáculo degradante que es la clase muy baja, habitantes de las periferias chavolistas o de los centros marginales y cochambrosos, visto todo con ojos de clase media (que es uno de los target de "Callejeros").

Volviendo al FesTVal y a su eslogan "La televisión es cultura" claro, que debe ser muy jodido encontrar citas más o menos contemporáneas que alaben o que les rían las gracias a la televisión. Cuando los responsables del asunto le dieron al motor de búsqueda de Google después de teclear "citas sobre televisión" tuvieron que toparse, irremediablemente, con estas otras tres citas: "Hoy no salir en televisión es un signo de elegancia" (Umberto Eco, semiólogo); "La televisión puede darnos muchas cosas, salvo tiempo para pensar" (Bernice Buresh, escritora); y "La televisión será la base de la opinión pública, ha creado un mundo esquizofrénico en el que entre el individuo y lo global no hay nada" (Alain Touraine, sociólogo). ¡Bah!, intelectuales ingratos, qué aburridos...

En fin, la cosa es que intentar vincular la cultura a la televisión supone siempre recorrer un camino lleno de trampas para terminar patinando y cayendo. Y no solamente cuando es la televisión más mierda, más insustancial, más rosa y más sensacionalista, la que se apropia del término. También cuando, por ejemplo, La 2 de TVE se auto-atribuye el calificativo de cultural, añadiéndolo al sustantivo televisión: la televisión cultural. Desde luego que es fácil dar cuenta de la perversión que pueda tener un Jorge Javier Vázquez diciendo que su programa "Sálvame" es cultura... pero quizás no lo es tanto atribuirle esa perversión a la televisión cuando hablamos de La 2, la cadena de las minorías, la televisión de los "pichi-guays". Que conste que quien escribe ve La 2; no solamente cree que es necesaria, sino que además es la cadena que más ve. Bien, esto no me impide iniciar una crítica a La 2, que no es sino también una auto-crítica a mi consumo televisivo en la ilusión perversa de pensar que estoy consumiendo cultura.

La 2 es un pesebre individualizado, sí, dentro de un establo limpio. Es la única diferencia con respecto a esos abrevaderos donde todos los animales se disputan la comida, dentro de establos embadurnados de mierda. Pero ambas formas de dar de comer coinciden en que sus acciones están despojadas de cualquier atisbo de cultura. La cultura tiene que ver con la maleza, con las malas hierbas, con un jardín que una vez tuvo dueño y que ahora está abandonado, y cuyas plantas salvajes ya invaden los caminos que una vez fueron transitables. Para atravesar la cultura es preciso estar dispuesto a perder sangre en el camino. En esta definición, por supuesto, las tijeras de podar no se contemplan. Lo cultural debe tener algo de salvaje, algo de peligroso, algo de transgresor y, sobre todo, y volviendo al jardín, una esencia indómita, cuya violencia resulte seductora y temible al mismo tiempo. Según esto La 2 está lejos, muy lejos, de ser una televisión cultural, pero en fin, a falta de pan buenas son tortas. Uno se alivia con los simulacros de cultura de La 2, al tiempo que se escandaliza con los simulacros de cultura de Tele 5.

En cualquier caso, la televisión, esa máquina expendedora de imágenes y de discursos que está en todos los hogares ocidentales y que no invita a ninguna transformación ni a ninguna acción transgresora de lo establecido sino justamente a todo lo contrario, esto es, a la pasividad total, a la inanición social y al consumo por el consumo, es incompatible con la cultura. Es cuestión de asumir esa derrota.

Pero la televisión, sus productores, sus personajes, sin embargo, están lejos de asumirlo y subvierten la derrota en espectáculo verbal y visual. Y como resultado de dicha perversión proclaman la victoria: milagros de la televisión, esa cajita mágica donde todo es posible. El eslogan del FesTVal de este año, "La televisión es cultura", acompañado de las citas arriba mencionadas de Warhol, Brecht y Fellini, tuvo su continuidad en la primera jornada del festival, cuando se organizó un debate que debía lanzar un veredicto definitivo sobre la culpabilidad o no culpabilidad de la televisión. En el juicio-teatrillo que escenificaron Joseba Fiestras, director del Festival, hizo las veces de abogado defensor; Javier Padilla, jefe de producción, hizo las veces de fiscal; y personajes televisivos como Agustín Bravo, Xabier Deltell, Risto Mejide, Mayra Gómez Kemp, Ángel Llácer y Jorge Fernández fueron llamados en calidad de testigos; finalmente el actor José Carabias, interpretando el papel de presidente del tribunal, tuvo que lanzar un veredicto. Embriagante máquina del espectáculo autocaníbal televisivo.

El juicio no tenía por menos que tener un final feliz. Lo ponía en el guión (el guión: esas tijeras de podar): la televisión fue declarada inocente. Así se ponía fin a la polémica y se depejaba con claridad toda la magnitud de la moraleja: que tres despojos intelectuales (Eco, Buresh y Touraine) no se atrevan a privarle a la televisión de sus brillantes perversiones.

2 comentarios:

Blue dijo...

Sí a todo.
Hay que aplaudirles la valentía al titular un festival así. Se ve que están defendiendo lo suyo.
La televisión da lástima. Es una potente herramienta que, bien utilizada, hasta podría construir un mundo mejor. De hecho, es posible que lo esté cambiando ya, pero en el otro sentido.

Saludos.

Tu definición de cultura me encanta.

zabala azkez dijo...

Eso es Blue. La televisión, con cobertura en el casi 100% de los hogares occidentales, podría ser una buena herramienta de cambio. Pero ocurre que la televisión es propiedad de la publicidad que sale en ella: las pocas multinacionales que proyectan (con la fórmula pedagogía invisible más propaganda del buen rollo) los estilos de vida más propicios para que el capital siga circulando sin cesar... Pero este es otro tema, y me pierdo, jeje. Para otra entrada...

Publicar un comentario