jueves, 30 de septiembre de 2010

[T(c)]

Un elemento [A] de una masa cualquiera [M(a)] ejerce una fuerza determinada [F(a)] sobre otro elemento [B], al mismo tiempo que el elemento [B], de masa [M(b)], de idéntico valor a [M(a)], ejerce una fuerza [F(b)] de la misma intensidad en el sentido del elemento [A]. El vínculo que mantiene unidos a ambos elementos es, paradójicamente, la tensión resultante de sus fuerzas opuestas [T(a,b)]. Si ninguna otra variable entrase en esta contienda de fuerzas, la situación sería susceptible de perpetuarse en el tiempo.

El equilibrio es igualmente perenne si las fuerzas que ejercen [A] y [B] son aplicadas en sentidos contrarios, es decir: [A] tira hacia atrás, tratando de llevarse a su terreno a [B], mientras que [B] hace lo propio con [A]. 

En los dos casos expuestos, las situaciones de conflicto ideal, sin variables externas o internas que los desequilibren, asumen como propia una idea simple: "No hay fin".


Pero este modelo universal de conflicto de intereses solamente puede presumir de su infinitud en el mundo ideal de la ciencia física; aplicado al hombre y a sus relaciones y, sobre todo a sus conflictos, llega un momento en el que el equilibrio se resquebraja. Es cuando [A] o [B] varían su fuerza [F(a)] o [F(b)].

Usemos como ejemplo un caso práctico en el que sea [B] quien decida dejar de ejercer fuerza contra [A]. No vamos a pararnos en la naturaleza de tal ejercicio de abandono, si ha sido voluntario, si ha sido una decisión provocada por la resistencia rival, o si simplemente [B] ha sido vencida por ser su fuerza [F(b)] inferior a la de [A], [F(a)]..., no importa. La cosa es que [B] deja de jugar. ¿Qué ocurre entonces? 

De cualquier forma, cuando [B] suelta, [A] no tiene por menos que caer estrepitosamente, al menos durante un tiempo más o menos fugaz en el que sigue ejerciendo su fuerza [F(a)] toda vez que la fuerza [F(b)] ha cesado ya. Es comprensible que a lo largo de los diversos metros que puede recorrer [A] hasta que se detenga, el desconcierto habita en este elemento al que la ausencia de tensión ha pillado por sorpresa. 

A modo de resumen esquemático: el abandono del elemento [B] provoca la caída del elemento [A]; [A] se siente perplejo con la novedad; a su vez la inercia de retroceso del elemento [A] fuerza el arrastramiento del elemento [B], que se siente igualmente perplejo al verse arrastrado a pesar de haber abandonado. En este punto nos encontramos aquí y ahora. Se habla, claro, del conflicto vasco en el nuevo panorama socio-político que puede derivarse de la ausencia total de violencia.


Una vez recuperados [A] y [B] de sus magulladuras ocasionadas por el fin de la tensión que los mantenía unidos [T(a,b)], no tendrán más remedio que volver a sus posiciones iniciales. Desde allí, los elementos A y B deberán imaginarse otro juego que dibuje un vínculo nuevo. Entonces lo esencial no será ni la fuerza del elemento A [F(a)] ni la fuerza del elemento B [F(b)], sino el diseño de un nuevo elemento [C], a través del cual [A] y [B] puedan intercambiar otra mercancía distinta de la violencia [T(c)].

Todos sabemos que la [C] es una letra amarga tanto para [A] como para [B], porque [A≠C] y [B≠C]. Pero la novedad de [C] reside mucho más en su ritmo [T(c)] que en su letra. 

Es inevitable: [T(c)] obligará a los elementos [A] y [B] a bailar conjuntamente al son de la misma música. 

6 comentarios:

Blue dijo...

Hay otro factor importante (y hablo de la pelota vasca), que es la resistencia de la cuerda.
Todo material que está sometido a una carga repetida puede sufrir dos efectos: cansancio y fatiga.
Cansancio: la cuerda pierde resistencia por el efecto de la carga repetida.
Fatiga: disminución de la capacidad mecánica de la cuerda provocada por la reiterada sucesión de ciclos de cargas variables, entre un máximo y un mínimo.
En caso de que, por efecto de una de las dos, la cuerda se rompa, el que esté aplicando una fuerza menor quedará en pié, mientras que el que aplica una fuerza mayor caerá al suelo por reacción a esa misma fuerza.

No se lo que digo. Que conste. Simplemente llevo las neuronas al parque ;)

Saludos, Kez. Siempre que vengo aquí te encuentro inspirado.

Blue dijo...

* Y pie sin acento, que queda muy feo.

zabala azkez dijo...

Buena apreciación, Blue, pero hubiera sido complicar mucho el asunto. De todas formas, la cuerda ya se ha roto varias veces, y se ha cambiado por otra para seguir con el mismo juego. Pero en fin, será mejor que nos pongamos en modo "condiciones ideales físico-científicas" y obviemos la cuerda. Jajaja.

Blue dijo...

Bien, entonces en este juego debería ganar el que se dio menos golpes en la caída, por ejemplo.

No sé. ¿Yo que sé? No entiendo nada y tampoco lo entendería aunque estuviera ahí. Solamente me divierto con las palabras. ;)

Saludos.

zabala azkez dijo...

Blue, con respecto al tema de la entrada, tu segunda línea ("No sé. ¿Yo que sé? No entiendo nada y tampoco lo entendería aunque estuviera ahí. Solamente me divierto con las palabras".) contiene dos mensajes cifrados:

1.- La cosa se está terminando porque cada día menos gente lo entiende.
2.- El nuevo intercambio será con palabras.

Blue dijo...

Ja, ja, ja...que bueno.

Eres capaz de sacar zumo de un trozo de pan.


:))

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