martes, 25 de mayo de 2010

Movistar dice que compartida, la vida es más

Orange ya nos dijo el año pasado que juntos hacemos más

Hace un día espléndido, luminoso, radiante. La ciudad es un espacio armonioso donde caben sin fricciones la naturaleza, la humanidad y sus máquinas de transporte.

Cuatro adolescentes protegidos con casco circulan en cuatro bicicletas tuneadas con grandes altavoces por los que sale música electrónica. Mientras tanto, un señor trajeado, también protegido con un casco, se ha detenido con su bicicleta en un semáforo; escucha ópera a través de sus cascos. Los cuatro adelescentes llegan al semáforo y se paran al lado del señor. Los jóvenes le miran desafiantes, al tiempo que su música electrónica se ha apoderado por completo de la música clásica que escucha el señor. 

El semáforo se pone en verde. El señor arranca el primero y coge ventaja; de esta manera vuelve a sonar la opera. Los jóvenes se miran y acuerdan, con un gesto, seguirle. Los jóvenes le alcanzan y se colocan detrás. El señor hace una maniobra extraña y los jóvenes le imitan, riendo. La magia tiene lugar y queda constatada cuando ambas músicas se fusionan en un mismo audio que por fin logra entrar en simbiosis con el escenario natural-urbano que los envuelve.

Los cinco, con el señor a la cabeza, avanzan sonrientes y dichosos, primero en una fila india que logra coreografiar un movimiento de serpiente y después en una figura en forma de cuña donde todos repiten y se imitan los mismos gestos.

Finalmente, el señor coge un camino y los cuatro jóvenes otro distinto, en una bella bifurcación que concluye con la elevación de la camara hacia un cielo en el que aparece escrito el eslogan que también se escucha de una voz en off masculina:  "compartida, la vida es más". Luego se descubre el logo de la empresa que se anuncia: "Movistar".


El relato que nos propone Movistar con su nuevo anuncio es otra de esas ficciones embriagantes y buenrollistas que tanto gustan todas las multinacionales del sector de la telefonía móvil en hacernos llegar de forma repetida.

Desde el punto de vista comercial es evidente que todas las multinacionales de la comunicación interpersonal buscan el target universal. Esta complejidad es salvada por los creativos de muchas formas distintas, pero casi siempre sirviéndose de un escenario urbano donde una masa a priori heterogénea deviene en masa homogénea en la que opera el milagro comunicativo. 

En el caso de este anuncio, Movistar presenta dos estilos de vida antagónicos (señor trajeado versus adolescentes informales; música clásica versus música electrónica; la discrección de la adultez versus el exhibicionismo escandaloso de la juventud; lo individual versus lo grupal; en definitiva, tesis versus antítesis...) que, lejos de entrar en conflicto, logran un estadio armonioso de síntesis colectiva. De esta manera, Movistar define y señala a su target universal haciendo uso solamente de dos de sus extremos.

Pero desde el punto de vista de la historia que se nos cuenta, el resultado de esta ficción puede resumirse en la palabra "fascismo". La mayoría de los anuncios de Movistar, Vodafone, Orange (también de otros de otras multinacionales no relacionadas con la telefonía móvil) presentan discursos que nunca se salen de la ficción fascista que presenta un mundo sin ideología (y por supuesto feliz, saludos Huxley). Y en muy pocos de ellos hay rastro de posicionamientos políticos que terminen en cualquier tipo de conflicto. Sí abundan, por el contrario, puestas en escena donde la clase media juega y se divierte en grupo.

No puede ser de otra manera, esta insistencia en retratar un mundo feliz son proyecciones interesadas e idealizadas de las multinacionales. Sus relatos fascistas que nos repiten una y otra vez a través de sus anuncios dibujan el mundo soñado por ellas, un mundo sin quiebras políticas, sin fisuras ideológicas, sin brechas revolucionarias.

La homogeneidad absoluta, la gran masa orgánica por excelencia (uno de los sueños de Hitler, una de las pajas mentales de José Antonio Primo de Rivera, uno de los delirios de Musolini), todos a una por el bien colectivo, con un espíritu superior y trascendente al de cada uno de sus integrantes, la absolutista clase media..., por fin feliz a través de la libertad contratada en una tarifa plana. 

Es la gran aldea global, interconectada, pero también hipercontrolada; el (neo)medievalismo vuelve para quedarse unos siglos quizás. El traspaso de poderes ya está en marcha: de manos del pueblo a manos de esos nuevos señores feudales que son las multinacionales. Muchos siervos medievales se morían sin conocer el rostro de quien ejercía el poder sobre ellos. ¿Quién puede ponerle rostro al poder en la actualidad? Los políticos de ahora no son portadores de poder: solamente son los charlatanes de entonces, expertos mareadores de perdices y marionetas cuyo único nexo de unión con el poder son los hilos con los que son movidos, puestos y depuestos. 

Volviendo a los relatos publicitarios fascistas de las multinacionales... de tanta repetición incesante de sus mensajes, de tanta vida idealizada proyectada, de tanto pase ya se da por verdadera esa vida, y por cierta, y por factible, y por necesaria y sin otra alternativa. Los últimos espíritus resistentes a la conquista por el buenrollismo serán convertidos o, de alguna manera, fulminados. 

El contrato ya está firmado. Ellos quieren ser nuestros señores y nosotros queremos ser sus buenos siervos. Les pagaremos su tributo como antaño, pagando sus impuestos y luciendo gratis sus marcas en nuestros cuerpos, comunicándole a todo el mundo que para saber a quienes pertenecemos basta con que nos miren nuestros ropajes y nuestras máquinas.

Hace un día espléndido, luminoso, radiante. La ciudad es un espacio armonioso donde caben sin fricciones la naturaleza, la humanidad y sus máquinas de transporte. 

Cada vez con menos dudas, compartida, la vida es más.

3 comentarios:

Rigolet dijo...

Venga, escribe un post sobre los Telettubies. Atrévete a decir que son fascistas de una santa vez. ¡Atrévete!

zabala azkez dijo...

Jajaja Rigolet. Otra vez tú. Sospecho que la palabra "fascista" rechina en tus oídos. Por si acaso hay que matizar algo y tengo que salvarme de alguna purga de los anti-antisistema, declaro y juro que he denominado como fascistas a los relatos que nos cuentan. A nada ni a nadie más.

Y no. De momento no tengo pensado escribir nada sobre los Telettubies, y menos que son fascistas. Jajaja.

mensajes movistar dijo...

Personalmente me gusta como movistar promociona sus productos , Y mediante esta campaña en el año 2010 capto consumidores.

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